/ domingo 23 de mayo de 2021

Factores de equilibrio civil

En uno de sus libros más recientes, el famoso escritor Malcom Gladwell analiza la importancia de hablar con otras personas para entendernos bien y reducir esos errores sociales que nos llevan a construir prejuicios que son difíciles de abandonar en nuestra vida cotidiana.

Hablar con otros, en particular con aquellos que parecería que tienen opiniones contrarias a las nuestras, es un ejercicio ciudadano relevante para avanzar como una sola sociedad y hacia objetivos comunes. El propósito no es estar de acuerdo en todo o pensar lo mismo, sino escucharnos y comprendernos.

De acuerdo con mi experiencia, dialogar con cualquier persona siempre trae beneficios insospechados. Primero, porque generalmente tenemos más en común de lo que pensamos y, segundo, por la riqueza interior que en la mayoría de las ocasiones te dejan los puntos de vista de otros.

Si la sabiduría implica cambiar de opinión, hacerlo después de que miras las cosas desde otro ángulo gracias a la conversación con otro individuo es comprender el mundo que nos rodea y reconocer que no debe existir nunca una visión única.

El pensamiento, como ese cúmulo de experiencias, datos y conocimientos aprendidos en el tiempo de vida, siempre evoluciona cuando compartimos y estamos abiertos a formas diferentes de ver la realidad o sus interpretaciones dependiendo de las vivencias de cada uno.

Eso es lo que al final constituye a las sociedades y me atrevo a escribir que las hace mejores en todos los sentidos. Cuando podemos unir en objetivos y metas compartidas esa divergencia de visiones, entramos realmente a una comunidad bien organizada y sólida en sus principios.

Gladwell explica en su libro la relevancia de hablar con otros para evitar malentendidos sociales, esos que suceden todo el tiempo en nuestras vidas, y aprender a dialogar con quienes apenas o no conocemos de plano.

Toma un ejemplo histórico interesante, muy conocido: Neville Chamberlain, el primer ministro británico, viajó para entrevistarse con Adolfo Hitler para “conocer” el carácter del entonces líder alemán. Aparentemente su mala interpretación de su interlocutor hizo que regresara con una impresión totalmente distinta a la real. Otro de sus compatriotas, Winston Churchill, nunca lo conoció, pero supo de inmediato que sus intenciones eran otras y que Neville había hecho una lectura equivocada de aquel hombre. El resto es historia.

Sin embargo, hablar con otras personas que no conocemos y abrirnos para escucharlas no es un ejercicio sencillo. Implica tolerancia, que no es “aguantar” a alguien, sino estar dispuesto a entender el por qué de sus ideas, de sus pensamientos, y de las experiencias que les dieron forma.

También a aproximarse a cualquier persona con la menos cantidad de prejuicios posible, los cuales son los peores elementos para tratar de dialogar con alguien más. Partir de que nunca somos tan distintos nos acerca a ese anhelo de integrar una sociedad en la que todos tenemos un lugar importante e insustituible; lo que además es cierto.

Salir de nuestra zona de confort y hablar con otras personas, quien sea, amplía nuestras posibilidades de cohesión social y de unidad civil. Es decir, crea factores de equilibrio para que una sociedad camine con el mismo rumbo, respetando que cada uno tiene un espacio para recorrer la ruta como mejor considera.

Lo importante es que, en esa coincidencia de voluntades, nuestro común denominador sea vivir mejor, en ese equilibrio que no es otra cosa que paz y tranquilidad para los nuestros y para nosotros.

Así que podemos empezar de inmediato a hablar con otras personas. Vecinos, colegas, personas que conviven con nosotros porque aportan un servicio o atención, incluso familiares y amigos que no frecuentamos o dejamos de entrar en contacto con ellos durante estos últimos meses, vamos, hacer la prueba con cualquier “extraño” que deja de serlo cuando rompemos esa barrera de indiferencia social y nos damos la enorme oportunidad de conocer qué piensa y qué siente acerca de lo que nos ocurre a todos.

