/ viernes 5 de abril de 2019

El debate educativo

Esta semana se suspendió la votación sobre la nueva reforma educativa en un abono extraordinario al diálogo y la concertación, sin embargo, lo que está a discusión hoy es cuál es el diseño institucional que tendrá el Estado mexicano para, a través de la educación, generar bienestar, desarrollo y ciudadanía y cuál es la dirección y la intención de las instituciones en este sentido.

La reforma presentada en el dictamen es incluyente, sensata y funcional, nadie ha cuestionado que ésta ofrece un mejor sistema educativo que las anteriores, nadie ha refutado las ideas presentadas por el secretario Moctezuma y sobre todo por el presidente López Obrador.

La objeción, lo que la atora, no es sobre el interés superior de los niños y las niñas o sobre los valores y dirección del nuevo artículo tercero; el debate es sobre condiciones y, hay que decirlo, los privilegios; lo afirmamos porque la reforma presenta más y mejores derechos, mayor certidumbre a las maestras y maestros, y se eliminaron todos los elementos que agraviaron a los docentes.

Si revisamos los diarios de uno o hace dos años, no encontraremos demandas sobre el 123, u otras, que si bien son novedosas, no forman parte del debate educativo. La realidad es que la gran mayoría de los maestros, y una mayoría aún más grande de la sociedad y de los especialistas, consideran esta reforma un avance importante.

La escuela pública no puede ir aislada del proyecto de nación y la realidad socioeconómica, así como del proyecto de desarrollo institucional, económico, y humano de una sociedad; el dictamen lo refleja con claridad. La iniciativa tiene pertinencia y gran conveniencia al dar el marco constitucional adecuado para nuestro tiempo. La pregunta sería: ¿es patriótico poner un interés específico sobre los valores de todos los mexicanos?

La escuela pública es la continuación de una lucha liberal desde que Morelos planteó en los Sentimientos de la Nación, el final de la educación religiosa como pilar del sistema y las reformas de Gómez Farías, así como la fundación de la educación pública en los gobiernos liberales.

@Luis__Humberto

Esta semana se suspendió la votación sobre la nueva reforma educativa en un abono extraordinario al diálogo y la concertación, sin embargo, lo que está a discusión hoy es cuál es el diseño institucional que tendrá el Estado mexicano para, a través de la educación, generar bienestar, desarrollo y ciudadanía y cuál es la dirección y la intención de las instituciones en este sentido.

La reforma presentada en el dictamen es incluyente, sensata y funcional, nadie ha cuestionado que ésta ofrece un mejor sistema educativo que las anteriores, nadie ha refutado las ideas presentadas por el secretario Moctezuma y sobre todo por el presidente López Obrador.

La objeción, lo que la atora, no es sobre el interés superior de los niños y las niñas o sobre los valores y dirección del nuevo artículo tercero; el debate es sobre condiciones y, hay que decirlo, los privilegios; lo afirmamos porque la reforma presenta más y mejores derechos, mayor certidumbre a las maestras y maestros, y se eliminaron todos los elementos que agraviaron a los docentes.

Si revisamos los diarios de uno o hace dos años, no encontraremos demandas sobre el 123, u otras, que si bien son novedosas, no forman parte del debate educativo. La realidad es que la gran mayoría de los maestros, y una mayoría aún más grande de la sociedad y de los especialistas, consideran esta reforma un avance importante.

La escuela pública no puede ir aislada del proyecto de nación y la realidad socioeconómica, así como del proyecto de desarrollo institucional, económico, y humano de una sociedad; el dictamen lo refleja con claridad. La iniciativa tiene pertinencia y gran conveniencia al dar el marco constitucional adecuado para nuestro tiempo. La pregunta sería: ¿es patriótico poner un interés específico sobre los valores de todos los mexicanos?

La escuela pública es la continuación de una lucha liberal desde que Morelos planteó en los Sentimientos de la Nación, el final de la educación religiosa como pilar del sistema y las reformas de Gómez Farías, así como la fundación de la educación pública en los gobiernos liberales.

@Luis__Humberto

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