/ lunes 15 de junio de 2020

El gobierno de las esquizofrenias

No hay manera de ocultar la pandemia ha repercutido de manera directa la vida, economía, salud física y psicoemocional de las mujeres. Peor aún con un gobierno que dice una cosa y hace otra.

La difícil situación que enfrentan las mujeres mexicanas fue reconocida por la SEGOB y la SRE en un foro virtual organizado por el Senado y conducido por la Sen. Malú Micher el 12 de junio, con la presencia de personalidades como Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, y Alicia Bárcena, diplomática mexicana que funge actualmente como Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

Nadine Gassman, Presidenta del Inmujeres, dijo que hay grupos conservadores que quieren limitar a las mujeres aún más. Marcelo Ebrard señaló la gravedad de la crisis económica, quizá la más grave de nuestra generación y que amenaza con revertir el tenue avance logrado para reducir las brechas de desigualdad en América Latina, supongo que incluyendo a México. Interesante reflexión. Al terminar su participación, para mi consternación, Ebrard resaltó que el gobierno mexicano es progresista y feminista. La retórica encuentra nichos de fantasía.

Frente a la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, los funcionarios mexicanos se dedicaron a alabar a su partido y a su gobierno. Nada nuevo, así era en administraciones pasadas. Y al oírles con mucha atención lo primero que venía a mi mente es que hablaban de otro país, no del México donde el feminicidio ha venido al alza año con año y el peor fue 2019. El año pasado, a la violencia feminicida se sumó la violencia institucional que desapareció las estancias infantiles afectando a las mujeres más pobres; redujo dramáticamente los recursos para los refugios para mujeres violentadas, para programas para la salud materno, sexual y reproductiva, para el banco de información sobre la violencia de género y para alrededor de 20 programas.

Programas logrados por años de lucha de las mujeres para facilitar su empoderamiento, autonomía y el ejercicio de sus derechos, esos que le escuchamos referir a Michelle Bachelet, se han visto minimizados y vilipendiados porque el Presidente López Obrador privilegia sus prebendas asistencialistas usando dinero en efectivo. Pongo un ejemplo sobre su actitud antifeminista: afirma que son falsas la mayoría de las llamadas al 911; es como cuando Barbosa dice que muchas de las mujeres reportadas como desaparecidas en realidad se fueron con el novio. Aunque fuese sólo una mujer víctima de violencia en su hogar o una sola joven desaparecida quizá para la trata, el Presidente y toda autoridad están obligados a dedicar todos los recursos disponibles para atender a las víctimas, llevar al violentador ante la justicia y trabajar para la no repetición de estos delitos.

La realidad es que López Obrador ignora a las mujeres que sufren violencia. Este gobierno no es progresista, es retardatario; tampoco es feminista, lo ha dicho el Presidente orgulloso de su Cartilla moral. Alicia Bárcena, quien invocó a Gramsci, finalizó señalando la importancia de que haya un cambio de modelo de desarrollo posterior a la crisis del covid19 que resuelva la brecha de desigualdad entre ricos y pobres, refirió el reto es abandonar el asistencialismo para avanzar hacia el empoderamiento. Pensé en Mexico, en lo que realmente decide el Presidente y la retórica de su equipo: pura esquizofrenia.


Defensora de derechos humanos

No hay manera de ocultar la pandemia ha repercutido de manera directa la vida, economía, salud física y psicoemocional de las mujeres. Peor aún con un gobierno que dice una cosa y hace otra.

La difícil situación que enfrentan las mujeres mexicanas fue reconocida por la SEGOB y la SRE en un foro virtual organizado por el Senado y conducido por la Sen. Malú Micher el 12 de junio, con la presencia de personalidades como Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, y Alicia Bárcena, diplomática mexicana que funge actualmente como Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

Nadine Gassman, Presidenta del Inmujeres, dijo que hay grupos conservadores que quieren limitar a las mujeres aún más. Marcelo Ebrard señaló la gravedad de la crisis económica, quizá la más grave de nuestra generación y que amenaza con revertir el tenue avance logrado para reducir las brechas de desigualdad en América Latina, supongo que incluyendo a México. Interesante reflexión. Al terminar su participación, para mi consternación, Ebrard resaltó que el gobierno mexicano es progresista y feminista. La retórica encuentra nichos de fantasía.

Frente a la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, los funcionarios mexicanos se dedicaron a alabar a su partido y a su gobierno. Nada nuevo, así era en administraciones pasadas. Y al oírles con mucha atención lo primero que venía a mi mente es que hablaban de otro país, no del México donde el feminicidio ha venido al alza año con año y el peor fue 2019. El año pasado, a la violencia feminicida se sumó la violencia institucional que desapareció las estancias infantiles afectando a las mujeres más pobres; redujo dramáticamente los recursos para los refugios para mujeres violentadas, para programas para la salud materno, sexual y reproductiva, para el banco de información sobre la violencia de género y para alrededor de 20 programas.

Programas logrados por años de lucha de las mujeres para facilitar su empoderamiento, autonomía y el ejercicio de sus derechos, esos que le escuchamos referir a Michelle Bachelet, se han visto minimizados y vilipendiados porque el Presidente López Obrador privilegia sus prebendas asistencialistas usando dinero en efectivo. Pongo un ejemplo sobre su actitud antifeminista: afirma que son falsas la mayoría de las llamadas al 911; es como cuando Barbosa dice que muchas de las mujeres reportadas como desaparecidas en realidad se fueron con el novio. Aunque fuese sólo una mujer víctima de violencia en su hogar o una sola joven desaparecida quizá para la trata, el Presidente y toda autoridad están obligados a dedicar todos los recursos disponibles para atender a las víctimas, llevar al violentador ante la justicia y trabajar para la no repetición de estos delitos.

La realidad es que López Obrador ignora a las mujeres que sufren violencia. Este gobierno no es progresista, es retardatario; tampoco es feminista, lo ha dicho el Presidente orgulloso de su Cartilla moral. Alicia Bárcena, quien invocó a Gramsci, finalizó señalando la importancia de que haya un cambio de modelo de desarrollo posterior a la crisis del covid19 que resuelva la brecha de desigualdad entre ricos y pobres, refirió el reto es abandonar el asistencialismo para avanzar hacia el empoderamiento. Pensé en Mexico, en lo que realmente decide el Presidente y la retórica de su equipo: pura esquizofrenia.


Defensora de derechos humanos

lunes 03 de agosto de 2020

Resistencias a la paridad: NL y otros

lunes 27 de julio de 2020

El impresentable Dr. López-Gatell

lunes 20 de julio de 2020

El Inmujeres se provoca un harakiri

lunes 06 de julio de 2020

La demagogia de los populistas

lunes 29 de junio de 2020

¿Llegamos a un punto de quiebre?

lunes 15 de junio de 2020

El gobierno de las esquizofrenias

lunes 08 de junio de 2020

Giovanni López, un caso de tortura

Cargar Más