/ domingo 2 de agosto de 2020

Entre piernas y telones | Dos maravillas escénicas

Si mal no recuerdo, conocí el trabajo de Adrián Vázquez en Más pequeños que el Guggenheim, una maravillosa puesta en escena que por fortuna regresa a la cartelera de manera intermitente. Su trabajo como actor en aquel montaje era brillante, y embonaba a la perfección con el desempeño de sus compañeros de escena.

Poco tiempo después volví a verlo en Wences y Lala, una de las obras más entrañables que recuerdo. Adrián volvió a impactarme, pero ahora no sólo como actor, sino como dramaturgo y como director de escena. ¡Qué maravillosa puesta en escena! No por nada ha ganado todos los premios a los que ha estado nominada.

Desde entonces he seguido la carrera de Adrián muy de cerca. He visto materialmente todas sus puestas en escena, gran parte de ellas de su autoría y también dirigidas por él, y la verdad es que no acaba de maravillarme su creatividad, honestidad, fuerza, entrega, amén por supuesto, de su talento y profesionalismo.

Su figura en el teatro que se hace en nuestro país es cada día más reconocida. Mucha gente lo ubica, aplaude y sigue. Sin embargo, falta mucho público por disfrutar de sus grandes virtudes artísticas.

Por ello es que resulta muy gratificante ver que en medio de la muy difícil situación por la que atraviesa el mundo, hay esperanzas de un mejor horizonte cuando mucha gente se acerca a lo que vale la pena.

Tal es el caso de Wences y Lala que hace unos días ofreció una función vía streaming y fue admirada por miles de personas que volvieron a maravillarse y a conmoverse con esta fenomenal historia de amor.

Pero como lo pasado es historia, mejor hablar del futuro, pues aún hay dos oportunidades para poder disfrutar de los talentos de Adrián Vázquez.

La primera es con El hijo de mi padre, escrita, dirigida y actuada por Adrián, quien cuenta la historia de Maxi, un hombre que se ha construido a sí mismo, dando tumbos por la vida, a veces con resultado ganadores y otras tantas con “descalabros”. Es un relato de vida, donde el protagonista entreteje su historia con anécdotas contadas de manera ágil pero crueles, lúdicas, con dosis de dolor, nostalgia y desolación; una trama nada fuera de lo común, en la que un joven de una típica familia se propone revelarse a su destino manifiesto.

La única función de El hijo de mi padre será el próximo martes 10 de agosto, a las 20:30 horas, que se presentará en vivo desde el Foro Shakespeare, y que el público podrá disfrutar en su casa adquiriendo sus boletos en https://el-hijo-de-mi-padre.boletia.com/ . A través de la boletera: boletia.com

La segunda oportunidad para aplaudir a Adrián es con el maravilloso montaje Más pequeños que el Guggenheim, escrita y dirigida por Alejandro Ricaño, y que cuenta con las actuaciones de Adrián Vázquez, Austin Morgan, Hamlet Ramírez y Rodrigo Hernández.

Más pequeños que el Guggenheim es una obra sobre la amistad. Una visión simple del teatro. Una reflexión sobre el fracaso. Sus personajes simplemente están ahí, asumiendo de la mejor manera una vida que no es ni remotamente lo que esperaban. Cuenta la historia de cuatro amigos desempleados que buscan en el teatro una manera de aliviar su soledad. Al concluir sus estudios de teatro, Sunday y Gorka deciden probar suerte en Europa. Tres meses les bastan para regresar, no volver a hacer teatro y dejar de verse durante diez años. Ahora se han reunido y planean hacer una obra que les devuelva el sentido a sus vidas. A esta tarea se unirán Al, un albino bizco y huérfano; y Jam, el cajero de un minisúper que sueña con ser actor.

Más pequeños que el Guggenheim se presentará el jueves 12 de agosto a las 20:30 horas. Los boletos se pueden adquirir a través de https://mas-pequenos-que-el-guggenheim.boletia.com/

Para ambas funciones, los boletos tienen un precio de 100 pesos.

