/ jueves 2 de julio de 2020

Fuera de Agenda | El nieto del general

En aquellos años de la Guerra Cristera, a mitad de la década de los veinte del siglo pasado, al general Marcelino García Barragán le quedó claro que dos cosas se aprenden de una emboscada. Primero que la lealtad de un subordinado para con su superior es hasta la muerte, como lo demostró en aquel episodio que vivió al quedar atrapado en un tiroteo a las afueras de un poblado de los Altos de Jalisco junto al subteniente Mario Ballesteros Prieto. Y segundo, que morir es fácil, en cualquier momento te toca. Lo difícil es vivir con honor, con hombría y dignidad.


La lección de vida de aquel episodio registrado en la hoja de servicios militares de Ballesteros Prieto, uno de los militares más destacados de la época y quien sería jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional con García Barragan al frente de la Sedena, fue que los hombres de una sola pieza sacan lo mejor de sí en situaciones extremas.


Para un militar forjado en combate, el miedo era normal. El miedo es de hombres, decía, activan tu sentido de alerta extrema. Pero el que tiene pavor se muere dos veces en vida.

Esa era una de las reflexiones que solía compartir con su hijo Javier García Paniagua, quien las reproducía desde su mirada y pulso con amigos, familiares y conocidos. Don Javier fraguó su carrera política en diversos ámbitos y marcó una época del país al frente de la Dirección Federal de Seguridad (1976-1978). Pocos hombres sintetizan los rasgos de una época en el ejercicio el poder como la que tuvo García Paniagua en su trayectoria en el servicio público.


Uno de los hijos más jóvenes de don Javier está en el foco mediático desde el pasado viernes 26 de junio cuando fue emboscado por un un grupo fuertemente armado de pistoleros contratados por la organización criminal asentada en Jalisco, que ha impuesto su hegemonia con sangre, terror, y mucho dinero en varias entidades del país.


Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, ha basado su trayectoria en una actuación discreta y profesional desde que se inició en el servicio público hace dos sexenios. Formado en aulas estadounidenses, como las del FBI, este abogado no oculta que heredó el temple del abuelo y la resolución de su padre.


Dos de sus más cercanos colaborades perdieron la vida en ese ataque, una persona inocente murió como víctima colateral. Fuentes de inteligencia militar aseguran que García Harfuch tuvo “un topo” infiltrado en su equipo que lo puso en el punto de mira esa mañana.

Las amenazas que se habían recibido con antelación contra varios funcionarios del gobierno federal, donde él era el único ajeno al gabiente, ameritaron una alerta preventiva que evitó una tragedia mayor.


Los autores intelectuales estan ubicados. Por ahí aparece un colombiano que controla el trasiego de droga y armas por Puerto Vallarta. También los michoacanos avecindados en Jalisco a los que señaló en un tuit momentos después del ataque. La propaganda que sugiere un “autoatentado” es tan banal, que desnuda el temor ante la figura de un jefe policial que podría sumarse al gabinete federal en un futuro cercano.




@velediaz424


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En aquellos años de la Guerra Cristera, a mitad de la década de los veinte del siglo pasado, al general Marcelino García Barragán le quedó claro que dos cosas se aprenden de una emboscada. Primero que la lealtad de un subordinado para con su superior es hasta la muerte, como lo demostró en aquel episodio que vivió al quedar atrapado en un tiroteo a las afueras de un poblado de los Altos de Jalisco junto al subteniente Mario Ballesteros Prieto. Y segundo, que morir es fácil, en cualquier momento te toca. Lo difícil es vivir con honor, con hombría y dignidad.


La lección de vida de aquel episodio registrado en la hoja de servicios militares de Ballesteros Prieto, uno de los militares más destacados de la época y quien sería jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional con García Barragan al frente de la Sedena, fue que los hombres de una sola pieza sacan lo mejor de sí en situaciones extremas.


Para un militar forjado en combate, el miedo era normal. El miedo es de hombres, decía, activan tu sentido de alerta extrema. Pero el que tiene pavor se muere dos veces en vida.

Esa era una de las reflexiones que solía compartir con su hijo Javier García Paniagua, quien las reproducía desde su mirada y pulso con amigos, familiares y conocidos. Don Javier fraguó su carrera política en diversos ámbitos y marcó una época del país al frente de la Dirección Federal de Seguridad (1976-1978). Pocos hombres sintetizan los rasgos de una época en el ejercicio el poder como la que tuvo García Paniagua en su trayectoria en el servicio público.


Uno de los hijos más jóvenes de don Javier está en el foco mediático desde el pasado viernes 26 de junio cuando fue emboscado por un un grupo fuertemente armado de pistoleros contratados por la organización criminal asentada en Jalisco, que ha impuesto su hegemonia con sangre, terror, y mucho dinero en varias entidades del país.


Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, ha basado su trayectoria en una actuación discreta y profesional desde que se inició en el servicio público hace dos sexenios. Formado en aulas estadounidenses, como las del FBI, este abogado no oculta que heredó el temple del abuelo y la resolución de su padre.


Dos de sus más cercanos colaborades perdieron la vida en ese ataque, una persona inocente murió como víctima colateral. Fuentes de inteligencia militar aseguran que García Harfuch tuvo “un topo” infiltrado en su equipo que lo puso en el punto de mira esa mañana.

Las amenazas que se habían recibido con antelación contra varios funcionarios del gobierno federal, donde él era el único ajeno al gabiente, ameritaron una alerta preventiva que evitó una tragedia mayor.


Los autores intelectuales estan ubicados. Por ahí aparece un colombiano que controla el trasiego de droga y armas por Puerto Vallarta. También los michoacanos avecindados en Jalisco a los que señaló en un tuit momentos después del ataque. La propaganda que sugiere un “autoatentado” es tan banal, que desnuda el temor ante la figura de un jefe policial que podría sumarse al gabinete federal en un futuro cercano.




@velediaz424


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