Experto en temas de seguridad pública

En uno de sus libros más recientes, el famoso escritor Malcom Gladwell analiza la importancia de hablar con otras personas para entendernos bien y reducir esos errores sociales que nos llevan a construir prejuicios que son difíciles de abandonar en nuestra vida cotidiana.

Hablar con otros, en particular con aquellos que parecería que tienen opiniones contrarias a las nuestras, es un ejercicio ciudadano relevante para avanzar como una sola sociedad y hacia objetivos comunes. El propósito no es estar de acuerdo en todo o pensar lo mismo, sino escucharnos y comprendernos.

De acuerdo con mi experiencia, dialogar con cualquier persona siempre trae beneficios insospechados. Primero, porque generalmente tenemos más en común de lo que pensamos y, segundo, por la riqueza interior que en la mayoría de las ocasiones te dejan los puntos de vista de otros.

Si la sabiduría implica cambiar de opinión, hacerlo después de que miras las cosas desde otro ángulo gracias a la conversación con otro individuo es comprender el mundo que nos rodea y reconocer que no debe existir nunca una visión única.

El pensamiento, como ese cúmulo de experiencias, datos y conocimientos aprendidos en el tiempo de vida, siempre evoluciona cuando compartimos y estamos abiertos a formas diferentes de ver la realidad o sus interpretaciones dependiendo de las vivencias de cada uno.

Eso es lo que al final constituye a las sociedades y me atrevo a escribir que las hace mejores en todos los sentidos. Cuando podemos unir en objetivos y metas compartidas esa divergencia de visiones, entramos realmente a una comunidad bien organizada y sólida en sus principios.

Gladwell explica en su libro la relevancia de hablar con otros para evitar malentendidos sociales, esos que suceden todo el tiempo en nuestras vidas, y aprender a dialogar con quienes apenas o no conocemos de plano.

Toma un ejemplo histórico interesante, muy conocido: Neville Chamberlain, el primer ministro británico, viajó para entrevistarse con Adolfo Hitler para “conocer” el carácter del entonces líder alemán. Aparentemente su mala interpretación de su interlocutor hizo que regresara con una impresión totalmente distinta a la real. Otro de sus compatriotas, Winston Churchill, nunca lo conoció, pero supo de inmediato que sus intenciones eran otras y que Neville había hecho una lectura equivocada de aquel hombre. El resto es historia.

Sin embargo, hablar con otras personas que no conocemos y abrirnos para escucharlas no es un ejercicio sencillo. Implica tolerancia, que no es “aguantar” a alguien, sino estar dispuesto a entender el por qué de sus ideas, de sus pensamientos, y de las experiencias que les dieron forma.

También a aproximarse a cualquier persona con la menos cantidad de prejuicios posible, los cuales son los peores elementos para tratar de dialogar con alguien más. Partir de que nunca somos tan distintos nos acerca a ese anhelo de integrar una sociedad en la que todos tenemos un lugar importante e insustituible; lo que además es cierto.

Salir de nuestra zona de confort y hablar con otras personas, quien sea, amplía nuestras posibilidades de cohesión social y de unidad civil. Es decir, crea factores de equilibrio para que una sociedad camine con el mismo rumbo, respetando que cada uno tiene un espacio para recorrer la ruta como mejor considera.

Lo importante es que, en esa coincidencia de voluntades, nuestro común denominador sea vivir mejor, en ese equilibrio que no es otra cosa que paz y tranquilidad para los nuestros y para nosotros.

Así que podemos empezar de inmediato a hablar con otras personas. Vecinos, colegas, personas que conviven con nosotros porque aportan un servicio o atención, incluso familiares y amigos que no frecuentamos o dejamos de entrar en contacto con ellos durante estos últimos meses, vamos, hacer la prueba con cualquier “extraño” que deja de serlo cuando rompemos esa barrera de indiferencia social y nos damos la enorme oportunidad de conocer qué piensa y qué siente acerca de lo que nos ocurre a todos.

Experto en temas de seguridad pública