/ viernes 13 de octubre de 2023

El sonidero; patrimonio de la humanidad 

¿Será verdad que moverse es estar vivo y lo que no se mueve, está muerto? La danza es parte de la cultura de toda la humanidad. Decía mi profesor Froylan López Narváez que “la rumba es cultura, por que es del rumbo”. Recientemente se afirma que el reguetón ha sido superado por los corridos tumbados en la popularidad de las plataformas musicales; pero ninguno de estos géneros es patrimonio de la humanidad. El sonidero sí, y es “el papá de los pollitos”.

La identidad es lo más importante para cualquier actividad “como cualquier negocio, cada sonidero adoptó un nombre con el que daba a conocer su negocio: Sonido Cóndor, Sonido la Changa, Sonido Canada (sin acento pues no es por el país sino porque es el conjunto de los hermanos Cano, la Canada), Sonorámico, Pancho, La Conga, Fascinación, África, Maracaibo, Fajardo, etc (sic)”, afirma la etnóloga Elisa Villela en su tesis de licenciatura en la Escuela Nacional de Antropología e Historia: “El movimiento sonidero en la Ciudad de México: baile, barrio y experiencia” (2013). En las nuevas generaciones el más popular es Sonido Pirata por su “ah medio metro”.

La historia del sonidero, de acuerdo con esta investigación, inicia en el barrio del Peñón de los Baños, en la capirucha, donde había aguas termales, y se practicaban baños medicinales. Ahí “los hermanos Perea, Pablo (Sonido Arcoíris) y Manuel (Sonido Fascinación) iniciaron el movimiento sonidero en los sesentas (sic). Al principio se decía que “ponían el tocadiscos”… al ir creciendo el equipo que se usaba, se fueron conociendo como “los sonidos”. Ramón Rojas, de Sonido La Changa, uno de los pioneros, dice que cuando él inició, la gente que no tenía dinero para irse a bailar al Salón México iban a buscar a los sonideros, y que ellos cobraban un peso a las parejas que iban a bailar”.

En el sonidero hay un conjunto de rituales de comunicación, que van desde los saludos por parte del DJ en los bailes, hasta las bardas que muestran la publicidad e identidad de las agrupaciones en las paredes o pedazos de papel. Con respecto a los “saludos” hay opiniones encontradas. Son populares en los grupos del gabacho, en consecuencia, con la migración. De acuerdo con una investigación de la Universidad de Illinois por parte de Cathy Ragland “habla sobre la transnacionalidad de los sonideros… los asistentes a estos bailes que se encuentran de aquel lado de la frontera, buscan que los sonideros den un saludo a algún familiar que se encuentra en su ciudad de origen”.

Como cualquier actividad humana también existen “aspectos negativos de los eventos es precisamente la presencia del alcohol y de las drogas, la violencia y los pleitos entre asistentes, e incluso las envidias y groserías que hay entre dueños de sonidos, por lo que muchos consideran que el ambiente se ha ido degradando”.

Todo lo anterior porque el Gobierno de la CDMX publicó en la Gaceta Oficial (06oc) la Declaratoria de la Cultura Sonidera como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México, “la cual reafirma al Sonidero como una expresión artística auténticamente popular, nacida en los barrios y pueblos capitalinos, que promueve la cohesión social y construye el sentido de identidad de quienes forman parte de los grupos de baile y música”. La Declaratoria como Patrimonio Cultural Inmaterial, se desarrollarán proyectos para investigar y proteger al Sonidero, de la mano de la UNESCO. Pero mientras tanto las amigas y amigos lectores “no bailan, pero cómo la gozan”.


Comunicólogo político, académico de la FCPyS UNAM y Maestro en Periodismo Político @gersonmecalco


¿Será verdad que moverse es estar vivo y lo que no se mueve, está muerto? La danza es parte de la cultura de toda la humanidad. Decía mi profesor Froylan López Narváez que “la rumba es cultura, por que es del rumbo”. Recientemente se afirma que el reguetón ha sido superado por los corridos tumbados en la popularidad de las plataformas musicales; pero ninguno de estos géneros es patrimonio de la humanidad. El sonidero sí, y es “el papá de los pollitos”.

La identidad es lo más importante para cualquier actividad “como cualquier negocio, cada sonidero adoptó un nombre con el que daba a conocer su negocio: Sonido Cóndor, Sonido la Changa, Sonido Canada (sin acento pues no es por el país sino porque es el conjunto de los hermanos Cano, la Canada), Sonorámico, Pancho, La Conga, Fascinación, África, Maracaibo, Fajardo, etc (sic)”, afirma la etnóloga Elisa Villela en su tesis de licenciatura en la Escuela Nacional de Antropología e Historia: “El movimiento sonidero en la Ciudad de México: baile, barrio y experiencia” (2013). En las nuevas generaciones el más popular es Sonido Pirata por su “ah medio metro”.

La historia del sonidero, de acuerdo con esta investigación, inicia en el barrio del Peñón de los Baños, en la capirucha, donde había aguas termales, y se practicaban baños medicinales. Ahí “los hermanos Perea, Pablo (Sonido Arcoíris) y Manuel (Sonido Fascinación) iniciaron el movimiento sonidero en los sesentas (sic). Al principio se decía que “ponían el tocadiscos”… al ir creciendo el equipo que se usaba, se fueron conociendo como “los sonidos”. Ramón Rojas, de Sonido La Changa, uno de los pioneros, dice que cuando él inició, la gente que no tenía dinero para irse a bailar al Salón México iban a buscar a los sonideros, y que ellos cobraban un peso a las parejas que iban a bailar”.

En el sonidero hay un conjunto de rituales de comunicación, que van desde los saludos por parte del DJ en los bailes, hasta las bardas que muestran la publicidad e identidad de las agrupaciones en las paredes o pedazos de papel. Con respecto a los “saludos” hay opiniones encontradas. Son populares en los grupos del gabacho, en consecuencia, con la migración. De acuerdo con una investigación de la Universidad de Illinois por parte de Cathy Ragland “habla sobre la transnacionalidad de los sonideros… los asistentes a estos bailes que se encuentran de aquel lado de la frontera, buscan que los sonideros den un saludo a algún familiar que se encuentra en su ciudad de origen”.

Como cualquier actividad humana también existen “aspectos negativos de los eventos es precisamente la presencia del alcohol y de las drogas, la violencia y los pleitos entre asistentes, e incluso las envidias y groserías que hay entre dueños de sonidos, por lo que muchos consideran que el ambiente se ha ido degradando”.

Todo lo anterior porque el Gobierno de la CDMX publicó en la Gaceta Oficial (06oc) la Declaratoria de la Cultura Sonidera como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México, “la cual reafirma al Sonidero como una expresión artística auténticamente popular, nacida en los barrios y pueblos capitalinos, que promueve la cohesión social y construye el sentido de identidad de quienes forman parte de los grupos de baile y música”. La Declaratoria como Patrimonio Cultural Inmaterial, se desarrollarán proyectos para investigar y proteger al Sonidero, de la mano de la UNESCO. Pero mientras tanto las amigas y amigos lectores “no bailan, pero cómo la gozan”.


Comunicólogo político, académico de la FCPyS UNAM y Maestro en Periodismo Político @gersonmecalco