/ sábado 31 de julio de 2021

¡Fuera tiranías!

La libertad es el bien más preciado del ser humano. Las dictaduras se la arrebatan. América Latina tiene un enorme historial en ese sentido y, a pesar de los avances globales, más de una nación todavía las sufre.

En el ojo del huracán están Nicaragua, Cuba y Venezuela, aunque otros países no están exentos de la posibilidad de caer en sus garras. Tres enclaves sometidos por sátrapas, que se niegan a dejar el poder y controlan a sus pueblos a través de la represión y la opresión.

En ellos predomina la miseria, la falta de oportunidades, la imposibilidad de elegir a sus gobernantes, aunque le quieran tapar el ojo al macho con elecciones fraudulentas. Las condiciones de vida son infames y empeoran con la crisis económica del coronavirus, que los empobrece más.

Lo inconcebible, en el caso de Nicaragua es que esté en manos de uno de sus “salvadores”. A Daniel Ortega se le consideraba casi héroe nacional. El pequeño país centroamericano, vivió una dictadura de casi medio siglo, a cargo de la dinastía Somoza. La inició en los años 30 Anastasio Somoza García, quien se las heredó a sus hijos Luis Antonio y Anastasio.

De una crueldad inaudita, cualquier opositor acababa en mazmorras clandestinas, donde se torturaba hasta la muerte. Fue una etapa en la que proliferaron estos desgobiernos en varias regiones, auspiciados por los intereses económicos de Estados Unidos. Los años de los Trujillo en Dominicana, Batista en Cuba, los Duvalier en Haití, impositores del horror.

Llegaban al Poder apoyados por golpes de Estado, con el respaldo del Ejército. En Nicaragua, a principios de los 60 se organiza la guerrilla conocida como el Frente Sandinista Para la Liberación Nacional. Entre sus más destacados líderes estaban el escritor y político, Sergio Ramírez, Dora María Téllez (A la que acaban de aprehender por órdenes de Ortega), el sacerdote Ernesto Cardenal, Daniel Ortega y la familia Chamorro en pleno, entre otros activistas en contra de la dictadura.

Ortega siempre me dio desconfianza. Gastaba en lujos inaccesibles para la cartera de un luchador social, en las ocasiones en las que viajó a Nueva York para sostener conferencias a favor de la paz.

A la caída del último tirano al fin tuvieron elecciones, pero, como ocurre con las regiones lastimadas por tantos años de falta de democracia, hubo bandazos hasta que creyeron encontrar la estabilidad política. Ortega llega a la presidencia con un poder tras el trono, su esposa Rocío Murillo, también exguerrillera, a la que se considera aún más rapaz y desalmada.

Frente a los próximos comicios, en los que se piensa reelegir, a fin de eliminar a cualquier otro contendiente, los ha encarcelado. Como respuesta a las protestas se usan balas y se detiene a los manifestantes con lujo de violencia.

De poco ha servido la condena internacional, ni las amenazas provenientes de la Casa Blanca: La pareja diabólica no está dispuesta a soltar el Poder.

Los cubanos también tratan de liberarse del yugo de más de 50 años. La generación joven accede a las redes y abre los ojos a las condiciones infrahumanas en las que han vivido. A pesar del adoctrinamiento, se les despierta el ansia por la libertad y la exigen, a raíz de la debacle económica y de salud en la isla, debida a la pandemia (Gota que derramó el agua del vaso).

Igual que se desmoronó el totalitarismo soviético, en América se siente la demanda de vientos frescos. Esperemos lleguen.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq


La libertad es el bien más preciado del ser humano. Las dictaduras se la arrebatan. América Latina tiene un enorme historial en ese sentido y, a pesar de los avances globales, más de una nación todavía las sufre.

En el ojo del huracán están Nicaragua, Cuba y Venezuela, aunque otros países no están exentos de la posibilidad de caer en sus garras. Tres enclaves sometidos por sátrapas, que se niegan a dejar el poder y controlan a sus pueblos a través de la represión y la opresión.

En ellos predomina la miseria, la falta de oportunidades, la imposibilidad de elegir a sus gobernantes, aunque le quieran tapar el ojo al macho con elecciones fraudulentas. Las condiciones de vida son infames y empeoran con la crisis económica del coronavirus, que los empobrece más.

Lo inconcebible, en el caso de Nicaragua es que esté en manos de uno de sus “salvadores”. A Daniel Ortega se le consideraba casi héroe nacional. El pequeño país centroamericano, vivió una dictadura de casi medio siglo, a cargo de la dinastía Somoza. La inició en los años 30 Anastasio Somoza García, quien se las heredó a sus hijos Luis Antonio y Anastasio.

De una crueldad inaudita, cualquier opositor acababa en mazmorras clandestinas, donde se torturaba hasta la muerte. Fue una etapa en la que proliferaron estos desgobiernos en varias regiones, auspiciados por los intereses económicos de Estados Unidos. Los años de los Trujillo en Dominicana, Batista en Cuba, los Duvalier en Haití, impositores del horror.

Llegaban al Poder apoyados por golpes de Estado, con el respaldo del Ejército. En Nicaragua, a principios de los 60 se organiza la guerrilla conocida como el Frente Sandinista Para la Liberación Nacional. Entre sus más destacados líderes estaban el escritor y político, Sergio Ramírez, Dora María Téllez (A la que acaban de aprehender por órdenes de Ortega), el sacerdote Ernesto Cardenal, Daniel Ortega y la familia Chamorro en pleno, entre otros activistas en contra de la dictadura.

Ortega siempre me dio desconfianza. Gastaba en lujos inaccesibles para la cartera de un luchador social, en las ocasiones en las que viajó a Nueva York para sostener conferencias a favor de la paz.

A la caída del último tirano al fin tuvieron elecciones, pero, como ocurre con las regiones lastimadas por tantos años de falta de democracia, hubo bandazos hasta que creyeron encontrar la estabilidad política. Ortega llega a la presidencia con un poder tras el trono, su esposa Rocío Murillo, también exguerrillera, a la que se considera aún más rapaz y desalmada.

Frente a los próximos comicios, en los que se piensa reelegir, a fin de eliminar a cualquier otro contendiente, los ha encarcelado. Como respuesta a las protestas se usan balas y se detiene a los manifestantes con lujo de violencia.

De poco ha servido la condena internacional, ni las amenazas provenientes de la Casa Blanca: La pareja diabólica no está dispuesta a soltar el Poder.

Los cubanos también tratan de liberarse del yugo de más de 50 años. La generación joven accede a las redes y abre los ojos a las condiciones infrahumanas en las que han vivido. A pesar del adoctrinamiento, se les despierta el ansia por la libertad y la exigen, a raíz de la debacle económica y de salud en la isla, debida a la pandemia (Gota que derramó el agua del vaso).

Igual que se desmoronó el totalitarismo soviético, en América se siente la demanda de vientos frescos. Esperemos lleguen.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq


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