/ sábado 18 de mayo de 2024

El maestro: Genuino conductor de almas

Hay una imagen que permanece inalterable en la conciencia popular, aunque pasen los tiempos y sean otras las modas, los estilos de vida y los valores históricos; la imagen del maestro, del genuino conductor de almas, del mejor guía espiritual en las horas de reflexión serena y contenida.

La vida está poblada de nombres pero siempre guardo un especial afecto por el de mis maestros. Sé que es injusto nombrar solamente a algunos de ellos, porque todos significan un punto luminoso en el crisol grato e imborrable de la memoria; y porque sus enseñanzas quedaron y quedarán grabadas para siempre en el corazón y en el entendimiento. Sin embargo, tengo presentes los nombres de quienes, por ejercicio de su magisterio, alcanzaron la dimensión de la leyenda. Conviví con ellos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, y su cátedra está siempre presente en todos los actos de mi vida: Luis Recasens Siches, Martín Luis Echeverría, Carlos Tornero Díaz, Margarita de la Villa de Helguera, Arturo Arnaíz y Freg. Jesús Vázquez y Vázquez, Raúl Cardiel Reyes, Moisés Ochoa Campos, Germán Parra, Francisco González Díaz Lombardo. Alfonso García Ruiz, Salvador Chávez Hayhoe, Jacques Verrey, Johanna Faber, Luis Quintanilla, Carlos Bosch, Ricardo Pozas, Jesús Aguirre, Juan Pérez Abreu, entre otro lúcidos y modestos conductores de hombres, que eso son los maestros universitarios. Si omito mencionar algunos nombres es porque 43 años después la memoria no es la misma; sin embargo, los cariños y los afectos permanecen.

Mucho he aprendido de la palabra y el ejemplo de mis maestros: entre juegos de fantasía y apertura de la imaginación, la inalterable devoción a la inteligencia, al valor del conocimiento, a la disciplina en el aprendizaje y, sobre todo, a la enseñanza más profunda y definitiva: ¡el amor a México!

Comprobé que los maestros quizás por su cercanía con las raíces, el origen, la historia y el destino de la patria - son de los mexicanos que más quieren a México, que más lo sienten y lo extrañan. ¿Qué puede haber más digno y comprometedor que amar nuestro cielo inmenso y el suelo querido que uno pisa?

Los maestros constituyen el punto de partida del quehacer intelectual y son los verdaderos personajes del impulso y la palabra, pero también de la acción y el pensamiento.

Brillantes o discretos pero siempre con la disposición desinteresada de hacer más clara la luz de las ideas y nuestra la ciencia de la vida.

Hoy 15 de mayo, celebramos el Día del Maestro. Es día de fiesta espiritual, fiesta que nos une y nos hermana a todos los mexicanos en el afecto incondicional y entrañable.

Tuve el gusto y el placer de impartir clases durante treinta años, seis de ellos en secundaria The Panamerican Workshop, y el resto en preparatoria, en la Escuela Mexicana Americana; pocos meses logré enseñar en primer año de la universidad, gracias a un amigo llamado Leopoldo González Aguayo, encargado del doctorado de Relaciones Internacionales de Ciencias Políticas y Sociales.

De mis años como maestro conservo relación con por lo menos cien alumnos, y tenemos reuniones para desayunar o comer; es una dicha que solo yo puedo sentir.

Queridos maestros: los recuerdo con el alma y el corazón, y con una frase de la vieja sabiduría que es la llave maestra del destino de los hombres:


"Si a la orilla del mar encuentras a alguien con hambre. No le regales un pez. "Enséñale a pescar".

Y ustedes lo han hecho.


Fundador de Notimex

Premio Nacional de Periodismo

pacofonn@gmail.com


Hay una imagen que permanece inalterable en la conciencia popular, aunque pasen los tiempos y sean otras las modas, los estilos de vida y los valores históricos; la imagen del maestro, del genuino conductor de almas, del mejor guía espiritual en las horas de reflexión serena y contenida.

La vida está poblada de nombres pero siempre guardo un especial afecto por el de mis maestros. Sé que es injusto nombrar solamente a algunos de ellos, porque todos significan un punto luminoso en el crisol grato e imborrable de la memoria; y porque sus enseñanzas quedaron y quedarán grabadas para siempre en el corazón y en el entendimiento. Sin embargo, tengo presentes los nombres de quienes, por ejercicio de su magisterio, alcanzaron la dimensión de la leyenda. Conviví con ellos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, y su cátedra está siempre presente en todos los actos de mi vida: Luis Recasens Siches, Martín Luis Echeverría, Carlos Tornero Díaz, Margarita de la Villa de Helguera, Arturo Arnaíz y Freg. Jesús Vázquez y Vázquez, Raúl Cardiel Reyes, Moisés Ochoa Campos, Germán Parra, Francisco González Díaz Lombardo. Alfonso García Ruiz, Salvador Chávez Hayhoe, Jacques Verrey, Johanna Faber, Luis Quintanilla, Carlos Bosch, Ricardo Pozas, Jesús Aguirre, Juan Pérez Abreu, entre otro lúcidos y modestos conductores de hombres, que eso son los maestros universitarios. Si omito mencionar algunos nombres es porque 43 años después la memoria no es la misma; sin embargo, los cariños y los afectos permanecen.

Mucho he aprendido de la palabra y el ejemplo de mis maestros: entre juegos de fantasía y apertura de la imaginación, la inalterable devoción a la inteligencia, al valor del conocimiento, a la disciplina en el aprendizaje y, sobre todo, a la enseñanza más profunda y definitiva: ¡el amor a México!

Comprobé que los maestros quizás por su cercanía con las raíces, el origen, la historia y el destino de la patria - son de los mexicanos que más quieren a México, que más lo sienten y lo extrañan. ¿Qué puede haber más digno y comprometedor que amar nuestro cielo inmenso y el suelo querido que uno pisa?

Los maestros constituyen el punto de partida del quehacer intelectual y son los verdaderos personajes del impulso y la palabra, pero también de la acción y el pensamiento.

Brillantes o discretos pero siempre con la disposición desinteresada de hacer más clara la luz de las ideas y nuestra la ciencia de la vida.

Hoy 15 de mayo, celebramos el Día del Maestro. Es día de fiesta espiritual, fiesta que nos une y nos hermana a todos los mexicanos en el afecto incondicional y entrañable.

Tuve el gusto y el placer de impartir clases durante treinta años, seis de ellos en secundaria The Panamerican Workshop, y el resto en preparatoria, en la Escuela Mexicana Americana; pocos meses logré enseñar en primer año de la universidad, gracias a un amigo llamado Leopoldo González Aguayo, encargado del doctorado de Relaciones Internacionales de Ciencias Políticas y Sociales.

De mis años como maestro conservo relación con por lo menos cien alumnos, y tenemos reuniones para desayunar o comer; es una dicha que solo yo puedo sentir.

Queridos maestros: los recuerdo con el alma y el corazón, y con una frase de la vieja sabiduría que es la llave maestra del destino de los hombres:


"Si a la orilla del mar encuentras a alguien con hambre. No le regales un pez. "Enséñale a pescar".

Y ustedes lo han hecho.


Fundador de Notimex

Premio Nacional de Periodismo

pacofonn@gmail.com