/ domingo 12 de mayo de 2024

Entre piernas y telones / Las meninas y Porfirio Díaz

Van a pensar que me pagan por tantas flores, y no; pero de verdad Las meninas son sensacionales y gustan a todo mundo. Qué mejor prueba de ello que los agotados permanentes en cada una de las funciones que ofrecen cada jueves desde hace más de tres años en el teatro Milán.

Las conocí hace poco más de una década y desde esa primera vez me encantaron.

Las meninas (originalmente Novohispanas), es un ejemplo de creatividad y preparación exhaustiva (más de 25 montajes así lo prueban) que se ha convertido en un éxito absoluto.

Para quienes aún no las ubiquen, Las meninas son -en esta propuesta escénica- tres mujeres que habitaron en el México colonial, y que fueron acusadas de diversos delitos por la Santa Inquisición, de la que pudieron escapar gracias a un hechizo, que las dejó plasmadas en una pintura. Ahora, el hechizo se ha roto y las tremendas féminas están de vuelta para contar diversos episodios de la historia de México, desde su muy agudo y jocoso punto de vista.

Toda esta trama ha sido creada por los especialistas en historia Luis Huitrón y Hugo Isaac Serrano, quienes idearon este acercamiento tan singular y lúdico a los acontecimientos y personajes del pasado mexicano.

Hernán Cortés, Sor Juan Inés de la Cruz, Benito Juárez, Maximiliano y Carlota, la Santa Inquisición, la Revolución Mexicana son algunos de los capítulos de esta serie en la que los datos duros (así llamados ahora) se combinan con agudos comentarios, ingeniosas reflexiones, chistes, críticas, todo sobre bases documentales, reales, que sacan a la luz infinidad de cosas que la mayoría de los mexicanos desconocemos.

Toca el turno ahora a Porfirio Díaz, en un montaje llamado “Los días de Díaz” y que nuevamente muestra el pozo inagotable de hechos y, sobre todo, de humor, ingenio, desparpajo para abordarlos.

Cada una de las informaciones y hechos que conforman la trama tienen sustento académico, son reales, se han investigado y aquí Las meninas los presentan en su estilo tan atractivo.

Además, desde hace dos o tres años a la trama histórica, se ha sumado la música, en unas versiones adaptadas de temas del teatro musical o de canciones populares que se engarzan con la anécdota y enloquecen a los espectadores por su ingenio y humor.

Una vez más Luis Huitrón, Christian Escorcia y Gina Gran B brillan en los roles centrales, Las meninas, que sacan partido a cada diálogo, cada escena, los que aderezan con momentos de improvisación más que brillantes.

A ellos tres hay que sumar las actuaciones de una pléyade de talentosos jóvenes, que forman su cuadro básico, como Diego Llamazares, quien en esta puesta en escena da vida al personaje de Díaz, o Norma López, Marvin Ortega, Carlos Rodea, César Baqueiro, Natalia Quiroz y Alain Peñaloza.

“Los días de Díaz” sigue en temporada hasta el 23 de mayo; y luego el 6 de junio se estrenará el montaje dedicado al Santo oficio, que se me antoja muchísimo.

La meninas se presentan en el teatro Milán, y del que han hecho su casa, su palacio, en el que reciben a todos los plebeyos, como ellas le llaman a su público, que las adora.


Van a pensar que me pagan por tantas flores, y no; pero de verdad Las meninas son sensacionales y gustan a todo mundo. Qué mejor prueba de ello que los agotados permanentes en cada una de las funciones que ofrecen cada jueves desde hace más de tres años en el teatro Milán.

Las conocí hace poco más de una década y desde esa primera vez me encantaron.

Las meninas (originalmente Novohispanas), es un ejemplo de creatividad y preparación exhaustiva (más de 25 montajes así lo prueban) que se ha convertido en un éxito absoluto.

Para quienes aún no las ubiquen, Las meninas son -en esta propuesta escénica- tres mujeres que habitaron en el México colonial, y que fueron acusadas de diversos delitos por la Santa Inquisición, de la que pudieron escapar gracias a un hechizo, que las dejó plasmadas en una pintura. Ahora, el hechizo se ha roto y las tremendas féminas están de vuelta para contar diversos episodios de la historia de México, desde su muy agudo y jocoso punto de vista.

Toda esta trama ha sido creada por los especialistas en historia Luis Huitrón y Hugo Isaac Serrano, quienes idearon este acercamiento tan singular y lúdico a los acontecimientos y personajes del pasado mexicano.

Hernán Cortés, Sor Juan Inés de la Cruz, Benito Juárez, Maximiliano y Carlota, la Santa Inquisición, la Revolución Mexicana son algunos de los capítulos de esta serie en la que los datos duros (así llamados ahora) se combinan con agudos comentarios, ingeniosas reflexiones, chistes, críticas, todo sobre bases documentales, reales, que sacan a la luz infinidad de cosas que la mayoría de los mexicanos desconocemos.

Toca el turno ahora a Porfirio Díaz, en un montaje llamado “Los días de Díaz” y que nuevamente muestra el pozo inagotable de hechos y, sobre todo, de humor, ingenio, desparpajo para abordarlos.

Cada una de las informaciones y hechos que conforman la trama tienen sustento académico, son reales, se han investigado y aquí Las meninas los presentan en su estilo tan atractivo.

Además, desde hace dos o tres años a la trama histórica, se ha sumado la música, en unas versiones adaptadas de temas del teatro musical o de canciones populares que se engarzan con la anécdota y enloquecen a los espectadores por su ingenio y humor.

Una vez más Luis Huitrón, Christian Escorcia y Gina Gran B brillan en los roles centrales, Las meninas, que sacan partido a cada diálogo, cada escena, los que aderezan con momentos de improvisación más que brillantes.

A ellos tres hay que sumar las actuaciones de una pléyade de talentosos jóvenes, que forman su cuadro básico, como Diego Llamazares, quien en esta puesta en escena da vida al personaje de Díaz, o Norma López, Marvin Ortega, Carlos Rodea, César Baqueiro, Natalia Quiroz y Alain Peñaloza.

“Los días de Díaz” sigue en temporada hasta el 23 de mayo; y luego el 6 de junio se estrenará el montaje dedicado al Santo oficio, que se me antoja muchísimo.

La meninas se presentan en el teatro Milán, y del que han hecho su casa, su palacio, en el que reciben a todos los plebeyos, como ellas le llaman a su público, que las adora.