/ miércoles 17 de julio de 2019

El racismo en la agenda electoral de EU

Pensando un poco en retrospectiva, mi mente llega al año 2008, mismo que en términos de tiempo se me hace ya un poco lejano, pero pensando en lo sucedido en estos once años, lo siento abrumadoramente distante.

En aquel año, había campañas electorales en Estados Unidos en las que ni el demócrata, ni el republicano, iban en busca de la reelección, ya que George W. Bush, quien fue el presidente número 43 de ese país, concluía en ese entonces su segundo período presidencial. La competencia era entre el demócrata Barack Obama, de origen afroamericano y el republicano John McCain, quien con todo lo conservador que pudiera ser un héroe de guerra de ese partido y aun con su avanzada edad (72 años), fue un interesante personaje de tendencia liberal.

Esos eran tiempos difíciles, dado que comenzaba una crisis global que tan sólo en México trajo un decrecimiento de la economía más allá del menos cinco por ciento; en tanto el sector inmobiliario en Estados Unidos se iba a la quiebra, millones de personas perdían su patrimonio y el desempleo crecía de forma preocupante.

Fue en un contexto de tal naturaleza, a lo que se sumaba un rechazo a varios años en guerra contra el terrorismo, que los estadounidenses al acudir a las urnas el martes 4 de noviembre de 2008, votaron mayoritariamente por el primer presidente de origen afroamericano de su historia, Barack Obama, con lo que se daba un giro sin precedentes a la política de ese país.

Era algo que resultaba una suerte de bocanada de aire fresco, ya que más allá de cualquier consideración de tipo racial, Barack Obama y su esposa Michelle, ambos de un estilo sano, desenfadado y carismático, hicieron de la Casa Blanca una suerte de hogar en el que los visitantes durante ocho años se sintieron bienvenidos, algo a lo que se sumó una importante recuperación de la economía de Estados Unidos tras la crisis de 2008-2009.

Es por eso, que hoy muchos se preguntan ¿qué fue lo que pasó? ¿qué hizo que un personaje como Donald Trump llegara a la Presidencia con su carga de racismo y confrontación?

Evidentemente, este personaje de piel de aspecto anaranjado, supo tocar fibras en una parte del electorado estadounidense que, durante años de corrección política con minorías, llegó a sentirse relegado, los sectores de raza blanca más desposeídos, ajenos a Beverly Hills, en Los Ángeles o la Quinta Avenida en Nueva York.

Trump supo llegarle a campesinos, obreros e incluso a desempleados, además de aquellos sectores racistas e intolerantes que durante años se habían mantenido medianamente tras bambalinas y con la llegada de este controvertido empresario a la Casa Blanca, decidieron que no tendrían por qué guardar por más tiempo un bajo perfil. En el 2016 llegaron los tiempos en que el Ku Klux Klan volvió a sacar sus túnicas blancas y al parecer no tienen intención de guardarlas en algún tiempo.

En tal contexto desde su llegada al poder, ahora Trump, ya envalentonado con el hecho de ser el personaje más poderoso del mundo, al ostentar la Presidencia de la principal potencia global, Donald Trump no guarda el más mínimo decoro en sus expresiones racistas y no duda incluso en atacar a legisladoras demócratas de diferentes orígenes étnicos, a las que dice que vuelvan a sus países para enseñarles a retomar el rumbo y que no manden más inmigrantes a Estados Unidos.

Por supuesto Trump no toma en cuenta que, si bien tienen orígenes diversos, se trata de legisladoras nacidas en Estados Unidos y que al igual que él, son sus ancestros los que migraron a territorio estadounidense. Pero eso es algo que el actual mandatario no toma en cuenta, menos si se trata de usar el racismo como herramienta electoral. Como una muy lamentable herramienta electoral.


FB: YolandaDeLaTorreV

Tw: @Yoladelatorre

Pensando un poco en retrospectiva, mi mente llega al año 2008, mismo que en términos de tiempo se me hace ya un poco lejano, pero pensando en lo sucedido en estos once años, lo siento abrumadoramente distante.

En aquel año, había campañas electorales en Estados Unidos en las que ni el demócrata, ni el republicano, iban en busca de la reelección, ya que George W. Bush, quien fue el presidente número 43 de ese país, concluía en ese entonces su segundo período presidencial. La competencia era entre el demócrata Barack Obama, de origen afroamericano y el republicano John McCain, quien con todo lo conservador que pudiera ser un héroe de guerra de ese partido y aun con su avanzada edad (72 años), fue un interesante personaje de tendencia liberal.

Esos eran tiempos difíciles, dado que comenzaba una crisis global que tan sólo en México trajo un decrecimiento de la economía más allá del menos cinco por ciento; en tanto el sector inmobiliario en Estados Unidos se iba a la quiebra, millones de personas perdían su patrimonio y el desempleo crecía de forma preocupante.

Fue en un contexto de tal naturaleza, a lo que se sumaba un rechazo a varios años en guerra contra el terrorismo, que los estadounidenses al acudir a las urnas el martes 4 de noviembre de 2008, votaron mayoritariamente por el primer presidente de origen afroamericano de su historia, Barack Obama, con lo que se daba un giro sin precedentes a la política de ese país.

Era algo que resultaba una suerte de bocanada de aire fresco, ya que más allá de cualquier consideración de tipo racial, Barack Obama y su esposa Michelle, ambos de un estilo sano, desenfadado y carismático, hicieron de la Casa Blanca una suerte de hogar en el que los visitantes durante ocho años se sintieron bienvenidos, algo a lo que se sumó una importante recuperación de la economía de Estados Unidos tras la crisis de 2008-2009.

Es por eso, que hoy muchos se preguntan ¿qué fue lo que pasó? ¿qué hizo que un personaje como Donald Trump llegara a la Presidencia con su carga de racismo y confrontación?

Evidentemente, este personaje de piel de aspecto anaranjado, supo tocar fibras en una parte del electorado estadounidense que, durante años de corrección política con minorías, llegó a sentirse relegado, los sectores de raza blanca más desposeídos, ajenos a Beverly Hills, en Los Ángeles o la Quinta Avenida en Nueva York.

Trump supo llegarle a campesinos, obreros e incluso a desempleados, además de aquellos sectores racistas e intolerantes que durante años se habían mantenido medianamente tras bambalinas y con la llegada de este controvertido empresario a la Casa Blanca, decidieron que no tendrían por qué guardar por más tiempo un bajo perfil. En el 2016 llegaron los tiempos en que el Ku Klux Klan volvió a sacar sus túnicas blancas y al parecer no tienen intención de guardarlas en algún tiempo.

En tal contexto desde su llegada al poder, ahora Trump, ya envalentonado con el hecho de ser el personaje más poderoso del mundo, al ostentar la Presidencia de la principal potencia global, Donald Trump no guarda el más mínimo decoro en sus expresiones racistas y no duda incluso en atacar a legisladoras demócratas de diferentes orígenes étnicos, a las que dice que vuelvan a sus países para enseñarles a retomar el rumbo y que no manden más inmigrantes a Estados Unidos.

Por supuesto Trump no toma en cuenta que, si bien tienen orígenes diversos, se trata de legisladoras nacidas en Estados Unidos y que al igual que él, son sus ancestros los que migraron a territorio estadounidense. Pero eso es algo que el actual mandatario no toma en cuenta, menos si se trata de usar el racismo como herramienta electoral. Como una muy lamentable herramienta electoral.


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