/ jueves 28 de julio de 2022

El agua del molino | ¿Estado fallido? 

Partamos de la base de que el Estado como tal no puede fallar ya que es una forma de organización política, siendo que podrán fallar en cambio los hombres que lo componen porque el Estado, repito, es una entelequia que busca un fin u objetivo propio de los seres humanos que viven y conviven en sociedad. Ahora bien, Porfirio Muñoz Ledo ha propuesto “la creación de una Comisión de la Verdad que investigue el contubernio entre las autoridades y el crimen organizado, lo que a su juicio ha traído como consecuencia un Estado fallido, un gobierno rebasado y una sociedad excluida”.

Para el caso es de recordar que Muñoz Ledo, figura descollante de la llamada Cuarta Transformación y de Morena, ha sido Presidente del Congreso de la Unión en su LXIV Legislatura y de su Mesa Directiva. Lo anterior significa que resaltando y defendiendo la participación de Morena, él fue parte de un engranaje político donde abundó y abunda ese contubernio. ¿Fue también testigo, observador, crítico? Es cosa sabida que el enorme aparato del Estado estaba y sigue estando contaminado por aquél contubernio y que para deslindar responsabilidades habría que ver quién tiró la primera piedra y con qué alcance, con qué intención, porque el mal es tan grande que ha tendido redes que vinculan a las personas unas con otras (Pedro es amigo de Roberto que a su vez es amigo de Ricardo que es amigo de Gustavo que tiene manifiestas relaciones con el narcotráfico).

Deshaga usted la red amigo lector. ¿Qué encontrará? Un cuerpo social invadido por el mal, siendo que las partes sanas… lo son de ese cuerpo. ¿Comisión de la Verdad? Yo no niego la buena y patriótica voluntad de mi condiscípulo y amigo de toda la vida, pero lo que propone es irrealizable. A mayor abundamiento sostiene que luchará por la democracia hasta el último minuto de su vida. ¿Y yo te pregunto Porfirio si no es la auténtica democracia -el binomio gobernante=gobernado- donde cada una de las partes, millones y millones de mexicanos, luchamos por ella al máximo de nuestra capacidad vital y existencial como individuos -cada quien haciendo lo suyo- que integramos la polis compuesta por ciudades y territorio, y que por ende somos “políticos”? Yo creo amigo mío que la Comisión de la Verdad que propones carece de sentido y razón de ser y que los hombres que han fallado no son de ninguna manera el Estado. El camino es otro. Luchar por la democracia implica, como parte de aquel binomio, no hacer política investigadora sino propositiva en cuanto modificar las estructuras de fondo que no obedecen a la voluntad popular, es decir, que adulteran el sentido de la justicia, de la paz, de la igualdad, atiborrándolo de requisitos que se desvían para satisfacer intereses personales e ignorando a las mayorías.

Maurice Duverger, eminente jurista y politólogo al que sin duda estudiaste en tu estadía en París, sostenía que “un Estado falla cuando lo llenan de leyes hasta engrosarlo tanto que revienta”, pensamiento que manejó en sus meditaciones sobre el Derecho Constitucional y la política. En efecto, un Estado falla por las presiones interiores provenientes o no del narcotráfico. Sin justificar de ninguna manera a éste, el “agotamiento estatal” es un gigante que ya no puede respirar. El castigo nunca será aquí suficiente pues la causa del mal no proviene del crimen -que desde luego hay que sancionar- sino de la desviación de principios e ideales. Yo reconozco, querido amigo, tu talento y entrega para salvaguardar la democracia en México, lo que ya te caracterizaba desde que estudiamos en la Secundaria -y luego en la Preparatoria y en la Facultad- y hago votos para que el mismo perdure en la realidad social y en la memoria histórica, aunque no coincida contigo en la necesidad de una Comisión de la Verdad. Por último, la verdad social se tiñe siempre de convencionalismos de suerte que habría que indagar en las mismísimas entrañas de nuestro mundo político para apresar un poco de ella, nada más. Lo que no satisface a la Justicia.


