/ domingo 29 de marzo de 2020

El mundo en tiempos del coronavirus

“La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud,la ignorancia es la fuerza”.

George Orwell


Un enemigo invisible a los ojos tiene al mundo en jaque.

Frente a ese enemigo, los diversos gobiernos y sus respectivas poblaciones han reaccionado de formas y con resultados muy distintos. Unos con pánico, otros con cautela, otros más desestimando su peligrosidad. De igual forma, unos han recurrido al fortalecimiento de sus soberanías, como en el caso europeo, cuyo unionismo ha sido hoy en día desplazado por el emerger de un nacionalismo que estaba solo aletargado y que ha llevado al cierre de fronteras. Otros, como el mexicano, manteniendo abiertas sus respectivas fronteras solo con leves restricciones. Y es que mientras los europeos aconsejan al resto del mundo, derivado de su experiencia, entrar de inmediato en cuarentena para que el virus “implosione”, nuestro país ha ingresado en esta espiral coronovírica de manera sui géneris.

Pero no cabe sorpresa alguna. Aún entre los filósofos contemporáneos existen grandes discrepancias. Byung Chul Han -surcoreano residente en Alemania- alude a “la resistencia” de enfrentar la realidad y “despertar” del letargo en que el mundo entró tras la “Guerra Fría”, al considerar que Oriente ha tenido un mayor éxito que Occidente para enfrentar la emergencia sanitaria gracias a su “obediencia” social al Estado y respeto a la autoridad, en gran parte derivados de la filosofía de Confucio. Otros, como Slavoj Žižek -eslavo residente en Inglaterra-, apuestan en cambio a que el virus “no vencerá al capitalismo”, pero habrá de erigirse un nuevo régimen totalitario ante el evidente fracaso de la globalización mercantil y del populismo nacionalista que cifraba su apuesta en la soberanía absoluta del Estado.

Derivado de todo ello, los derechos humanos están en franco y evidente riesgo mientras la militarización, la invasión estatal y la vigilancia social están al acecho. Siglos de lucha por alcanzarlos y hoy, paradójicamente, ante la amenaza del coronavirus, gran parte de la ciudadanía mundial está dispuesta a su supresión y a la segregación social: xenofobia y racismo se han recrudecido. Libertad de tránsito, protección de datos personales, qué decir del derecho a la vida, han dejado de ser prioritarios. Y algo peor: la incentivación del discurso discriminatorio y estigmatizante a cargo de la propia autoridad. El mejor ejemplo: el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, quien “asumiéndose pobre”, acusa al coronavirus de ser una “enfermedad de ricos”, agudizando con ello una mayor e irracional división a la ya de por sí escindida sociedad mexicana. Sí, la nueva pandemia, cuya propagación ha sido acelerada por la hiperconectividad en todos los órdenes, ha infectado al mundo y no sabemos cómo éste se reconducirá y qué saldos dejará.

Por lo pronto, es evidente el pertrechamiento de la mayor parte de las naciones, pero no solo frente al exterior: también de sí, porque el virus llega en el peor momento, conduciendo al mundo globalizado hacia su mayor crisis: económica, política, ideológica, pero sobre todo humana. La sociedad “cansada”, en términos byunguianos, ha dado paso a una de “desecho” y, mientras el planeta y la Naturaleza parecen ser los únicos en tener respuesta ante la pandemia -reaccionando con la restauración inmediata de la biósfera y el cierre del agujero de ozono-, la humanidad -detenida de golpe en su carrera desenfrenada- se formula una y mil preguntas.

¿Qué gobierno tiene la razón? ¿Qué debemos de atender con mayor cuidado, el número de infectados y sospechosos o el número de muertos? ¿Cuáles datos son los ciertos? ¿Quiénes son los más propensos al virus? ¿Realmente son más vulnerables los hombres que las mujeres y los adultos de la tercera edad que el resto de la población? ¿El virus respetará a los más pequeños? ¿Cuál es la política correcta para enfrentar la pandemia? ¿Qué es más importante preservar, la salud de la población o la economía de una Nación?¿Quién nos dice o, tan siquiera, sabe la verdad sobre el origen del coronavirus? ¿Se propaga más en el frío que en el calor? ¿Prolifera más en ciertas latitudes? ¿Debemos usar o quitarnos los tapabocas? ¿Es natural que haya cada vez más y más recurrentes epidemias en el mundo? ¿Es un virus artificial, transgénico, creado en algún laboratorio, por ejemplo chino o norteamericano, o simplemente es un virus milenario que simplemente encontró el área de oportunidad para dar el salto y ahora ataca a la humanidad? ¿La contingencia durará semanas, meses o años? ¿Qué modelo respetará la pandemia: el liberal, el populista, el socialista, o surgirá una nueva reconfiguración o un nuevo orden mundial? ¿De qué tamaño será la crisis que sobrevendrá? ¿Quiénes y cómo sobrevivirán a ella y a todo?

Miles de preguntas y muy pocas o ninguna respuesta que satisfaga, pero algo es cierto: por grande que sea la crisis, la humanidad saldrá fortalecida y tal vez entonces comprenderemos lo que nos quiso decir Orwell cuando escribió 1984.


bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli


“La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud,la ignorancia es la fuerza”.

