/ miércoles 22 de enero de 2020

Escenario geopolítico global 2020 

Fausto Carbajal

Asociado COMEXI

El problema con nuestros tiempos, decía Paul Valéry, es que el futuro no es lo que solía ser. Son los albores del año 2020, y esta frase pareciera hecha para una época como la nuestra, en que las estructuras del sistema internacional atraviesan por un severo proceso de fragmentación y reconfiguración. Quizá una de las primeras personas en advertir esta trayectoria global fue la gran historiadora Margaret MacMillan, en su libro The Rhyme of History: Lessons of the Great War.

Por lo mismo, es arriesgado hacer cualquier escenario en torno al 2020. Aunque no por ello deja de ser un ejercicio menos necesario. Resulta esencial reflexionar sobre los riesgos –y oportunidades– que los principales eventos en el tablero geopolítico global durante el año puedan significar para México. Como una primera aproximación, permítaseme enunciar algunos de estos eventos.

En Estados Unidos, una endeble configuración de impeachment le permitirá al Presidente Trump salir fortalecido de cara a sus aspiraciones de reelección. El proceso legal contribuirá al debilitamiento de las instituciones políticas en EUA –particularmente del Congreso, órgano al cual la ciudadanía estadounidense cada vez le tiene menor confianza–, y a la polarización de una sociedad por demás dividida en los llamados antifa versus los alt-right. La base del Presidente Trump demostrará nuevamente estar más comprometida y mejor organizada tanto en el terreno virtual como en el físico. Conviene que México y el mundo haga las paces con que Donald Trump se reelija este año.

América Latina es quizá la región donde se muestre con mayor nitidez el viejo espectro ideológico entre izquierda y derecha, aquél que Francis Fukuyama diera por cerrado. El Cono Sur –salvo por Argentina, con el regreso del kirchnerismo y la dictadura venezolana– atraviesa por un vendaval de derechas a la cabeza del ejecutivo, aunque con activas bases de izquierda en Bolivia, Brasil, Chile, Colombia y Ecuador. Si la alternancia de partidos en el gobierno se da por la vía democrática y pacífica, América Latina será una oportunidad de repensar la democracia en el mundo. No obstante, las fuerzas políticas y las redes sociales exacerbarán las diferencias entre los ciudadanos, lo que conllevará a brotes de violencia, incertidumbre política y formas antidemocráticas de ejercer el poder.

Europa seguirá despertando del sueño integracionista. El éxito electoral del Primer Ministro Boris Johnson refrendó de manera abrumadora la determinación de la isla por negociar un Brexit duro, lo que generará discordia con la Europa continental. Ángela Merkel, en su último tramo como Canciller alemana, buscará valientemente sacar a flote el proyecto europeísta. Algo a lo que Emmanuel Macron se sume, aunque por problemas domésticos sea el cada vez más débil mandatario de una Francia geopolíticamente cada vez más disminuida. Mientras, los partidos de extrema derecha y nacionalistas seguirán teniendo mayor tracción y representación en el continente.

Aunque Rusia y EUA tienen intereses geopolíticos irreconciliables en Europa Oriental, este año quizá traiga relativa tranquilidad para Ucrania, Georgia y los países del Báltico. Vladimir Putin procurará no “calentarle la región” en pleno año electoral a la administración Trump, con cuya política regional se ha sentido más cómodo que con gobiernos demócratas.

En Medio Oriente, es probable que EUA alcance un acuerdo de paz con los Talibanes. Siria seguirá sumida en una guerra inclemente, sin gran cambio en la correlación de fuerzas. Aunque el asesinato de Qasem Soleimani sea un claro escalamiento de las tensiones entre EUA e Irán, el hecho no deja de estar encuadrado en una lógica disuasiva. Ambos gobiernos han dado señales de no desear una guerra directa, por lo que tendrán que abrir canales alternos de querer mantener las pasiones a raya. Aun así, un aislado Teherán utilizará como proxy a las milicias de los países que conforman la llamada “Media Luna Chiita”, como parte del juego de suma cero con los estadounidenses y sus aliados regionales. Washington hará lo propio, con la desventaja de a) encontrarse en año electoral –un soldado estadounidense muerto, una embajada bombardeada o un buque torpedeado serán usados políticamente– y b) ser considerado por sus aliados en la región como un mal aliado, y por la audiencia internacional como un practicante del “culto de la ofensiva”.

Estos podrían ser algunos de los eventos geopolíticos que nos depare el 2020. Reconozco la ausencia china, pero confío en que el lector me permita hacerlo en otro momento. Cabe preguntarse, no obstante, ¿qué impacto tendría para la economía mexicana una profundización en la guerra comercial entre Washington y Beijing? ¿Negativo, como resultado de una recesión económica mundial? ¿O positivo, dado que México se convertiría para EUA en una economía alternativa a la china? Es en este contexto de transición geopolítica global en el que México se mueve y, más importante aún, en el que puede prosperar.


