/ miércoles 25 de marzo de 2020

El remedio será peor que la enfermedad

A diferencia de las anteriores crisis económicas que nos han tocado vivir, ésta será de mucho mayor calado: afectará tanto a la oferta como a la demanda y tanto a la hacienda pública como al patrimonio de las familias y de las empresas.

Uno. Afectará a la oferta, por la interrupción de las cadenas de producción de una economía cada vez mas globalizada. El desabasto de insumos afectará la capacidad productiva de las empresas globales, como las armadoras de vehículos, maquinaria, industria aeroespacial, de tecnología, etc.

Dos. Se afectará la demanda. La cuarentena, no salir de nuestra casa durante este período, colapsará el consumo como no lo hemos visto en nuestra vida. Los sectores económicos más afectados serán primero el turismo (que representa el 14 por ciento del PIB) con la suspensión de viajes, vuelos, eventos hoteles, restaurantes, prestadores de servicios, aerolíneas, etc. Pero también el consumo de todo bien o servicio no-relacionado con la alimentación o la salud, reducirá drásticamente su demanda.

Tres. Crisis en las finanzas del Gobierno. La disminución de la actividad económica mermará severamente la recaudación fiscal del gobierno tanto en el IVA como el ISR de personas físicas y morales.

A esto habrá que añadirle el desplome del precio de la mezcla mexicana de petróleo que estaba presupuestada a 49 usd por barril y hoy se encuentra en 15 usd. Pemex tiene altas posibilidades de perder su grado de inversión y su deuda de 105 mil millones de dólares se convertirá en bonos chatarra encareciendo el servicio de esa gigantesca deuda.

La economía del país ya venía mal y con esto se irá a terapia intensiva. Por eso el presidente López Obrador debe cancelar obras no iniciadas o no prioritarias en este momento como la construcción de dos mil 700 sucursales del Banco de Bienestar o el tren Maya.

Estos recursos se deben destinar para apoyar a las personas que viven al día y que no tendrán ingresos.

Cuatro. Se afectará el patrimonio de las empresas y las familias. El saldo final, es la pérdida total de la confianza en nuestro país, a raíz del vanidoso comportamiento del presidente López Obrador, que genera confusión, desconfianza y polarización.

Su actuación no abona a la construcción de una conciencia social sobre la gravedad de la crisis y su obstinación de cancelar proyectos de inversión multimillonarios mediante consultas patito han borrado todo interés de la comunidad internacional para invertir en nuestro país cuando salgamos de este patético episodio nacional.

A diferencia de las anteriores crisis económicas que nos han tocado vivir, ésta será de mucho mayor calado: afectará tanto a la oferta como a la demanda y tanto a la hacienda pública como al patrimonio de las familias y de las empresas.

Uno. Afectará a la oferta, por la interrupción de las cadenas de producción de una economía cada vez mas globalizada. El desabasto de insumos afectará la capacidad productiva de las empresas globales, como las armadoras de vehículos, maquinaria, industria aeroespacial, de tecnología, etc.

Dos. Se afectará la demanda. La cuarentena, no salir de nuestra casa durante este período, colapsará el consumo como no lo hemos visto en nuestra vida. Los sectores económicos más afectados serán primero el turismo (que representa el 14 por ciento del PIB) con la suspensión de viajes, vuelos, eventos hoteles, restaurantes, prestadores de servicios, aerolíneas, etc. Pero también el consumo de todo bien o servicio no-relacionado con la alimentación o la salud, reducirá drásticamente su demanda.

Tres. Crisis en las finanzas del Gobierno. La disminución de la actividad económica mermará severamente la recaudación fiscal del gobierno tanto en el IVA como el ISR de personas físicas y morales.

A esto habrá que añadirle el desplome del precio de la mezcla mexicana de petróleo que estaba presupuestada a 49 usd por barril y hoy se encuentra en 15 usd. Pemex tiene altas posibilidades de perder su grado de inversión y su deuda de 105 mil millones de dólares se convertirá en bonos chatarra encareciendo el servicio de esa gigantesca deuda.

La economía del país ya venía mal y con esto se irá a terapia intensiva. Por eso el presidente López Obrador debe cancelar obras no iniciadas o no prioritarias en este momento como la construcción de dos mil 700 sucursales del Banco de Bienestar o el tren Maya.

Estos recursos se deben destinar para apoyar a las personas que viven al día y que no tendrán ingresos.

Cuatro. Se afectará el patrimonio de las empresas y las familias. El saldo final, es la pérdida total de la confianza en nuestro país, a raíz del vanidoso comportamiento del presidente López Obrador, que genera confusión, desconfianza y polarización.

Su actuación no abona a la construcción de una conciencia social sobre la gravedad de la crisis y su obstinación de cancelar proyectos de inversión multimillonarios mediante consultas patito han borrado todo interés de la comunidad internacional para invertir en nuestro país cuando salgamos de este patético episodio nacional.

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