/ sábado 12 de octubre de 2019

Entre piernas y telones

Ricardo III

Hugo Hernández

Hace algunos meses se presentó en la ciudad de México El bien del país, una maravillosa obra escrita por Timberlake Wertenbaker, en la que se cuenta el siguiente hecho histórico: en 1788 un grupo de convictos montó la primera obra que se representó en el lejanísimo Sidney, entonces dominado por los ingleses.

El bien del país era un canto de amor por el teatro, en el que veíamos cómo la vida de aquellos reclusos era impactada de manera muy positiva por su actividad escénica.

El recuerdo de aquel memorable montaje viene a mi mente al ver en escena el milagro teatral que significa la puesta en escena de Ricardo III, que internos de la Compañía de Teatro Penitenciario de Santa Martha Acatitla presentan los viernes de octubre en el foro Shakespeare, que con esta temporada cerrará definitivamente actividades para someterse a su tan anunciada cirugía mayor.

Este grupo de teatro comenzó a trabajar hace cerca de una década de la mano de la actriz y directora Itari Marta. Luego de meses de preparación estrenaron Ricardo III en funciones dentro del citado penal, principalmente para los internos y algunos invitados que llegaban del exterior.

Fue tan bien recibido ese montaje que luego de cientos de trámites hace más o menos un año se permitió que se realizara una función con esos mismos reclusos-actores fuera de Santa Marta, la cual sucedió en el Teatro de la Ciudad.

Ahora (los viernes de octubre) en el pequeño Foro Shakespeare se repite esta experiencia que, sin exagerar, es única.

En Ricardo III William Shakespeare hace un retrato descarnado de la ambición por el poder. En torno a ese mismo tema, los integrantes de esta compañía teatral presentan diferentes momentos de la realidad mexicana de manera cruda, brutal, impactante, con un lenguaje (visual y sonoro) que pega directamente en el cerebro, el corazón y el estómago del público.

La experiencia inicia desde que el público llega al Foro en el número 7 de la calle de Zamora, en la colonia Hipódromo Condesa: el lugar está rodeado por patrullas, policías, custodios que vigilan para que los actores sólo estén donde deben estar: en el escenario.

Y ahí, en ese pequeño espacio sucede la magia: ¡Qué fuerza, qué entrega, qué pasión en cada diálogo, en cada movimiento, en cada escena!

Más allá de la perfección o no de la ejecución actoral lo que ocurre en el escenario es víscera pura y cada espectador se contagia de ello.

Y como honor a quien honor merece, he aquí los nombres de los apasionados ejecutantes: Cándido Alberto Herrera, Juan Luis Hernández Domínguez, Josué de León Arellano, Antonio Escalera Rosas, José Luis Padilla, Rafael Martínez, Rafael Mauro Juan, Sergio Parada Cabello, Óscar Lara, Jorge Reyes, Juan Antonio Santillán, Fidel Gómez, Valeria Lemus, Ismael Corona y Javier Cruz.

Bravo, de pie, a todos ellos y bravo, una vez más, a Itari Marta por su gran labor.

El bien del país cuenta un suceso ocurrido hace más de 200 años en Australia; ojalá que este Ricardo III de pie a otras muchas historias, quizá un buen documental, un gran reportaje, una obra sobre esta obra… Hay una trama maravillosa que no se debe olvidar.


Ricardo III

Hugo Hernández

Hace algunos meses se presentó en la ciudad de México El bien del país, una maravillosa obra escrita por Timberlake Wertenbaker, en la que se cuenta el siguiente hecho histórico: en 1788 un grupo de convictos montó la primera obra que se representó en el lejanísimo Sidney, entonces dominado por los ingleses.

El bien del país era un canto de amor por el teatro, en el que veíamos cómo la vida de aquellos reclusos era impactada de manera muy positiva por su actividad escénica.

El recuerdo de aquel memorable montaje viene a mi mente al ver en escena el milagro teatral que significa la puesta en escena de Ricardo III, que internos de la Compañía de Teatro Penitenciario de Santa Martha Acatitla presentan los viernes de octubre en el foro Shakespeare, que con esta temporada cerrará definitivamente actividades para someterse a su tan anunciada cirugía mayor.

Este grupo de teatro comenzó a trabajar hace cerca de una década de la mano de la actriz y directora Itari Marta. Luego de meses de preparación estrenaron Ricardo III en funciones dentro del citado penal, principalmente para los internos y algunos invitados que llegaban del exterior.

Fue tan bien recibido ese montaje que luego de cientos de trámites hace más o menos un año se permitió que se realizara una función con esos mismos reclusos-actores fuera de Santa Marta, la cual sucedió en el Teatro de la Ciudad.

Ahora (los viernes de octubre) en el pequeño Foro Shakespeare se repite esta experiencia que, sin exagerar, es única.

En Ricardo III William Shakespeare hace un retrato descarnado de la ambición por el poder. En torno a ese mismo tema, los integrantes de esta compañía teatral presentan diferentes momentos de la realidad mexicana de manera cruda, brutal, impactante, con un lenguaje (visual y sonoro) que pega directamente en el cerebro, el corazón y el estómago del público.

La experiencia inicia desde que el público llega al Foro en el número 7 de la calle de Zamora, en la colonia Hipódromo Condesa: el lugar está rodeado por patrullas, policías, custodios que vigilan para que los actores sólo estén donde deben estar: en el escenario.

Y ahí, en ese pequeño espacio sucede la magia: ¡Qué fuerza, qué entrega, qué pasión en cada diálogo, en cada movimiento, en cada escena!

Más allá de la perfección o no de la ejecución actoral lo que ocurre en el escenario es víscera pura y cada espectador se contagia de ello.

Y como honor a quien honor merece, he aquí los nombres de los apasionados ejecutantes: Cándido Alberto Herrera, Juan Luis Hernández Domínguez, Josué de León Arellano, Antonio Escalera Rosas, José Luis Padilla, Rafael Martínez, Rafael Mauro Juan, Sergio Parada Cabello, Óscar Lara, Jorge Reyes, Juan Antonio Santillán, Fidel Gómez, Valeria Lemus, Ismael Corona y Javier Cruz.

Bravo, de pie, a todos ellos y bravo, una vez más, a Itari Marta por su gran labor.

El bien del país cuenta un suceso ocurrido hace más de 200 años en Australia; ojalá que este Ricardo III de pie a otras muchas historias, quizá un buen documental, un gran reportaje, una obra sobre esta obra… Hay una trama maravillosa que no se debe olvidar.