/ viernes 30 de agosto de 2019

El futuro y Asia… ¿Y México?

En su famosa columna en el New York Times, el martes, Thomas Friedman opinaba que si bien Estados Unidos tenía razones válidas y de peso para impulsar cambios en la relación con los chinos, la estrategia bully de Donald Trump ha sido contraproducente por una poderosa razón: menospreciar a su adversario.

No es lo mismo intimidar a un restaurante de dumplings en alguna de sus propiedades, decía Friedman, que a un país con la sexta parte de la humanidad y que, además, se ha vuelto “bastante bueno haciendo cosas”, para lo que da un ejemplo ilustrativo: ir de Nueva York a Chicago toma 22 horas; de Beijing a Shanghái, casi la misma distancia, 4.5 horas.

En el mismo sentido, en una nota en Bloomberg de esta misma semana se afirma que Apple no está preparada para cumplir la “orden” de Trump a las empresas de su país para sacar su producción de China, porque necesitaría tres años solo para mover 20% de la manufactura del iPhone. Añadamos que, por si fuera poco, esa compañía genera cerca del 20% de sus ingresos en el mercado chino, incluyendo Hong Kong y Taiwán.

En esta “guerra comercial” hay mucho más de fondo que los aranceles. Es un tema de futuro: del peso geopolítico y económico que está ganando no sólo China, sino Asia.

Ahora que en México hay una visión de país dominante que parece dar más peso al ayer que al mañana, con diversas áreas en reversa y sin políticas claras en temas como emprendimiento, innovación y desarrollo científico y tecnológico, vale la pena considerar la dinámica que tiene lugar en ese continente. Muy recomendable, para esos efectos, el reporte “El futuro de Asia es ahora”, recién publicado por el Instituto Global McKinsey.

“Uno de los desarrollos más dramáticos de los últimos 30 años ha sido el creciente consumo de Asia y su integración a los flujos globales de comercio, capital, talento e innovación”, señalan los analistas. “En las próximas décadas, las economías de Asia pasarán de participar en estos flujos a determinar su forma y dirección”.

El instituto examinó a 71 países en desarrollo y destacó a 18 por su crecimiento económico robusto. Los siete con desempeño sobresaliente en un plazo largo y cinco de los 11 con mejores resultados recientes están en Asia. Apunta que a medida que China disminuye las exportaciones de productos manufacturados intensivos en mano de obra, otras economías emergentes de la zona están asumiendo ese papel, para seguir su formula de escalamiento continuo en el valor agregado de la producción.

De las 5 mil empresas globales más grandes, en 1997 Asia tenía solo el 36%; para 2017, llegó al 43 por ciento. China e India tienen la mayor parte, pero países como Filipinas, Vietnam, Kazajstán y Bangladesh ya tienen representación en la lista.

La región no sólo concentra 50% de la inversión global; también es una de las principales fuentes y destinos del capital privado en campos como realidad virtual, vehículos autónomos, impresión 3D, robótica, drones e inteligencia artificial.

El continente ya representa la mitad de los usuarios de Internet del mundo: 2,200 millones de personas. En comercio electrónico, China tenía menos de 1% de las transacciones mundiales hace una década; hoy, 40 por ciento. En India, el número de suscriptores de Internet prácticamente se duplicó desde 2014, para llegar a 560 millones, mientras el uso de datos móviles crece al 152% anual, más del doble que en Estados Unidos.

Hoy, Asia alberga más de un tercio de los 331 "unicornios" del mundo, las nuevas empresas de más de mil millones de dólares. 91 en China, 13 en India, seis en Corea del Sur, cuatro en Indonesia. Para comparar, Estados Unidos tiene 161, Alemania nueve, México, según algunos especialistas en el tema, dos: los destacados casos de Softtek y Kio Networks.

Un buen dato es que el gobierno indio inscribió a más de mil 200 millones de personas en un programa de identidad digital biométrica; para muchas, una identificación legal por primera vez, para acceder a la banca, servicios públicos o educación. También llevaron a más de diez millones de empresas a una plataforma digital común, con un impuesto de bienes y servicios.

McKinsey proyecta que Asia será responsable de la mitad de todo el crecimiento del consumo esperado en el mundo en la próxima década. Su creciente clase media pronto llegará a tres mil millones de personas.

Desde México, no podemos evadir esa dinámica. Nos compete por los retos y oportunidades en áreas como comercio e inversión; pero también para evaluar nuestra propia estrategia de desarrollo, si es que la hay.

Son temas fundamentales para reflexionar sobre hacia dónde vamos, si queremos crecimiento y desarrollo, lo que requiere de una visión de largo plazo, que afronte los retos y las oportunidades de lo que viene con realismo y proactividad, y con una estrategia implementada y seguida con consistencia, más allá de tiempos políticos, como un esfuerzo de nación –sectores público, social y privado–, difícilmente habrá crecimiento sostenible.

