/ viernes 17 de mayo de 2024

Elecciones 2024: Mucho ataque y pocas respuestas

por Diana Ramos Osornio

Las elecciones presidenciales de este año han revelado un preocupante nivel de violencia. Tanto en los medios de comunicación tradicionales como en las redes sociales, hemos observado cómo los simpatizantes de cada partido atacan violentamente a aquellos que no comparten su postura electoral. Además, la agresividad entre los propios candidatos es evidente. Por ejemplo, la candidata de la Coalición Fuerza y Corazón por México ha llegado a llamar “Narcocandidata” a la candidata de la coalición Juntos Haciendo Historia sin presentar evidencia contundente para sustentar tal afirmación. Si bien estas tácticas pueden ser vistas como estrategias políticas, debemos preguntarnos: ¿es más importante la estrategia política que disminuir la violencia?

En el actual clima electoral, los ataques personales y las descalificaciones han reemplazado las discusiones sobre políticas y propuestas que el país realmente necesita. Este fenómeno no es nuevo, pero su prevalencia y la intensidad con la que se manifiesta parecen haber alcanzado un nuevo pico. Las redes sociales amplifican estos conflictos, convirtiéndose en campos de batalla donde las palabras son armas y las campañas de desinformación son tácticas comunes. Esto desvirtúa el propósito fundamental de una campaña electoral: presentar y debatir ideas para el futuro del país.

Es crucial reconocer que, como ciudadanos, tenemos la capacidad y la responsabilidad de frenar la violencia, no solo en el ámbito electoral, sino en todos los aspectos de nuestra vida. La perpetuación de la violencia política tiene consecuencias profundas y duraderas. Destruye la confianza en el proceso democrático, disuade la participación política y refuerza un ciclo de hostilidad y división. Como ciudadanos, debemos exigir a nuestros líderes y a nosotros mismos reflexión crítica, respeto, y responsabilidad hacia el otro.

Después del 3 de junio, los partidos tendrán que colaborar para gobernar, y es imperativo que lo hagan en un ambiente de respeto y cooperación. La política no debe ser una guerra mediática; debe ser un ejercicio de negociación y compromiso en beneficio de todas y todos.

Candidatas y candidato a la presidencia de México: la construcción de paz es crucial para nuestro país, muestren con ejemplo en sus discursos, propuestas y acciones. Políticos que ofenden a otros políticos para ganar a una audiencia solo muestran su poco interés genuino en mejorar nuestra sociedad.

por Diana Ramos Osornio

Las elecciones presidenciales de este año han revelado un preocupante nivel de violencia. Tanto en los medios de comunicación tradicionales como en las redes sociales, hemos observado cómo los simpatizantes de cada partido atacan violentamente a aquellos que no comparten su postura electoral. Además, la agresividad entre los propios candidatos es evidente. Por ejemplo, la candidata de la Coalición Fuerza y Corazón por México ha llegado a llamar “Narcocandidata” a la candidata de la coalición Juntos Haciendo Historia sin presentar evidencia contundente para sustentar tal afirmación. Si bien estas tácticas pueden ser vistas como estrategias políticas, debemos preguntarnos: ¿es más importante la estrategia política que disminuir la violencia?

En el actual clima electoral, los ataques personales y las descalificaciones han reemplazado las discusiones sobre políticas y propuestas que el país realmente necesita. Este fenómeno no es nuevo, pero su prevalencia y la intensidad con la que se manifiesta parecen haber alcanzado un nuevo pico. Las redes sociales amplifican estos conflictos, convirtiéndose en campos de batalla donde las palabras son armas y las campañas de desinformación son tácticas comunes. Esto desvirtúa el propósito fundamental de una campaña electoral: presentar y debatir ideas para el futuro del país.

Es crucial reconocer que, como ciudadanos, tenemos la capacidad y la responsabilidad de frenar la violencia, no solo en el ámbito electoral, sino en todos los aspectos de nuestra vida. La perpetuación de la violencia política tiene consecuencias profundas y duraderas. Destruye la confianza en el proceso democrático, disuade la participación política y refuerza un ciclo de hostilidad y división. Como ciudadanos, debemos exigir a nuestros líderes y a nosotros mismos reflexión crítica, respeto, y responsabilidad hacia el otro.

Después del 3 de junio, los partidos tendrán que colaborar para gobernar, y es imperativo que lo hagan en un ambiente de respeto y cooperación. La política no debe ser una guerra mediática; debe ser un ejercicio de negociación y compromiso en beneficio de todas y todos.

Candidatas y candidato a la presidencia de México: la construcción de paz es crucial para nuestro país, muestren con ejemplo en sus discursos, propuestas y acciones. Políticos que ofenden a otros políticos para ganar a una audiencia solo muestran su poco interés genuino en mejorar nuestra sociedad.