PROFESOR EMÉRITO DE LA UNAM

PREMIO UNIVERSIDAD NACIONAL


Sígueme en Twitter: @RaulCarranca

Y Facebook: www.facebook.com/despacho raulcarranca


Partamos de la base de que el Estado como tal no puede fallar ya que es una forma de organización política, siendo que podrán fallar en cambio los hombres que lo componen porque el Estado, repito, es una entelequia que busca un fin u objetivo propio de los seres humanos que viven y conviven en sociedad. Ahora bien, Porfirio Muñoz Ledo ha propuesto “la creación de una Comisión de la Verdad que investigue el contubernio entre las autoridades y el crimen organizado, lo que a su juicio ha traído como consecuencia un Estado fallido, un gobierno rebasado y una sociedad excluida”.

Para el caso es de recordar que Muñoz Ledo, figura descollante de la llamada Cuarta Transformación y de Morena, ha sido Presidente del Congreso de la Unión en su LXIV Legislatura y de su Mesa Directiva. Lo anterior significa que resaltando y defendiendo la participación de Morena, él fue parte de un engranaje político donde abundó y abunda ese contubernio. ¿Fue también testigo, observador, crítico? Es cosa sabida que el enorme aparato del Estado estaba y sigue estando contaminado por aquél contubernio y que para deslindar responsabilidades habría que ver quién tiró la primera piedra y con qué alcance, con qué intención, porque el mal es tan grande que ha tendido redes que vinculan a las personas unas con otras (Pedro es amigo de Roberto que a su vez es amigo de Ricardo que es amigo de Gustavo que tiene manifiestas relaciones con el narcotráfico).

Deshaga usted la red amigo lector. ¿Qué encontrará? Un cuerpo social invadido por el mal, siendo que las partes sanas… lo son de ese cuerpo. ¿Comisión de la Verdad? Yo no niego la buena y patriótica voluntad de mi condiscípulo y amigo de toda la vida, pero lo que propone es irrealizable. A mayor abundamiento sostiene que luchará por la democracia hasta el último minuto de su vida. ¿Y yo te pregunto Porfirio si no es la auténtica democracia -el binomio gobernante=gobernado- donde cada una de las partes, millones y millones de mexicanos, luchamos por ella al máximo de nuestra capacidad vital y existencial como individuos -cada quien haciendo lo suyo- que integramos la polis compuesta por ciudades y territorio, y que por ende somos “políticos”? Yo creo amigo mío que la Comisión de la Verdad que propones carece de sentido y razón de ser y que los hombres que han fallado no son de ninguna manera el Estado. El camino es otro. Luchar por la democracia implica, como parte de aquel binomio, no hacer política investigadora sino propositiva en cuanto modificar las estructuras de fondo que no obedecen a la voluntad popular, es decir, que adulteran el sentido de la justicia, de la paz, de la igualdad, atiborrándolo de requisitos que se desvían para satisfacer intereses personales e ignorando a las mayorías.

Maurice Duverger, eminente jurista y politólogo al que sin duda estudiaste en tu estadía en París, sostenía que “un Estado falla cuando lo llenan de leyes hasta engrosarlo tanto que revienta”, pensamiento que manejó en sus meditaciones sobre el Derecho Constitucional y la política. En efecto, un Estado falla por las presiones interiores provenientes o no del narcotráfico. Sin justificar de ninguna manera a éste, el “agotamiento estatal” es un gigante que ya no puede respirar. El castigo nunca será aquí suficiente pues la causa del mal no proviene del crimen -que desde luego hay que sancionar- sino de la desviación de principios e ideales. Yo reconozco, querido amigo, tu talento y entrega para salvaguardar la democracia en México, lo que ya te caracterizaba desde que estudiamos en la Secundaria -y luego en la Preparatoria y en la Facultad- y hago votos para que el mismo perdure en la realidad social y en la memoria histórica, aunque no coincida contigo en la necesidad de una Comisión de la Verdad. Por último, la verdad social se tiñe siempre de convencionalismos de suerte que habría que indagar en las mismísimas entrañas de nuestro mundo político para apresar un poco de ella, nada más. Lo que no satisface a la Justicia.


PROFESOR EMÉRITO DE LA UNAM

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