/ viernes 5 de junio de 2020

Economía USA | Trump nos lleva al límite

A fines del año pasado, Bob Kroll, director del sindicato de policías de Minneapolis, estuvo presente en un mitin de Trump, en el cual le agradeció por terminar con la “opresión de la policía” que había instaurado Barack Obama y dejar que los policías “les pusieran las esposas a los criminales en lugar de a nosotros”.

Los acontecimientos de la semana pasada, en los cuales la muerte de George Floyd bajo custodia de la policía de Minneapolis dio lugar a manifestaciones contra la brutalidad policial, que, en respuesta, recibieron más brutalidad policial —incluida una violencia sin precedentes contra los medios noticiosos—, dejan claro a lo que se refería Kroll con eso de que les quitaron las esposas. Además, Donald Trump, lejos de tratar de calmar a la nación, le está echando leña al fuego y parece estar a punto de tratar de incitar una guerra civil.

No creo que sea una exageración decir que Estados Unidos como lo conocemos está en el límite.

¿Cómo llegamos hasta aquí? La historia de fondo de la política estadounidense de los últimos cuarenta años es que las élites acomodadas usaron como arma el racismo blanco para obtener poder político, del cual se sirvieron para instaurar políticas que enriquecieron más a los que ya eran ricos a expensas de los trabajadores.

Todavía veo uno que otro reportaje en el que se describe a Trump como “populista”, pero las políticas económicas de Trump han sido lo opuesto al populismo: han sido despiadadamente plutocráticas, centradas principalmente en un esfuerzo exitoso para hacer que se promulgaran enormes recortes de impuestos para las corporaciones y los ricos y en un intento hasta ahora fallido de dejar sin cobertura médica a los pobres y a las familias de la clase trabajadora.

No hay duda de que Trump está del lado de los que rechazan cualquier noción de que los oficiales de policía —o cualquier otra figura de autoridad— deberían asumir la responsabilidad de su comportamiento abusivo. Recuerden que usó su autoridad para perdonar a miembros del Ejército estadounidense acusados o sentenciados por las mismas fuerzas armadas por haber cometido delitos de guerra.

Como dije, desde hace décadas los republicanos han venido explotando la hostilidad racial para ganar elecciones a pesar de tener una agenda política que daña a los trabajadores, pero Trump ahora está llevando esa estrategia cínica hacia una especie de apoteosis.

Por una parte, en la práctica incita a sus seguidores a la violencia. Por la otra, está muy cerca de invocar una respuesta militar en contra de la protesta social. Y a estas alturas nadie espera ninguna oposición significativa por parte de otros republicanos.

Ahora bien, no creo que Trump logre provocar una guerra racial en el futuro cercano, aun cuando es evidente que se muere por encontrar una excusa para usar la fuerza. No obstante, es probable que en los próximos meses la situación se ponga muy pero muy fea.

A fines del año pasado, Bob Kroll, director del sindicato de policías de Minneapolis, estuvo presente en un mitin de Trump, en el cual le agradeció por terminar con la “opresión de la policía” que había instaurado Barack Obama y dejar que los policías “les pusieran las esposas a los criminales en lugar de a nosotros”.

Los acontecimientos de la semana pasada, en los cuales la muerte de George Floyd bajo custodia de la policía de Minneapolis dio lugar a manifestaciones contra la brutalidad policial, que, en respuesta, recibieron más brutalidad policial —incluida una violencia sin precedentes contra los medios noticiosos—, dejan claro a lo que se refería Kroll con eso de que les quitaron las esposas. Además, Donald Trump, lejos de tratar de calmar a la nación, le está echando leña al fuego y parece estar a punto de tratar de incitar una guerra civil.

No creo que sea una exageración decir que Estados Unidos como lo conocemos está en el límite.

¿Cómo llegamos hasta aquí? La historia de fondo de la política estadounidense de los últimos cuarenta años es que las élites acomodadas usaron como arma el racismo blanco para obtener poder político, del cual se sirvieron para instaurar políticas que enriquecieron más a los que ya eran ricos a expensas de los trabajadores.

Todavía veo uno que otro reportaje en el que se describe a Trump como “populista”, pero las políticas económicas de Trump han sido lo opuesto al populismo: han sido despiadadamente plutocráticas, centradas principalmente en un esfuerzo exitoso para hacer que se promulgaran enormes recortes de impuestos para las corporaciones y los ricos y en un intento hasta ahora fallido de dejar sin cobertura médica a los pobres y a las familias de la clase trabajadora.

No hay duda de que Trump está del lado de los que rechazan cualquier noción de que los oficiales de policía —o cualquier otra figura de autoridad— deberían asumir la responsabilidad de su comportamiento abusivo. Recuerden que usó su autoridad para perdonar a miembros del Ejército estadounidense acusados o sentenciados por las mismas fuerzas armadas por haber cometido delitos de guerra.

Como dije, desde hace décadas los republicanos han venido explotando la hostilidad racial para ganar elecciones a pesar de tener una agenda política que daña a los trabajadores, pero Trump ahora está llevando esa estrategia cínica hacia una especie de apoteosis.

Por una parte, en la práctica incita a sus seguidores a la violencia. Por la otra, está muy cerca de invocar una respuesta militar en contra de la protesta social. Y a estas alturas nadie espera ninguna oposición significativa por parte de otros republicanos.

Ahora bien, no creo que Trump logre provocar una guerra racial en el futuro cercano, aun cuando es evidente que se muere por encontrar una excusa para usar la fuerza. No obstante, es probable que en los próximos meses la situación se ponga muy pero muy fea.