/ martes 11 de enero de 2022

El valor de denunciar

La denuncia, con todas sus insuficiencias, es la mejor herramienta con la que contamos los ciudadanos. Deja constancia de aquello que nos afecta y es el principio para reducir la impunidad en la comisión de los delitos o de conductas antisociales que lastiman el tejido social.


Es difícil que una comunidad no sepa cuáles son los problemas cotidianos que enfrenta, en particular aquellos relacionados con su tranquilidad; puede que los años en que no tuvimos repuesta a los reclamos legítimos que hacíamos a nuestras autoridades nos convencieran de que hacernos escuchar era una pérdida de tiempo, cuando es todo lo contrario, solo si ejercemos el derecho ciudadano de denunciar podemos obtener los resultados que queremos.


Para el delincuente la falta de denuncia es la cobertura de impunidad ideal y le permite continuar con su actividad ilícita, más si emplea el miedo y las represalias contra un ciudadano, con lo cual consigue enviar el mensaje de miedo que desea infundir; sin embargo, es poco probable que lo logre frente a toda una comunidad. Es la unión que hace la fuerza, pero también es lo que trae la paz.


Durante los últimos años las vías de denuncia se han hecho más sencillas y han crecido en número, lo mismo ha ocurrido con la posibilidad de exponer los problemas públicos por medio de la tecnología, así que el siguiente paso es una mejor organización cívica que ayude a las autoridades a contar con los elementos para actuar.


Desde el nivel municipal y hacia arriba, las y los ciudadanos tenemos la oportunidad de compartir lo que ocurre en barrios y colonias, aportar información útil y hasta de inteligencia, que pueda derivar en buenas investigaciones y en la aplicación de la justicia.


Estamos más cerca que nunca de autoridades que deben comunicarse con la sociedad a través de redes sociales, por ejemplo, para compartir sus acciones y sus propuestas. Usemos estos canales para hacerlo e insistamos como una forma de participación social permanente.


Sé que muchos considerarán que son ejercicios que no funcionan, aunque en defensa de la presión social correcta está el hecho de que debemos denunciar con constancia y no rendirnos al primer intento que no recibe atención.


Denunciar es enfocar las tareas de las autoridades en los problemas y dar luz a actividades ilegales a las que les conviene el mayor grado de obscuridad. Es una labor que lleva tiempo y la persistencia es fundamental.


Lograr romper vínculos de complicidad requiere del señalamiento organizado de las y los ciudadanos. No es un lugar común que somos una sociedad con valores y principios, que en número superamos a quienes afectan nuestro buen y bien vivir, lo que pasa es que no estamos organizados de manera eficiente.


Por eso la confianza es clave para que las buenas autoridades e instituciones puedan contar con la cooperación de las comunidades que están dedicadas a proteger. Siempre que existen un acuerdo civil entre la ciudadanía y las autoridades, la actuación de la delincuencia se debilita.


Es ir hacia una ruta de paz y tranquilidad, por medio de la cohesión social y la prevención, para que la seguridad no se resuelva con decisiones que afecten libertades o pongan por encima el enfrentamiento.


La coordinación entre sociedad y gobierno es requisito para que, juntos, podamos resolver los reclamos más urgentes que todos los ciudadanos tenemos. Construir esos puentes de confianza, con voluntad y compromiso de quienes buscamos la paz y la tranquilidad, desde el espacio en que nos encontremos, asegurará el futuro que deseamos y merecemos.


Comisionado del Servicio de Protección Federal


La denuncia, con todas sus insuficiencias, es la mejor herramienta con la que contamos los ciudadanos. Deja constancia de aquello que nos afecta y es el principio para reducir la impunidad en la comisión de los delitos o de conductas antisociales que lastiman el tejido social.


Es difícil que una comunidad no sepa cuáles son los problemas cotidianos que enfrenta, en particular aquellos relacionados con su tranquilidad; puede que los años en que no tuvimos repuesta a los reclamos legítimos que hacíamos a nuestras autoridades nos convencieran de que hacernos escuchar era una pérdida de tiempo, cuando es todo lo contrario, solo si ejercemos el derecho ciudadano de denunciar podemos obtener los resultados que queremos.


Para el delincuente la falta de denuncia es la cobertura de impunidad ideal y le permite continuar con su actividad ilícita, más si emplea el miedo y las represalias contra un ciudadano, con lo cual consigue enviar el mensaje de miedo que desea infundir; sin embargo, es poco probable que lo logre frente a toda una comunidad. Es la unión que hace la fuerza, pero también es lo que trae la paz.


Durante los últimos años las vías de denuncia se han hecho más sencillas y han crecido en número, lo mismo ha ocurrido con la posibilidad de exponer los problemas públicos por medio de la tecnología, así que el siguiente paso es una mejor organización cívica que ayude a las autoridades a contar con los elementos para actuar.


Desde el nivel municipal y hacia arriba, las y los ciudadanos tenemos la oportunidad de compartir lo que ocurre en barrios y colonias, aportar información útil y hasta de inteligencia, que pueda derivar en buenas investigaciones y en la aplicación de la justicia.


Estamos más cerca que nunca de autoridades que deben comunicarse con la sociedad a través de redes sociales, por ejemplo, para compartir sus acciones y sus propuestas. Usemos estos canales para hacerlo e insistamos como una forma de participación social permanente.


Sé que muchos considerarán que son ejercicios que no funcionan, aunque en defensa de la presión social correcta está el hecho de que debemos denunciar con constancia y no rendirnos al primer intento que no recibe atención.


Denunciar es enfocar las tareas de las autoridades en los problemas y dar luz a actividades ilegales a las que les conviene el mayor grado de obscuridad. Es una labor que lleva tiempo y la persistencia es fundamental.


Lograr romper vínculos de complicidad requiere del señalamiento organizado de las y los ciudadanos. No es un lugar común que somos una sociedad con valores y principios, que en número superamos a quienes afectan nuestro buen y bien vivir, lo que pasa es que no estamos organizados de manera eficiente.


Por eso la confianza es clave para que las buenas autoridades e instituciones puedan contar con la cooperación de las comunidades que están dedicadas a proteger. Siempre que existen un acuerdo civil entre la ciudadanía y las autoridades, la actuación de la delincuencia se debilita.


Es ir hacia una ruta de paz y tranquilidad, por medio de la cohesión social y la prevención, para que la seguridad no se resuelva con decisiones que afecten libertades o pongan por encima el enfrentamiento.


La coordinación entre sociedad y gobierno es requisito para que, juntos, podamos resolver los reclamos más urgentes que todos los ciudadanos tenemos. Construir esos puentes de confianza, con voluntad y compromiso de quienes buscamos la paz y la tranquilidad, desde el espacio en que nos encontremos, asegurará el futuro que deseamos y merecemos.


Comisionado del Servicio de Protección Federal