/ jueves 14 de marzo de 2019

Fuera de Agenda | Las otras fugas de Tomás

El papel de la CIA en el ejército en los primeros años del sexenio de Vicente Fox, se vio modificado tras el atentado a las torres gemelas del 11 de septiembre del 2001. Los agentes que trabajaban desde 1997 con un reducido grupo de oficiales adscritos al Centro Inteligencia Antinarcóticos del Estado Mayor de la Defensa Nacional, se retiraron del país para trasladarse a Afganistán. Cuando se fueron las baterías del CIAN estaban enfocadas a recopilar información para la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, quien se fugó del penal de Puente Grande en enero de ese año. Durante el seguimiento realizado, Guzmán Loera quedó registrado con la clave Tomás.

Fue más de un año de intervenciones telefónicas en la sierra escuchando a Tomás. Uno de los oficiales del ejército que participó en el seguimiento recuerda que en diciembre del 2003 se iba a celebrar un festejo en casa de una de sus mujeres y había vigilancia especial pues cuando salía de alguna de sus guaridas hacía Culiacán o a Durango, era su punto débil y aumentaba la probabilidad de ubicarlo. El Chapo Guzmán tenía la costumbre de contestar el teléfono.

--¿Qué pasó amigo, cómo le va?—

Esa era la frase con la que sabían se trataba de él.

La primera operación del CIAN contra el Chapo fue en 2004. Iba a ver a la señora Consuelo, su madre, al rancho de la Tuna, en Badiraguato. Cuando lo ubicaron pidieron un helicóptero Black Hawk. El despliegue fue notorio, se escucharon los motores en el aire. La imagen con la que se quedaron los militares de fuerzas especiales que iban por él, fue cuando se subió a una cuatrimoto con su escolta y huyó.

Pese al despliegue de recursos para obtener información, algo sucedía que generaba suspicacias. La que recibía Roberto Aguilera Olivera, entonces jefe del CIAN, era 90% efectiva. El general decía que el 10% que faltaba no le servía.

La siguiente vez ubicaron al Chapo en Altata, la costa del Mar de Cortés a media hora de Culiacán. Se pensó que un equipo de buzos se infiltraran por el lado del mar a la casa que daba a la playa. Aguilera les dijo que ya no vieran tantas películas, y no se hizo.

Otra ocasión lo ubicaron en Tamazula. El lugar donde estaba tenía en los cerros de alrededor colocados centinelas armados. Se pensó en lanzar paracaidistas, llevar francotiradores y eliminar a los centinelas. Un abogado del CIAN se opuso, dijo que eso era homicidio y no se hizo.

Hubo un antes y un después en la estrategia para la recaptura. Ocurrió cuando en uno de los operativos en la sierra se encontró un sobre similar al que se había entregado con un informe confidencial sobre los movimientos del Chapo al jefe del CIAN. ¿Cómo fue a dar a ese lugar?

También hubo trofeos excepcionales, como el día que quedó identificado todo el anillo de protección formada por militares desertores. En un cateo a uno de los ranchos decomisaron varios equipos de computo. En uno había varias fotografías, ahí apareció Manuel Alejandro Aponte, teniente desertor apodado el Bravo, traía al hombro un Lao, lanzacohetes desechable estadounidense. Por la forma en que portaba el armamento supieron que había estado en fuerzas especiales. Pidieron información en qué año había realizado el Curso de Oficiales Instructores de Fuerzas Especiales (COIFE), cuando tuvieron la lista identificaron a dos más de esa generación que se habían desertado y andaban con él.

Aguilera no continuó al cambio del sexenio. Cuando el general Guillermo Galván asumió la Defensa Nacional, fue enviado de agregado militar a Buenos Aires, Argentina. A los pocos meses le ordenaron regresar, se le pidió su baja y su caso quedó reservado.

El papel de la CIA en el ejército en los primeros años del sexenio de Vicente Fox, se vio modificado tras el atentado a las torres gemelas del 11 de septiembre del 2001. Los agentes que trabajaban desde 1997 con un reducido grupo de oficiales adscritos al Centro Inteligencia Antinarcóticos del Estado Mayor de la Defensa Nacional, se retiraron del país para trasladarse a Afganistán. Cuando se fueron las baterías del CIAN estaban enfocadas a recopilar información para la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, quien se fugó del penal de Puente Grande en enero de ese año. Durante el seguimiento realizado, Guzmán Loera quedó registrado con la clave Tomás.

Fue más de un año de intervenciones telefónicas en la sierra escuchando a Tomás. Uno de los oficiales del ejército que participó en el seguimiento recuerda que en diciembre del 2003 se iba a celebrar un festejo en casa de una de sus mujeres y había vigilancia especial pues cuando salía de alguna de sus guaridas hacía Culiacán o a Durango, era su punto débil y aumentaba la probabilidad de ubicarlo. El Chapo Guzmán tenía la costumbre de contestar el teléfono.

--¿Qué pasó amigo, cómo le va?—

Esa era la frase con la que sabían se trataba de él.

La primera operación del CIAN contra el Chapo fue en 2004. Iba a ver a la señora Consuelo, su madre, al rancho de la Tuna, en Badiraguato. Cuando lo ubicaron pidieron un helicóptero Black Hawk. El despliegue fue notorio, se escucharon los motores en el aire. La imagen con la que se quedaron los militares de fuerzas especiales que iban por él, fue cuando se subió a una cuatrimoto con su escolta y huyó.

Pese al despliegue de recursos para obtener información, algo sucedía que generaba suspicacias. La que recibía Roberto Aguilera Olivera, entonces jefe del CIAN, era 90% efectiva. El general decía que el 10% que faltaba no le servía.

La siguiente vez ubicaron al Chapo en Altata, la costa del Mar de Cortés a media hora de Culiacán. Se pensó que un equipo de buzos se infiltraran por el lado del mar a la casa que daba a la playa. Aguilera les dijo que ya no vieran tantas películas, y no se hizo.

Otra ocasión lo ubicaron en Tamazula. El lugar donde estaba tenía en los cerros de alrededor colocados centinelas armados. Se pensó en lanzar paracaidistas, llevar francotiradores y eliminar a los centinelas. Un abogado del CIAN se opuso, dijo que eso era homicidio y no se hizo.

Hubo un antes y un después en la estrategia para la recaptura. Ocurrió cuando en uno de los operativos en la sierra se encontró un sobre similar al que se había entregado con un informe confidencial sobre los movimientos del Chapo al jefe del CIAN. ¿Cómo fue a dar a ese lugar?

También hubo trofeos excepcionales, como el día que quedó identificado todo el anillo de protección formada por militares desertores. En un cateo a uno de los ranchos decomisaron varios equipos de computo. En uno había varias fotografías, ahí apareció Manuel Alejandro Aponte, teniente desertor apodado el Bravo, traía al hombro un Lao, lanzacohetes desechable estadounidense. Por la forma en que portaba el armamento supieron que había estado en fuerzas especiales. Pidieron información en qué año había realizado el Curso de Oficiales Instructores de Fuerzas Especiales (COIFE), cuando tuvieron la lista identificaron a dos más de esa generación que se habían desertado y andaban con él.

Aguilera no continuó al cambio del sexenio. Cuando el general Guillermo Galván asumió la Defensa Nacional, fue enviado de agregado militar a Buenos Aires, Argentina. A los pocos meses le ordenaron regresar, se le pidió su baja y su caso quedó reservado.