/ jueves 14 de octubre de 2021

El autoritarismo va

El coraje es la resistencia al miedo, el dominio del miedo, no la ausencia del miedo.

Mark Twain


En este segundo tramo del gobierno de la autollamada 4T, el inquilino de Palacio Nacional ha decidido, con mayor énfasis, polarizar a las fuerzas políticas y repetir un discurso maniqueo que busca colocar como centro planetario de discusión y verdad al “sol” presidencial.

No estamos sólo en presencia del desplante de un autoritario remiso. No, de ninguna manera. La dinámica lopezoobradorista consiste en ejercer el poder atrabiliariamente, sin margen de negociación. Atropellar a los opositores y, sobre todo, exhibirlos, llenarlos de epítetos y pintar así la raya entre los “justos” y los “corruptos”, gobierno y oposición, los que luchan por el pueblo y los traidores a la patria. Ese es el discurso que cautiva a los fanáticos del obradorismo. No existen zonas para parlamentar, como sucede en cualquier relación entre poderes distintos. Aquí, no.

Bajo este contexto, el titular del Ejecutivo ha enviado a la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma constitucional para reformar la legislación eléctrica vigente y tiene que aprobarse, como ya es costumbre, “sin quitarle ni una coma”, frase que dibuja la vena despótica de un gobierno que concibe a los poderes del Estado como empleados al servicio de los humores del presidente.

Sin embargo, los deseos impositivos del tabasqueño se enfrentan a problemas concretos para lograr la aprobación de su propuesta. Como se sabe, se requiere de mayorías calificadas en ambas cámaras del Congreso de la Unión. Requisito que en esta legislatura no tienen Morena y sus aliados.

Ante ello, AMLO ha apuntado su ofensiva hacia el PRI , el eslabón más débil de la alianza opositora. Su discurso hacia el tricolor es elemental, “están con Carlos Salinas o con Lázaro Cárdenas”. Pero, más allá de este pueril emplazamiento, el fondo tiene dos aristas: la primera, es romper el bloque opositor y de paso fracturar al tricolor; y, la segunda, es poner en acción a la FGR y a la UIF para desempolvar expedientes que puedan intimidar a algunos priistas, tengan o no fundamento jurídico.

Por supuesto, la apuesta de López Obrador es lograr imponer su reforma a como dé lugar, con todo lo que quiera decir esto. Lo que es evidente en esta disputa es el futuro inmediato del bloque opositor, pero también el poder hegemónico del presidente. ¿Se atreverá el PRI a doblar las manos? ¿Serán suficientes las amenazas punitivas del ciudadano del Palacio? La ruta no tiene puertas laterales ni sensatez legislativa ¿Reforma o cárcel? Parece la única salida para la cúpula priista.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter:@pedro_penaloz


El coraje es la resistencia al miedo, el dominio del miedo, no la ausencia del miedo.

Mark Twain


En este segundo tramo del gobierno de la autollamada 4T, el inquilino de Palacio Nacional ha decidido, con mayor énfasis, polarizar a las fuerzas políticas y repetir un discurso maniqueo que busca colocar como centro planetario de discusión y verdad al “sol” presidencial.

No estamos sólo en presencia del desplante de un autoritario remiso. No, de ninguna manera. La dinámica lopezoobradorista consiste en ejercer el poder atrabiliariamente, sin margen de negociación. Atropellar a los opositores y, sobre todo, exhibirlos, llenarlos de epítetos y pintar así la raya entre los “justos” y los “corruptos”, gobierno y oposición, los que luchan por el pueblo y los traidores a la patria. Ese es el discurso que cautiva a los fanáticos del obradorismo. No existen zonas para parlamentar, como sucede en cualquier relación entre poderes distintos. Aquí, no.

Bajo este contexto, el titular del Ejecutivo ha enviado a la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma constitucional para reformar la legislación eléctrica vigente y tiene que aprobarse, como ya es costumbre, “sin quitarle ni una coma”, frase que dibuja la vena despótica de un gobierno que concibe a los poderes del Estado como empleados al servicio de los humores del presidente.

Sin embargo, los deseos impositivos del tabasqueño se enfrentan a problemas concretos para lograr la aprobación de su propuesta. Como se sabe, se requiere de mayorías calificadas en ambas cámaras del Congreso de la Unión. Requisito que en esta legislatura no tienen Morena y sus aliados.

Ante ello, AMLO ha apuntado su ofensiva hacia el PRI , el eslabón más débil de la alianza opositora. Su discurso hacia el tricolor es elemental, “están con Carlos Salinas o con Lázaro Cárdenas”. Pero, más allá de este pueril emplazamiento, el fondo tiene dos aristas: la primera, es romper el bloque opositor y de paso fracturar al tricolor; y, la segunda, es poner en acción a la FGR y a la UIF para desempolvar expedientes que puedan intimidar a algunos priistas, tengan o no fundamento jurídico.

Por supuesto, la apuesta de López Obrador es lograr imponer su reforma a como dé lugar, con todo lo que quiera decir esto. Lo que es evidente en esta disputa es el futuro inmediato del bloque opositor, pero también el poder hegemónico del presidente. ¿Se atreverá el PRI a doblar las manos? ¿Serán suficientes las amenazas punitivas del ciudadano del Palacio? La ruta no tiene puertas laterales ni sensatez legislativa ¿Reforma o cárcel? Parece la única salida para la cúpula priista.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter:@pedro_penaloz


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