/ jueves 22 de abril de 2021

El guardaespaldas

El intento de combinar sabiduría y poder rara vez ha sido exitoso y sólo por un corto tiempo.

Albert Einstein.


El ciudadano presidente ha insultado y subestimado a 10 ministros de la SCJN. En efecto, López Obrador sostiene que el único personaje que puede llevar a cabo la reforma al Poder Judicial es únicamente un hombre (no un equipo o instancia), y este es el ciudadano Arturo Zaldívar, actual presidente de la SCJN. Con notable torpeza e insensibilidad, el ex Jefe de Gobierno, atropella a quienes él propuso para ocupar un asiento en esa instancia judicial. Y, en contraste, le ve cualidades a un ministro, que en 2009 propuso Felipe Calderón, villano favorito de Palacio Nacional.


No importa que una reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, añadida subrepticiamente, viole el artículo 97, apartado cuarto, de la Constitución, el cual define con claridad el mecanismo para elegir al presidente de la Corte. Sin importar lo que diga la Carta Magna, lo único que le interesa a AMLO es que Zaldívar encabece otros dos años a la SCJN. Este acto sería la señal de un poder judicial en deuda y sometido a los mandatos presidenciales, como ya lo es el Legislativo que no se atreve ni a quitarle una coma a los caprichos del tabasqueño.


Pero, más allá del lamentable papel de subordinación del susodicho ministro, existen intereses concretos y sustanciales que le interesan de sobremanera al gobierno federal. De entrada, ya vimos como Zaldívar y sus compañeros de viaje le enmendaron la plana al tabasqueño en su iniciativa para enjuiciar a los ex presidentes. Su permanencia tiene explicaciones umbilicales con la autollamada 4T. Los principales proyectos que sustentan al gobierno están en manos de la SCJN, hablamos del Tren Maya, la Guardia Nacional, el aeropuerto Felipe Ángeles, la política energética y eléctrica. Todos con juicios de amparo, controversias constitucionales y acciones de inconstitucionalidad, que están pendientes de resolver y que sufren dilación deliberada.


La maniobra es evidente. López Obrador necesita un fiel cancerbero en la SCJN. No confía en sus enviados a dicha institución. Los ve pequeños. Con la ampliación de dos años de Zaldívar se cuida las espaldas hasta el 30 de septiembre de 2024, fecha de conclusión del gobierno de AMLO. Además, el ministro todopoderoso, terminaría el 30 de noviembre su encargo. Por si algo se ofrece. Nada de reforma “moral” o la perorata que tanto enfatiza AMLO cada mañana: “no somos iguales”. El interés de su permanencia es muy concretito: un guardaespaldas judicial con alto salario y con poca vergüenza. No más.


pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

El intento de combinar sabiduría y poder rara vez ha sido exitoso y sólo por un corto tiempo.

Albert Einstein.


El ciudadano presidente ha insultado y subestimado a 10 ministros de la SCJN. En efecto, López Obrador sostiene que el único personaje que puede llevar a cabo la reforma al Poder Judicial es únicamente un hombre (no un equipo o instancia), y este es el ciudadano Arturo Zaldívar, actual presidente de la SCJN. Con notable torpeza e insensibilidad, el ex Jefe de Gobierno, atropella a quienes él propuso para ocupar un asiento en esa instancia judicial. Y, en contraste, le ve cualidades a un ministro, que en 2009 propuso Felipe Calderón, villano favorito de Palacio Nacional.


No importa que una reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, añadida subrepticiamente, viole el artículo 97, apartado cuarto, de la Constitución, el cual define con claridad el mecanismo para elegir al presidente de la Corte. Sin importar lo que diga la Carta Magna, lo único que le interesa a AMLO es que Zaldívar encabece otros dos años a la SCJN. Este acto sería la señal de un poder judicial en deuda y sometido a los mandatos presidenciales, como ya lo es el Legislativo que no se atreve ni a quitarle una coma a los caprichos del tabasqueño.


Pero, más allá del lamentable papel de subordinación del susodicho ministro, existen intereses concretos y sustanciales que le interesan de sobremanera al gobierno federal. De entrada, ya vimos como Zaldívar y sus compañeros de viaje le enmendaron la plana al tabasqueño en su iniciativa para enjuiciar a los ex presidentes. Su permanencia tiene explicaciones umbilicales con la autollamada 4T. Los principales proyectos que sustentan al gobierno están en manos de la SCJN, hablamos del Tren Maya, la Guardia Nacional, el aeropuerto Felipe Ángeles, la política energética y eléctrica. Todos con juicios de amparo, controversias constitucionales y acciones de inconstitucionalidad, que están pendientes de resolver y que sufren dilación deliberada.


La maniobra es evidente. López Obrador necesita un fiel cancerbero en la SCJN. No confía en sus enviados a dicha institución. Los ve pequeños. Con la ampliación de dos años de Zaldívar se cuida las espaldas hasta el 30 de septiembre de 2024, fecha de conclusión del gobierno de AMLO. Además, el ministro todopoderoso, terminaría el 30 de noviembre su encargo. Por si algo se ofrece. Nada de reforma “moral” o la perorata que tanto enfatiza AMLO cada mañana: “no somos iguales”. El interés de su permanencia es muy concretito: un guardaespaldas judicial con alto salario y con poca vergüenza. No más.


pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

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