/ lunes 9 de julio de 2018

El inicio de la transición

Atrás quedó la incertidumbre del proceso electoral, la diferencia de votos propició el rápido reconocimiento del triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

Más de 30 millones de sufragios no solamente lo han colocado como el virtual candidato electo con la mayor cantidad de los mismos en la historia de México, también le han conferido una clara mayoría en el Congreso de la Unión que al mismo tiempo le genera una gran responsabilidad: tendrá la capacidad de alinear el Poder Legislativo con la visión del Ejecutivo.

La democracia electoral le ha facultado utilizar la capacidad institucional del Estado para emprender lo que ha denominado la Cuarta Transformación de México.

La responsabilidad no es menor, los desequilibrios estructurales que propiciaron la victoria electoral de López Obrador seguirán presionando al sistema social, económico, político y de seguridad del país. No habrá tregua.

Pobreza, iniquidad en la distribución de la riqueza, bajo crecimiento económico, precarización laboral, cierre de empresas, inseguridad y corrupción constituyen una realidad nacional que convive con regiones altamente competitivas y productivas capaces de generar exportaciones hacia los mercados más exigentes del mundo gracias al uso intensivo de alta tecnología y de capital humano de competitividad global.

¿Cómo se logrará resolver el rezago histórico que se vive en entidades como Chiapas, Oaxaca o Guerrero al mismo tiempo que se mantienen e incrementa la capacidad productiva y competitiva de estados como Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro o Chihuahua, por citar algunos ejemplos?

La heterogeneidad y disparidad en México se deben resolver, pero debe ocurrir acelerando el crecimiento y desarrollo de las regiones más rezagadas sin que ello implique el freno o el descuido de las más avanzadas.

La razón es simple: la fuerte competencia internacional del Pacífico asiático y la necesidad de integración productiva con la Unión Europea, EU, Canadá y América Latina requieren que siga avanzando la industrialización del Bajío, Occidente y Norte del país. Las inversiones en dichas regiones no se pueden detener.

Al mismo tiempo es indispensable que se inicie un proceso acelerado de transformación social y económica en el sur y sureste, un cambio que sea capaz de revertir los rezagos acumulados. El desafío será que ese proceso comience rápido y se haga de forma eficaz.

Solamente un programa de desarrollo regional de perfil industrial y agroindustrial basado en innovación tecnológica podrá lograrlo. Para ello se requiere de una alianza nacional entre los sectores público, privado y académico que además comprometa a los poderes locales en un solo proyecto de nación.

La naturaleza de la transición que México requiere va más allá del proceso administrativo que culminará con el inicio del próximo gobierno en diciembre. Implica una transformación que permita generar una sociedad de bienestar con bases productivas para todos los mexicanos. Por su naturaleza es un proceso de mediano y largo plazo que deberá iniciar rápidamente con eficiencia y eficacia.


Atrás quedó la incertidumbre del proceso electoral, la diferencia de votos propició el rápido reconocimiento del triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

Más de 30 millones de sufragios no solamente lo han colocado como el virtual candidato electo con la mayor cantidad de los mismos en la historia de México, también le han conferido una clara mayoría en el Congreso de la Unión que al mismo tiempo le genera una gran responsabilidad: tendrá la capacidad de alinear el Poder Legislativo con la visión del Ejecutivo.

La democracia electoral le ha facultado utilizar la capacidad institucional del Estado para emprender lo que ha denominado la Cuarta Transformación de México.

La responsabilidad no es menor, los desequilibrios estructurales que propiciaron la victoria electoral de López Obrador seguirán presionando al sistema social, económico, político y de seguridad del país. No habrá tregua.

Pobreza, iniquidad en la distribución de la riqueza, bajo crecimiento económico, precarización laboral, cierre de empresas, inseguridad y corrupción constituyen una realidad nacional que convive con regiones altamente competitivas y productivas capaces de generar exportaciones hacia los mercados más exigentes del mundo gracias al uso intensivo de alta tecnología y de capital humano de competitividad global.

¿Cómo se logrará resolver el rezago histórico que se vive en entidades como Chiapas, Oaxaca o Guerrero al mismo tiempo que se mantienen e incrementa la capacidad productiva y competitiva de estados como Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro o Chihuahua, por citar algunos ejemplos?

La heterogeneidad y disparidad en México se deben resolver, pero debe ocurrir acelerando el crecimiento y desarrollo de las regiones más rezagadas sin que ello implique el freno o el descuido de las más avanzadas.

La razón es simple: la fuerte competencia internacional del Pacífico asiático y la necesidad de integración productiva con la Unión Europea, EU, Canadá y América Latina requieren que siga avanzando la industrialización del Bajío, Occidente y Norte del país. Las inversiones en dichas regiones no se pueden detener.

Al mismo tiempo es indispensable que se inicie un proceso acelerado de transformación social y económica en el sur y sureste, un cambio que sea capaz de revertir los rezagos acumulados. El desafío será que ese proceso comience rápido y se haga de forma eficaz.

Solamente un programa de desarrollo regional de perfil industrial y agroindustrial basado en innovación tecnológica podrá lograrlo. Para ello se requiere de una alianza nacional entre los sectores público, privado y académico que además comprometa a los poderes locales en un solo proyecto de nación.

La naturaleza de la transición que México requiere va más allá del proceso administrativo que culminará con el inicio del próximo gobierno en diciembre. Implica una transformación que permita generar una sociedad de bienestar con bases productivas para todos los mexicanos. Por su naturaleza es un proceso de mediano y largo plazo que deberá iniciar rápidamente con eficiencia y eficacia.


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