/ jueves 11 de noviembre de 2021

El catecismo de AMLO

"Estos son mis principios; si no le gustan.. tengo otros"

Groucho Marx


Bastaron unas horas para que el ciudadano presidente se deshiciera de un funcionario eficiente y leal a sus mandatos. El espectáculo que le da contexto a este despido tiene que ver con la pugna entre los derechos individuales de un funcionario público y los prejuicios monacales del inquilino de Palacio Nacional.

En efecto, la boda entre Santiago Nieto, titular de la UIF y Carla Humphrey, consejera del INE, realizada en la bella provincia de Antigua, Guatemala, con trescientos invitados de origen político y social diverso, provocó reacciones puristas y censoras. Por supuesto, un elemento que detonó el conflicto y le dio más reflectores al ágape nupcial fue la presencia de una suma significativa de dólares que portaba uno de los invitados a la fiesta, lo cual fue detectada en el aeropuerto chapin. Y, no se trató de cualquier convidado, era del dueño del diario El Universal, enemigo irreconciliable del ex jefe de gobierno, lo cual aumentó su enojo. ¿Cómo puede tener como amigo a mi enemigo, máxime siendo el zar anticorrupción?, seguramente pensó el tabasqueño.

En éste duelo de códigos morales, de rebote, fue despedida la Secretaria de Turismo de la CDMX, Paola Felix Diaz, por el “grave delito” de viajar en un avión privado, lo cual anunció ufanamente la suspirante presidencial que hasta hoy trabaja como jefa de gobierno. La dimensión ética de AMLO se exhibió con nitidez. No le parece “escandaloso” el manejo irresponsable de la pandemia por parte de dos de sus funcionarios consentidos, tampoco le incomoda que algunos miembros de su gabinete no declaren su millonarios bienes, ni le sonroja que sus hermanos reciban dinero de origen desconocido. No, eso no es “escandaloso”. Eso es patriótico.

La pregunta es: ¿puede un funcionario público efectuar una fiesta, reunión o lo que se le antoje, con dinero propio, sin molestar a los vecinos o generar alguna molestia al espacio comunitario? Esa es la cuestión que tiene que responder el sacerdote de Palacio Nacional. ¿Existe algún instructivo para las reuniones de los miembros del gobierno? ¿Quizá el tamaño del pastel? ¿El tipo de bebidas? ¿El número de invitados? ¿El lugar? ¿El horario de inicio y finalización del encuentro social? Lo que está claro es que AMLO atropella a sus leales si no se pliegan a su comportamiento hierático y beato. Claro, con esa doble moral que lo caracteriza. Que nadie se sorprenda de sus desplantes. Por lo pronto, lanzó a la calle y al desempleo a quien pueden agredir muchos perjudicados por las acciones de la UIF.


pedropenaloza@yahoo.com/Twitter:@pedro_penaloz


"Estos son mis principios; si no le gustan.. tengo otros"

Groucho Marx


Bastaron unas horas para que el ciudadano presidente se deshiciera de un funcionario eficiente y leal a sus mandatos. El espectáculo que le da contexto a este despido tiene que ver con la pugna entre los derechos individuales de un funcionario público y los prejuicios monacales del inquilino de Palacio Nacional.

En efecto, la boda entre Santiago Nieto, titular de la UIF y Carla Humphrey, consejera del INE, realizada en la bella provincia de Antigua, Guatemala, con trescientos invitados de origen político y social diverso, provocó reacciones puristas y censoras. Por supuesto, un elemento que detonó el conflicto y le dio más reflectores al ágape nupcial fue la presencia de una suma significativa de dólares que portaba uno de los invitados a la fiesta, lo cual fue detectada en el aeropuerto chapin. Y, no se trató de cualquier convidado, era del dueño del diario El Universal, enemigo irreconciliable del ex jefe de gobierno, lo cual aumentó su enojo. ¿Cómo puede tener como amigo a mi enemigo, máxime siendo el zar anticorrupción?, seguramente pensó el tabasqueño.

En éste duelo de códigos morales, de rebote, fue despedida la Secretaria de Turismo de la CDMX, Paola Felix Diaz, por el “grave delito” de viajar en un avión privado, lo cual anunció ufanamente la suspirante presidencial que hasta hoy trabaja como jefa de gobierno. La dimensión ética de AMLO se exhibió con nitidez. No le parece “escandaloso” el manejo irresponsable de la pandemia por parte de dos de sus funcionarios consentidos, tampoco le incomoda que algunos miembros de su gabinete no declaren su millonarios bienes, ni le sonroja que sus hermanos reciban dinero de origen desconocido. No, eso no es “escandaloso”. Eso es patriótico.

La pregunta es: ¿puede un funcionario público efectuar una fiesta, reunión o lo que se le antoje, con dinero propio, sin molestar a los vecinos o generar alguna molestia al espacio comunitario? Esa es la cuestión que tiene que responder el sacerdote de Palacio Nacional. ¿Existe algún instructivo para las reuniones de los miembros del gobierno? ¿Quizá el tamaño del pastel? ¿El tipo de bebidas? ¿El número de invitados? ¿El lugar? ¿El horario de inicio y finalización del encuentro social? Lo que está claro es que AMLO atropella a sus leales si no se pliegan a su comportamiento hierático y beato. Claro, con esa doble moral que lo caracteriza. Que nadie se sorprenda de sus desplantes. Por lo pronto, lanzó a la calle y al desempleo a quien pueden agredir muchos perjudicados por las acciones de la UIF.


pedropenaloza@yahoo.com/Twitter:@pedro_penaloz


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