En su famosa columna en el New York Times, el martes, Thomas Friedman opinaba que si bien Estados Unidos tenía razones válidas y de peso para impulsar cambios en la relación con los chinos, la estrategia bully de Donald Trump ha sido contraproducente por una poderosa razón: menospreciar a su adversario.

No es lo mismo intimidar a un restaurante de dumplings en alguna de sus propiedades, decía Friedman, que a un país con la sexta parte de la humanidad y que, además, se ha vuelto “bastante bueno haciendo cosas”, para lo que da un ejemplo ilustrativo: ir de Nueva York a Chicago toma 22 horas; de Beijing a Shanghái, casi la misma distancia, 4.5 horas.

En el mismo sentido, en una nota en Bloomberg de esta misma semana se afirma que Apple no está preparada para cumplir la “orden” de Trump a las empresas de su país para sacar su producción de China, porque necesitaría tres años solo para mover 20% de la manufactura del iPhone. Añadamos que, por si fuera poco, esa compañía genera cerca del 20% de sus ingresos en el mercado chino, incluyendo Hong Kong y Taiwán.

En esta “guerra comercial” hay mucho más de fondo que los aranceles. Es un tema de futuro: del peso geopolítico y económico que está ganando no sólo China, sino Asia.

Ahora que en México hay una visión de país dominante que parece dar más peso al ayer que al mañana, con diversas áreas en reversa y sin políticas claras en temas como emprendimiento, innovación y desarrollo científico y tecnológico, vale la pena considerar la dinámica que tiene lugar en ese continente. Muy recomendable, para esos efectos, el reporte “El futuro de Asia es ahora”, recién publicado por el Instituto Global McKinsey.

“Uno de los desarrollos más dramáticos de los últimos 30 años ha sido el creciente consumo de Asia y su integración a los flujos globales de comercio, capital, talento e innovación”, señalan los analistas. “En las próximas décadas, las economías de Asia pasarán de participar en estos flujos a determinar su forma y dirección”.

El instituto examinó a 71 países en desarrollo y destacó a 18 por su crecimiento económico robusto. Los siete con desempeño sobresaliente en un plazo largo y cinco de los 11 con mejores resultados recientes están en Asia. Apunta que a medida que China disminuye las exportaciones de productos manufacturados intensivos en mano de obra, otras economías emergentes de la zona están asumiendo ese papel, para seguir su formula de escalamiento continuo en el valor agregado de la producción.

De las 5 mil empresas globales más grandes, en 1997 Asia tenía solo el 36%; para 2017, llegó al 43 por ciento. China e India tienen la mayor parte, pero países como Filipinas, Vietnam, Kazajstán y Bangladesh ya tienen representación en la lista.

La región no sólo concentra 50% de la inversión global; también es una de las principales fuentes y destinos del capital privado en campos como realidad virtual, vehículos autónomos, impresión 3D, robótica, drones e inteligencia artificial.

El continente ya representa la mitad de los usuarios de Internet del mundo: 2,200 millones de personas. En comercio electrónico, China tenía menos de 1% de las transacciones mundiales hace una década; hoy, 40 por ciento. En India, el número de suscriptores de Internet prácticamente se duplicó desde 2014, para llegar a 560 millones, mientras el uso de datos móviles crece al 152% anual, más del doble que en Estados Unidos.

Hoy, Asia alberga más de un tercio de los 331 "unicornios" del mundo, las nuevas empresas de más de mil millones de dólares. 91 en China, 13 en India, seis en Corea del Sur, cuatro en Indonesia. Para comparar, Estados Unidos tiene 161, Alemania nueve, México, según algunos especialistas en el tema, dos: los destacados casos de Softtek y Kio Networks.

Un buen dato es que el gobierno indio inscribió a más de mil 200 millones de personas en un programa de identidad digital biométrica; para muchas, una identificación legal por primera vez, para acceder a la banca, servicios públicos o educación. También llevaron a más de diez millones de empresas a una plataforma digital común, con un impuesto de bienes y servicios.

McKinsey proyecta que Asia será responsable de la mitad de todo el crecimiento del consumo esperado en el mundo en la próxima década. Su creciente clase media pronto llegará a tres mil millones de personas.

Desde México, no podemos evadir esa dinámica. Nos compete por los retos y oportunidades en áreas como comercio e inversión; pero también para evaluar nuestra propia estrategia de desarrollo, si es que la hay.

Son temas fundamentales para reflexionar sobre hacia dónde vamos, si queremos crecimiento y desarrollo, lo que requiere de una visión de largo plazo, que afronte los retos y las oportunidades de lo que viene con realismo y proactividad, y con una estrategia implementada y seguida con consistencia, más allá de tiempos políticos, como un esfuerzo de nación –sectores público, social y privado–, difícilmente habrá crecimiento sostenible.

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