Le garantizo que serán experiencias inolvidables.


Si mal no recuerdo, conocí el trabajo de Adrián Vázquez en Más pequeños que el Guggenheim, una maravillosa puesta en escena que por fortuna regresa a la cartelera de manera intermitente. Su trabajo como actor en aquel montaje era brillante, y embonaba a la perfección con el desempeño de sus compañeros de escena.

Poco tiempo después volví a verlo en Wences y Lala, una de las obras más entrañables que recuerdo. Adrián volvió a impactarme, pero ahora no sólo como actor, sino como dramaturgo y como director de escena. ¡Qué maravillosa puesta en escena! No por nada ha ganado todos los premios a los que ha estado nominada.

Desde entonces he seguido la carrera de Adrián muy de cerca. He visto materialmente todas sus puestas en escena, gran parte de ellas de su autoría y también dirigidas por él, y la verdad es que no acaba de maravillarme su creatividad, honestidad, fuerza, entrega, amén por supuesto, de su talento y profesionalismo.

Su figura en el teatro que se hace en nuestro país es cada día más reconocida. Mucha gente lo ubica, aplaude y sigue. Sin embargo, falta mucho público por disfrutar de sus grandes virtudes artísticas.

Por ello es que resulta muy gratificante ver que en medio de la muy difícil situación por la que atraviesa el mundo, hay esperanzas de un mejor horizonte cuando mucha gente se acerca a lo que vale la pena.

Tal es el caso de Wences y Lala que hace unos días ofreció una función vía streaming y fue admirada por miles de personas que volvieron a maravillarse y a conmoverse con esta fenomenal historia de amor.

Pero como lo pasado es historia, mejor hablar del futuro, pues aún hay dos oportunidades para poder disfrutar de los talentos de Adrián Vázquez.

La primera es con El hijo de mi padre, escrita, dirigida y actuada por Adrián, quien cuenta la historia de Maxi, un hombre que se ha construido a sí mismo, dando tumbos por la vida, a veces con resultado ganadores y otras tantas con “descalabros”. Es un relato de vida, donde el protagonista entreteje su historia con anécdotas contadas de manera ágil pero crueles, lúdicas, con dosis de dolor, nostalgia y desolación; una trama nada fuera de lo común, en la que un joven de una típica familia se propone revelarse a su destino manifiesto.

La única función de El hijo de mi padre será el próximo martes 10 de agosto, a las 20:30 horas, que se presentará en vivo desde el Foro Shakespeare, y que el público podrá disfrutar en su casa adquiriendo sus boletos en https://el-hijo-de-mi-padre.boletia.com/ . A través de la boletera: boletia.com

La segunda oportunidad para aplaudir a Adrián es con el maravilloso montaje Más pequeños que el Guggenheim, escrita y dirigida por Alejandro Ricaño, y que cuenta con las actuaciones de Adrián Vázquez, Austin Morgan, Hamlet Ramírez y Rodrigo Hernández.

Más pequeños que el Guggenheim es una obra sobre la amistad. Una visión simple del teatro. Una reflexión sobre el fracaso. Sus personajes simplemente están ahí, asumiendo de la mejor manera una vida que no es ni remotamente lo que esperaban. Cuenta la historia de cuatro amigos desempleados que buscan en el teatro una manera de aliviar su soledad. Al concluir sus estudios de teatro, Sunday y Gorka deciden probar suerte en Europa. Tres meses les bastan para regresar, no volver a hacer teatro y dejar de verse durante diez años. Ahora se han reunido y planean hacer una obra que les devuelva el sentido a sus vidas. A esta tarea se unirán Al, un albino bizco y huérfano; y Jam, el cajero de un minisúper que sueña con ser actor.

Más pequeños que el Guggenheim se presentará el jueves 12 de agosto a las 20:30 horas. Los boletos se pueden adquirir a través de https://mas-pequenos-que-el-guggenheim.boletia.com/

Para ambas funciones, los boletos tienen un precio de 100 pesos.

Le garantizo que serán experiencias inolvidables.