Fausto Carbajal

Asociado COMEXI

El problema con nuestros tiempos, decía Paul Valéry, es que el futuro no es lo que solía ser. Son los albores del año 2020, y esta frase pareciera hecha para una época como la nuestra, en que las estructuras del sistema internacional atraviesan por un severo proceso de fragmentación y reconfiguración. Quizá una de las primeras personas en advertir esta trayectoria global fue la gran historiadora Margaret MacMillan, en su libro The Rhyme of History: Lessons of the Great War.

Por lo mismo, es arriesgado hacer cualquier escenario en torno al 2020. Aunque no por ello deja de ser un ejercicio menos necesario. Resulta esencial reflexionar sobre los riesgos –y oportunidades– que los principales eventos en el tablero geopolítico global durante el año puedan significar para México. Como una primera aproximación, permítaseme enunciar algunos de estos eventos.

En Estados Unidos, una endeble configuración de impeachment le permitirá al Presidente Trump salir fortalecido de cara a sus aspiraciones de reelección. El proceso legal contribuirá al debilitamiento de las instituciones políticas en EUA –particularmente del Congreso, órgano al cual la ciudadanía estadounidense cada vez le tiene menor confianza–, y a la polarización de una sociedad por demás dividida en los llamados antifa versus los alt-right. La base del Presidente Trump demostrará nuevamente estar más comprometida y mejor organizada tanto en el terreno virtual como en el físico. Conviene que México y el mundo haga las paces con que Donald Trump se reelija este año.

América Latina es quizá la región donde se muestre con mayor nitidez el viejo espectro ideológico entre izquierda y derecha, aquél que Francis Fukuyama diera por cerrado. El Cono Sur –salvo por Argentina, con el regreso del kirchnerismo y la dictadura venezolana– atraviesa por un vendaval de derechas a la cabeza del ejecutivo, aunque con activas bases de izquierda en Bolivia, Brasil, Chile, Colombia y Ecuador. Si la alternancia de partidos en el gobierno se da por la vía democrática y pacífica, América Latina será una oportunidad de repensar la democracia en el mundo. No obstante, las fuerzas políticas y las redes sociales exacerbarán las diferencias entre los ciudadanos, lo que conllevará a brotes de violencia, incertidumbre política y formas antidemocráticas de ejercer el poder.

Europa seguirá despertando del sueño integracionista. El éxito electoral del Primer Ministro Boris Johnson refrendó de manera abrumadora la determinación de la isla por negociar un Brexit duro, lo que generará discordia con la Europa continental. Ángela Merkel, en su último tramo como Canciller alemana, buscará valientemente sacar a flote el proyecto europeísta. Algo a lo que Emmanuel Macron se sume, aunque por problemas domésticos sea el cada vez más débil mandatario de una Francia geopolíticamente cada vez más disminuida. Mientras, los partidos de extrema derecha y nacionalistas seguirán teniendo mayor tracción y representación en el continente.

Aunque Rusia y EUA tienen intereses geopolíticos irreconciliables en Europa Oriental, este año quizá traiga relativa tranquilidad para Ucrania, Georgia y los países del Báltico. Vladimir Putin procurará no “calentarle la región” en pleno año electoral a la administración Trump, con cuya política regional se ha sentido más cómodo que con gobiernos demócratas.

En Medio Oriente, es probable que EUA alcance un acuerdo de paz con los Talibanes. Siria seguirá sumida en una guerra inclemente, sin gran cambio en la correlación de fuerzas. Aunque el asesinato de Qasem Soleimani sea un claro escalamiento de las tensiones entre EUA e Irán, el hecho no deja de estar encuadrado en una lógica disuasiva. Ambos gobiernos han dado señales de no desear una guerra directa, por lo que tendrán que abrir canales alternos de querer mantener las pasiones a raya. Aun así, un aislado Teherán utilizará como proxy a las milicias de los países que conforman la llamada “Media Luna Chiita”, como parte del juego de suma cero con los estadounidenses y sus aliados regionales. Washington hará lo propio, con la desventaja de a) encontrarse en año electoral –un soldado estadounidense muerto, una embajada bombardeada o un buque torpedeado serán usados políticamente– y b) ser considerado por sus aliados en la región como un mal aliado, y por la audiencia internacional como un practicante del “culto de la ofensiva”.

Estos podrían ser algunos de los eventos geopolíticos que nos depare el 2020. Reconozco la ausencia china, pero confío en que el lector me permita hacerlo en otro momento. Cabe preguntarse, no obstante, ¿qué impacto tendría para la economía mexicana una profundización en la guerra comercial entre Washington y Beijing? ¿Negativo, como resultado de una recesión económica mundial? ¿O positivo, dado que México se convertiría para EUA en una economía alternativa a la china? Es en este contexto de transición geopolítica global en el que México se mueve y, más importante aún, en el que puede prosperar.


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