/ domingo 1 de noviembre de 2020

El reto de la diplomacia mexicana

El encontronazo Trump-Biden está en su cénit. El “súper martes” ha llegado y se prevé una participación electoral histórica, semejable a la que llevó a Barack Obama a la Casa Blanca el 20 de enero de 2009. Sin embargo, también existe la posibilidad de que los resultados sean tan cerrados que el desenlace demore unas semanas, poniendo a prueba una vez más la madurez democrática de la nación estadounidense.

Nuestro país evidentemente mantiene especial atención a lo que suceda, pues además de tratarse de su principal socio comercial, existen múltiples temas en la agenda bilateral que deben abordarse con urgencia. Y para ello el Servicio Exterior Mexicano (SEM) define estrategias con base en el perfil del nuevo Poder Ejecutivo de aquella nación.

¿El triunfo del vicepresidente Joe Biden significaría para México empezar de cero?

Es entendible que se abrirá un espacio de ajuste tras lo realizado por el presidente mexicano durante el mandato de Donald Trump, pero la relación bilateral es mucho más grande e importante y los requerimientos se imponen sobre otros criterios, por lo que la labor de la diplomacia mexicana ocupa un lugar central.

En ese sentido, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, mantiene puentes de comunicación con el Partido Demócrata que serán de gran utilidad para rencausar la relación bilateral y no empezar de cero.

Además, el Tratado Comercial de México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no es en forma alguna ajeno a los demócratas quienes, a través de liderazgos como el de la representante Nancy Pelosi, impulsaron y aprobaron gran parte del contenido del Anexo 23-A, que contempla obligaciones solo para la parte mexicana.

De ahí que rumbo al 2025, cuando vendrá la primera revisión de compromisos adquiridos en el T-MEC, el gobierno, empresarios, sindicatos y autoridades judiciales mexicanas deben implementar a cabalidad los ocho derechos laborales abarcados en dicho anexo y garantizar su pleno cumplimiento.

Ello no cancela la posibilidad de que en cualquier momento el gobierno estadounidense, a petición de una empresa y/o sindicato, pueda denunciar el beneficio económico ilegal percibido por alguna empresa mexicana con base en una estructura de costos abaratada por la inobservancia de prestaciones laborales, lo cual de no atender oportuna y correctamente podría desembocar en la prohibición del comercio en Estados Unidos del producto mexicano señalado, trayendo consigo graves consecuencias a la maltrecha economía nacional.

México está iniciando una nueva y más compleja relación con Estados Unidos y Canadá, que requiere todo el empeño del SEM y de los diplomáticos de carrera en la representación y defensa de los intereses nacionales.

La sucesión de hechos ha confirmado la pertinencia de acatar en todo momento y en toda acción los principios de política exterior enmarcados en el artículo 89 constitucional, pues en ellos se recoge la experiencia histórica de nuestro país y la mayor garantía de respeto a nuestra soberanía nacional.

@jlcamachov


El encontronazo Trump-Biden está en su cénit. El “súper martes” ha llegado y se prevé una participación electoral histórica, semejable a la que llevó a Barack Obama a la Casa Blanca el 20 de enero de 2009. Sin embargo, también existe la posibilidad de que los resultados sean tan cerrados que el desenlace demore unas semanas, poniendo a prueba una vez más la madurez democrática de la nación estadounidense.

Nuestro país evidentemente mantiene especial atención a lo que suceda, pues además de tratarse de su principal socio comercial, existen múltiples temas en la agenda bilateral que deben abordarse con urgencia. Y para ello el Servicio Exterior Mexicano (SEM) define estrategias con base en el perfil del nuevo Poder Ejecutivo de aquella nación.

¿El triunfo del vicepresidente Joe Biden significaría para México empezar de cero?

Es entendible que se abrirá un espacio de ajuste tras lo realizado por el presidente mexicano durante el mandato de Donald Trump, pero la relación bilateral es mucho más grande e importante y los requerimientos se imponen sobre otros criterios, por lo que la labor de la diplomacia mexicana ocupa un lugar central.

En ese sentido, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, mantiene puentes de comunicación con el Partido Demócrata que serán de gran utilidad para rencausar la relación bilateral y no empezar de cero.

Además, el Tratado Comercial de México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no es en forma alguna ajeno a los demócratas quienes, a través de liderazgos como el de la representante Nancy Pelosi, impulsaron y aprobaron gran parte del contenido del Anexo 23-A, que contempla obligaciones solo para la parte mexicana.

De ahí que rumbo al 2025, cuando vendrá la primera revisión de compromisos adquiridos en el T-MEC, el gobierno, empresarios, sindicatos y autoridades judiciales mexicanas deben implementar a cabalidad los ocho derechos laborales abarcados en dicho anexo y garantizar su pleno cumplimiento.

Ello no cancela la posibilidad de que en cualquier momento el gobierno estadounidense, a petición de una empresa y/o sindicato, pueda denunciar el beneficio económico ilegal percibido por alguna empresa mexicana con base en una estructura de costos abaratada por la inobservancia de prestaciones laborales, lo cual de no atender oportuna y correctamente podría desembocar en la prohibición del comercio en Estados Unidos del producto mexicano señalado, trayendo consigo graves consecuencias a la maltrecha economía nacional.

México está iniciando una nueva y más compleja relación con Estados Unidos y Canadá, que requiere todo el empeño del SEM y de los diplomáticos de carrera en la representación y defensa de los intereses nacionales.

La sucesión de hechos ha confirmado la pertinencia de acatar en todo momento y en toda acción los principios de política exterior enmarcados en el artículo 89 constitucional, pues en ellos se recoge la experiencia histórica de nuestro país y la mayor garantía de respeto a nuestra soberanía nacional.

@jlcamachov