George Orwell


Un enemigo invisible a los ojos tiene al mundo en jaque.

Frente a ese enemigo, los diversos gobiernos y sus respectivas poblaciones han reaccionado de formas y con resultados muy distintos. Unos con pánico, otros con cautela, otros más desestimando su peligrosidad. De igual forma, unos han recurrido al fortalecimiento de sus soberanías, como en el caso europeo, cuyo unionismo ha sido hoy en día desplazado por el emerger de un nacionalismo que estaba solo aletargado y que ha llevado al cierre de fronteras. Otros, como el mexicano, manteniendo abiertas sus respectivas fronteras solo con leves restricciones. Y es que mientras los europeos aconsejan al resto del mundo, derivado de su experiencia, entrar de inmediato en cuarentena para que el virus “implosione”, nuestro país ha ingresado en esta espiral coronovírica de manera sui géneris.

Pero no cabe sorpresa alguna. Aún entre los filósofos contemporáneos existen grandes discrepancias. Byung Chul Han -surcoreano residente en Alemania- alude a “la resistencia” de enfrentar la realidad y “despertar” del letargo en que el mundo entró tras la “Guerra Fría”, al considerar que Oriente ha tenido un mayor éxito que Occidente para enfrentar la emergencia sanitaria gracias a su “obediencia” social al Estado y respeto a la autoridad, en gran parte derivados de la filosofía de Confucio. Otros, como Slavoj Žižek -eslavo residente en Inglaterra-, apuestan en cambio a que el virus “no vencerá al capitalismo”, pero habrá de erigirse un nuevo régimen totalitario ante el evidente fracaso de la globalización mercantil y del populismo nacionalista que cifraba su apuesta en la soberanía absoluta del Estado.

Derivado de todo ello, los derechos humanos están en franco y evidente riesgo mientras la militarización, la invasión estatal y la vigilancia social están al acecho. Siglos de lucha por alcanzarlos y hoy, paradójicamente, ante la amenaza del coronavirus, gran parte de la ciudadanía mundial está dispuesta a su supresión y a la segregación social: xenofobia y racismo se han recrudecido. Libertad de tránsito, protección de datos personales, qué decir del derecho a la vida, han dejado de ser prioritarios. Y algo peor: la incentivación del discurso discriminatorio y estigmatizante a cargo de la propia autoridad. El mejor ejemplo: el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, quien “asumiéndose pobre”, acusa al coronavirus de ser una “enfermedad de ricos”, agudizando con ello una mayor e irracional división a la ya de por sí escindida sociedad mexicana. Sí, la nueva pandemia, cuya propagación ha sido acelerada por la hiperconectividad en todos los órdenes, ha infectado al mundo y no sabemos cómo éste se reconducirá y qué saldos dejará.

Por lo pronto, es evidente el pertrechamiento de la mayor parte de las naciones, pero no solo frente al exterior: también de sí, porque el virus llega en el peor momento, conduciendo al mundo globalizado hacia su mayor crisis: económica, política, ideológica, pero sobre todo humana. La sociedad “cansada”, en términos byunguianos, ha dado paso a una de “desecho” y, mientras el planeta y la Naturaleza parecen ser los únicos en tener respuesta ante la pandemia -reaccionando con la restauración inmediata de la biósfera y el cierre del agujero de ozono-, la humanidad -detenida de golpe en su carrera desenfrenada- se formula una y mil preguntas.

¿Qué gobierno tiene la razón? ¿Qué debemos de atender con mayor cuidado, el número de infectados y sospechosos o el número de muertos? ¿Cuáles datos son los ciertos? ¿Quiénes son los más propensos al virus? ¿Realmente son más vulnerables los hombres que las mujeres y los adultos de la tercera edad que el resto de la población? ¿El virus respetará a los más pequeños? ¿Cuál es la política correcta para enfrentar la pandemia? ¿Qué es más importante preservar, la salud de la población o la economía de una Nación?¿Quién nos dice o, tan siquiera, sabe la verdad sobre el origen del coronavirus? ¿Se propaga más en el frío que en el calor? ¿Prolifera más en ciertas latitudes? ¿Debemos usar o quitarnos los tapabocas? ¿Es natural que haya cada vez más y más recurrentes epidemias en el mundo? ¿Es un virus artificial, transgénico, creado en algún laboratorio, por ejemplo chino o norteamericano, o simplemente es un virus milenario que simplemente encontró el área de oportunidad para dar el salto y ahora ataca a la humanidad? ¿La contingencia durará semanas, meses o años? ¿Qué modelo respetará la pandemia: el liberal, el populista, el socialista, o surgirá una nueva reconfiguración o un nuevo orden mundial? ¿De qué tamaño será la crisis que sobrevendrá? ¿Quiénes y cómo sobrevivirán a ella y a todo?

Miles de preguntas y muy pocas o ninguna respuesta que satisfaga, pero algo es cierto: por grande que sea la crisis, la humanidad saldrá fortalecida y tal vez entonces comprenderemos lo que nos quiso decir Orwell cuando escribió 1984.


bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli


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