/ martes 12 de marzo de 2019

El ‘hombre aranceles’ y el ‘hombre déficits’

Los republicanos odian los déficits… o al menos eso afirman ellos.

Los republicanos en el Congreso echaron pestes sobre los déficits presupuestales durante todo el gobierno de Obama, advirtiéndonos sin cesar que estábamos al borde de una crisis fiscal al estilo de Grecia. Donald Trump, por otra parte, concentró su ira principalmente en los déficits comerciales, insistiendo en que “entregamos nuestros empleos y nuestra riqueza a otros países que se han aprovechado de nosotros”.

Sin embargo, a lo largo de dos años de control gubernamental unificado del Partido Republicano ha ocurrido algo curioso: ambos déficits se dispararon. El déficit presupuestal ha llegado a niveles sin precedentes, sólo vistos durante las guerras e inmediatamente después de crisis importantes; el déficit comercial en los bienes ha llegado a niveles históricos.

Los déficits dobles de Trump nos dicen mucho sobre el “tuitero en jefe” y su partido: A saber, que son deshonestos e ignorantes.

En cuanto a la deshonestidad: ¿todavía hay alguien que crea que a los republicanos alguna vez les importó en realidad la deuda y los déficits? La verdad es que la falsedad de su postura fiscal debería haber sido evidente todo este tiempo.

¿Qué me dicen de la ignorancia? Como mucha gente ha señalado en vano, Trump también se equivoca en todo lo referente a lo que hacen los déficits comerciales. Es cierto, en momentos de alto desempleo, los déficits pueden costarnos nuestros trabajos. No obstante, en épocas normales no reducen el empleo en general ni tampoco nos hacen más pobres.

Por el contrario, otros países nos están enviando bienes y servicios valiosos, por los que pagamos con piezas de papel, que pagan tasas de interés muy bajas. Otra vez, ¿quién está ganando?

Sin embargo, además de eso, Trump se equivoca por completo en cuanto a lo que origina los déficits comerciales para empezar. De hecho, sus propias políticas suponen una lección objetiva de la falsedad de su visión.

En el universo trumpiano, los déficits comerciales ocurren porque hacemos malos tratos: dejamos que los extranjeros vendan sus cosas aquí, pero no nos dejan vender nuestras cosas en sus países. Así que la solución es imponer barreras a los productos extranjeros. “Soy el hombre aranceles”, proclamó el Presidente con orgullo.

No obstante, en la realidad, los déficits comerciales guardan muy poca relación con los aranceles u otras restricciones comerciales. El déficit comercial en general siempre es igual a la diferencia entre el gasto en inversión interna y los ahorros internos (tanto privados como públicos). Es sólo contabilidad.

La razón por la cual Estados Unidos incurre en déficits comerciales continuamente no es porque hayamos sido demasiado flexibles en los acuerdos comerciales, sino porque tenemos pocos ahorros en comparación con otros países.

Los aranceles, en efecto, pueden reducir las importaciones de los bienes sujetos al arancel y, por tanto, reducir el déficit comercial en esa industria en específico. Pero es como presionar un globo: si presionas de un lado, la misma cantidad de aire se irá a otro lado.

Los republicanos odian los déficits… o al menos eso afirman ellos.

Los republicanos en el Congreso echaron pestes sobre los déficits presupuestales durante todo el gobierno de Obama, advirtiéndonos sin cesar que estábamos al borde de una crisis fiscal al estilo de Grecia. Donald Trump, por otra parte, concentró su ira principalmente en los déficits comerciales, insistiendo en que “entregamos nuestros empleos y nuestra riqueza a otros países que se han aprovechado de nosotros”.

Sin embargo, a lo largo de dos años de control gubernamental unificado del Partido Republicano ha ocurrido algo curioso: ambos déficits se dispararon. El déficit presupuestal ha llegado a niveles sin precedentes, sólo vistos durante las guerras e inmediatamente después de crisis importantes; el déficit comercial en los bienes ha llegado a niveles históricos.

Los déficits dobles de Trump nos dicen mucho sobre el “tuitero en jefe” y su partido: A saber, que son deshonestos e ignorantes.

En cuanto a la deshonestidad: ¿todavía hay alguien que crea que a los republicanos alguna vez les importó en realidad la deuda y los déficits? La verdad es que la falsedad de su postura fiscal debería haber sido evidente todo este tiempo.

¿Qué me dicen de la ignorancia? Como mucha gente ha señalado en vano, Trump también se equivoca en todo lo referente a lo que hacen los déficits comerciales. Es cierto, en momentos de alto desempleo, los déficits pueden costarnos nuestros trabajos. No obstante, en épocas normales no reducen el empleo en general ni tampoco nos hacen más pobres.

Por el contrario, otros países nos están enviando bienes y servicios valiosos, por los que pagamos con piezas de papel, que pagan tasas de interés muy bajas. Otra vez, ¿quién está ganando?

Sin embargo, además de eso, Trump se equivoca por completo en cuanto a lo que origina los déficits comerciales para empezar. De hecho, sus propias políticas suponen una lección objetiva de la falsedad de su visión.

En el universo trumpiano, los déficits comerciales ocurren porque hacemos malos tratos: dejamos que los extranjeros vendan sus cosas aquí, pero no nos dejan vender nuestras cosas en sus países. Así que la solución es imponer barreras a los productos extranjeros. “Soy el hombre aranceles”, proclamó el Presidente con orgullo.

No obstante, en la realidad, los déficits comerciales guardan muy poca relación con los aranceles u otras restricciones comerciales. El déficit comercial en general siempre es igual a la diferencia entre el gasto en inversión interna y los ahorros internos (tanto privados como públicos). Es sólo contabilidad.

La razón por la cual Estados Unidos incurre en déficits comerciales continuamente no es porque hayamos sido demasiado flexibles en los acuerdos comerciales, sino porque tenemos pocos ahorros en comparación con otros países.

Los aranceles, en efecto, pueden reducir las importaciones de los bienes sujetos al arancel y, por tanto, reducir el déficit comercial en esa industria en específico. Pero es como presionar un globo: si presionas de un lado, la misma cantidad de aire se irá a otro lado.

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