/ jueves 10 de mayo de 2018

En chino

El sábado 5 de mayo, aniversario de la batalla de Puebla, la militancia del PRD celebró su 29 aniversario de vida política en el monumento a la Revolución siendo uno de los oradores principales Ricardo Anaya. El PRD es un partido de izquierda democrático y toda la estructura de ese partido, conforme a sus Estatutos, se basa en episodios históricos de lucha contra el colonialismo, en las guerras de Independencia y de Reforma y en la Revolución Mexicana. De la guerra de Reforma ha heredado la constitución del Estado laico y liberal y la defensa de los valores enarbolados principalmente por Benito Juárez. Aquí me detengo y remito al lector a la Declaración de Principios de dicho partido, lo cual hago porque basta y sobra con lo señalado para entender lo absurdo y contradictorio de una alianza de fondo, y no sólo de forma estratégica para ganar votos, con el PAN -un partido de derecha- o con su candidato a la Presidencia de la República. Alianza que para millones de mexicanos está literalmente “en chino”, como se dice coloquialmente.

Abundan articulistas y comentaristas de radio y televisión -que por cierto se erigen en jueces absolutos de lo que pasa en la lid electoral, con sentencia inapelable que rebasa la llana noticia-, politólogos o pseudo politólogos que pregonan a los cuatro vientos la alianza, vinculación o como quiera que se llame de dos partidos, fuerzas políticas o candidatos de ideologías diametralmente opuestas, que pasan olímpicamente por alto la identidad o identificación que debe haber, la congruencia, entre aquéllos y quienes los apoyan en un sentido u otro. Quieren juntar el agua con el aceite haciendo una mezcla electoral y política deleznable. Se utiliza aquí torcidamente el principio de que el fin justifica los medios, olvidando que nunca, jamás, lo propuso Maquiavelo. Y no hay sino que consultar El Príncipe para ver y entender con claridad que el florentino no dijo o sostuvo eso. Fue en cambio Napoleón Bonaparte, quien en la última página de su ejemplar de El Príncipe, anotó tal. Fin y medios se identifican en la ética política o, según lo escribiera el jurista y filósofo Max Weber en La Política como Vocación (en Sociología de las Políticas y Gobierno), “el medio lleva implícito el fin”. Son una unidad. Y coincido con Weber en que el político no es un santo, ni tampoco tiene por qué serlo, lo que no lo excluye de un compromiso ético. O sea, política sin ética congruente es un fracaso que no guarda relación con el ideal democrático, además de que propicia la demagogia.

¿En tal virtud cómo conciliarse, coincidir, los ideales políticos del PRD con los del PAN? El elector tiene el derecho y la obligación -artículos 35 y 36 constitucionales- de elegir para votar, pero no es democrático ni político que lo confundan con mezcolanzas confusas y hasta ridículas. El principio lógico y filosófico de no contradicción que se remonta a la filosofía clásica, de acuerdo con el que una proposición y su negación (PRD y PAN o viceversa) no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido, se extiende hasta el terreno de la política. El PRD no es idéntico al PAN ni el PAN al PRD (principio de identidad). Y negarlo entraña un engaño en que se afirma que algo es y no es al mismo tiempo y en el mismo sentido. En suma, que no quieran hacernos ver moros con tranchetes. Bastante confusión hay en el país para que en el colmo de la incertidumbre algunos hagan malabarismo político, disfrazado de estrategia conveniente y necesaria para ganar votos y vencer al enemigo común.

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El sábado 5 de mayo, aniversario de la batalla de Puebla, la militancia del PRD celebró su 29 aniversario de vida política en el monumento a la Revolución siendo uno de los oradores principales Ricardo Anaya. El PRD es un partido de izquierda democrático y toda la estructura de ese partido, conforme a sus Estatutos, se basa en episodios históricos de lucha contra el colonialismo, en las guerras de Independencia y de Reforma y en la Revolución Mexicana. De la guerra de Reforma ha heredado la constitución del Estado laico y liberal y la defensa de los valores enarbolados principalmente por Benito Juárez. Aquí me detengo y remito al lector a la Declaración de Principios de dicho partido, lo cual hago porque basta y sobra con lo señalado para entender lo absurdo y contradictorio de una alianza de fondo, y no sólo de forma estratégica para ganar votos, con el PAN -un partido de derecha- o con su candidato a la Presidencia de la República. Alianza que para millones de mexicanos está literalmente “en chino”, como se dice coloquialmente.

Abundan articulistas y comentaristas de radio y televisión -que por cierto se erigen en jueces absolutos de lo que pasa en la lid electoral, con sentencia inapelable que rebasa la llana noticia-, politólogos o pseudo politólogos que pregonan a los cuatro vientos la alianza, vinculación o como quiera que se llame de dos partidos, fuerzas políticas o candidatos de ideologías diametralmente opuestas, que pasan olímpicamente por alto la identidad o identificación que debe haber, la congruencia, entre aquéllos y quienes los apoyan en un sentido u otro. Quieren juntar el agua con el aceite haciendo una mezcla electoral y política deleznable. Se utiliza aquí torcidamente el principio de que el fin justifica los medios, olvidando que nunca, jamás, lo propuso Maquiavelo. Y no hay sino que consultar El Príncipe para ver y entender con claridad que el florentino no dijo o sostuvo eso. Fue en cambio Napoleón Bonaparte, quien en la última página de su ejemplar de El Príncipe, anotó tal. Fin y medios se identifican en la ética política o, según lo escribiera el jurista y filósofo Max Weber en La Política como Vocación (en Sociología de las Políticas y Gobierno), “el medio lleva implícito el fin”. Son una unidad. Y coincido con Weber en que el político no es un santo, ni tampoco tiene por qué serlo, lo que no lo excluye de un compromiso ético. O sea, política sin ética congruente es un fracaso que no guarda relación con el ideal democrático, además de que propicia la demagogia.

¿En tal virtud cómo conciliarse, coincidir, los ideales políticos del PRD con los del PAN? El elector tiene el derecho y la obligación -artículos 35 y 36 constitucionales- de elegir para votar, pero no es democrático ni político que lo confundan con mezcolanzas confusas y hasta ridículas. El principio lógico y filosófico de no contradicción que se remonta a la filosofía clásica, de acuerdo con el que una proposición y su negación (PRD y PAN o viceversa) no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido, se extiende hasta el terreno de la política. El PRD no es idéntico al PAN ni el PAN al PRD (principio de identidad). Y negarlo entraña un engaño en que se afirma que algo es y no es al mismo tiempo y en el mismo sentido. En suma, que no quieran hacernos ver moros con tranchetes. Bastante confusión hay en el país para que en el colmo de la incertidumbre algunos hagan malabarismo político, disfrazado de estrategia conveniente y necesaria para ganar votos y vencer al enemigo común.

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