/ lunes 1 de abril de 2019

Finanzas públicas: ¿con dinero?

Todo comenzó con la estimación del crecimiento económico para 2019: un modesto dos por ciento.

¿Era alcanzable? La desaceleración del sistema productivo era evidente desde julio del año pasado, el sector industrial fue la puerta de entrada y se conjuntó con el cierre del gasto público que la administración federal pasada decretó con motivo de la transición.

Lo anterior tuvo incidencia sobre dos sectores que son estratégicos y habían sufrido los estragos de la ausencia de un proyecto de nación: la extracción de petróleo y la construcción.

El sector energéticofue dañado estructuralmente por los gobiernos anteriores que frenaron la inversión, aplicaron un sistema fiscal que depredó sus ingresos y permitieron la expansión de la corrupción.

Por su parte, el sector de la construcción sufrió los efectos de los recortes presupuestales que mermaron la edificación de vivienda e infraestructura. Las empresas nacionales fueron relegadas a un segundo plano en la concesión de las grandes obras de infraestructura pública: terminaron por ser subcontratadas por las empresas extranjeras ganadoras de las licitaciones.

Bajo dicho escenario se diseñó un presupuesto que reconoció la debilidad estructural de la economía (un PIB potencial de sólo 2.5 por ciento), pero que no captó la dimensión de la desaceleración y el efecto que tendría en los ingresos públicos.

De igual forma no se alcanzó a observar que el mercado interno ya acusaba los efectos del bajo desempeño, en diciembre de 2018 el consumo privado reportó uno de los menores incrementos de los últimos seis años.

El comportamiento descrito de la macroeconomía tuvo efecto inmediato sobre las finanzas públicas, el informe de enero reportó una caída de 12 por ciento en la recaudación de IVA y un incremento moderado en el ISR.

Para febrero, elinforme de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público muestra que la recaudación de IVA sigue en retroceso y que los ingresos reales apenas crecieron 0.4 por ciento. Durante el primer bimestre de 2019, los ingresos presupuestarios retrocedieron (-) 3.9 por ciento en términos reales.

Lo anterior ya tiene efectos en el gobierno de México. Algunos de los principales funcionarios del gabinete económico han comenzado a plantear posibles recortes (o reasignaciones) del gasto público.

De concretarse esto último vendría a vincularse con una ejecución del presupuesto que ya es restrictiva: durante los primeros dos meses del año el gasto neto total cayó (-) 7.7 por ciento, en donde la inversión física, la parte productiva de las erogaciones, retrocedió (-) 5.8 por ciento.

En este sentido, si se conserva la lógica expuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador (sólo se gastará lo que se tenga de ingreso) el menor crecimiento terminará por limitar los recursos disponibles y motivará una reducción en el gasto.

Si bien aún hay tiempo para enfrentar la desaceleración, se debe tener claro que ello requerirá una visión de política económica que genere una mayor sinergia con el sector privado, el gasto público no será suficiente.

La implementación de una estrategia contingente deberá llegar antes de que se exacerbe la desaceleración industrial que ya comenzó en Estados Unidos, de otra forma los efectos adversos se prolongarán para 2020.

Todo comenzó con la estimación del crecimiento económico para 2019: un modesto dos por ciento.

¿Era alcanzable? La desaceleración del sistema productivo era evidente desde julio del año pasado, el sector industrial fue la puerta de entrada y se conjuntó con el cierre del gasto público que la administración federal pasada decretó con motivo de la transición.

Lo anterior tuvo incidencia sobre dos sectores que son estratégicos y habían sufrido los estragos de la ausencia de un proyecto de nación: la extracción de petróleo y la construcción.

El sector energéticofue dañado estructuralmente por los gobiernos anteriores que frenaron la inversión, aplicaron un sistema fiscal que depredó sus ingresos y permitieron la expansión de la corrupción.

Por su parte, el sector de la construcción sufrió los efectos de los recortes presupuestales que mermaron la edificación de vivienda e infraestructura. Las empresas nacionales fueron relegadas a un segundo plano en la concesión de las grandes obras de infraestructura pública: terminaron por ser subcontratadas por las empresas extranjeras ganadoras de las licitaciones.

Bajo dicho escenario se diseñó un presupuesto que reconoció la debilidad estructural de la economía (un PIB potencial de sólo 2.5 por ciento), pero que no captó la dimensión de la desaceleración y el efecto que tendría en los ingresos públicos.

De igual forma no se alcanzó a observar que el mercado interno ya acusaba los efectos del bajo desempeño, en diciembre de 2018 el consumo privado reportó uno de los menores incrementos de los últimos seis años.

El comportamiento descrito de la macroeconomía tuvo efecto inmediato sobre las finanzas públicas, el informe de enero reportó una caída de 12 por ciento en la recaudación de IVA y un incremento moderado en el ISR.

Para febrero, elinforme de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público muestra que la recaudación de IVA sigue en retroceso y que los ingresos reales apenas crecieron 0.4 por ciento. Durante el primer bimestre de 2019, los ingresos presupuestarios retrocedieron (-) 3.9 por ciento en términos reales.

Lo anterior ya tiene efectos en el gobierno de México. Algunos de los principales funcionarios del gabinete económico han comenzado a plantear posibles recortes (o reasignaciones) del gasto público.

De concretarse esto último vendría a vincularse con una ejecución del presupuesto que ya es restrictiva: durante los primeros dos meses del año el gasto neto total cayó (-) 7.7 por ciento, en donde la inversión física, la parte productiva de las erogaciones, retrocedió (-) 5.8 por ciento.

En este sentido, si se conserva la lógica expuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador (sólo se gastará lo que se tenga de ingreso) el menor crecimiento terminará por limitar los recursos disponibles y motivará una reducción en el gasto.

Si bien aún hay tiempo para enfrentar la desaceleración, se debe tener claro que ello requerirá una visión de política económica que genere una mayor sinergia con el sector privado, el gasto público no será suficiente.

La implementación de una estrategia contingente deberá llegar antes de que se exacerbe la desaceleración industrial que ya comenzó en Estados Unidos, de otra forma los efectos adversos se prolongarán para 2020.

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