/ lunes 9 de abril de 2018

Guerra comercial, TLCAN y México

No hubo engaños, desde su precampaña lo advirtió, durante su campaña lo refrendó, lo firmó en su Contrato con el Votante Americano y lo comenzó a aplicar en la primera semana de su gobierno: Donald Trump desea modificar la arquitectura del comercio internacional.

Al presidente de Estados Unidos no le parece que el marco legal delineado por la Organización Mundial de Comercio (OMC) favorezca los intereses de su gobierno y por ello ni se preocupa en utilizarla como intermediario en su conflicto con China.

Prefiere la acción directa: imponer aranceles a un creciente número de productos chinos. Quiere actuar rápido y los mecanismos de la OMC no tienen la flexibilidad que requiere.

China respondió de igual manera aunque al inicio con menor intensidad al elevar aranceles a un grupo de productos que no son estratégicos en la relación con EU. No obstante, en una segunda etapa ha señalado que no dudará en responder frente a las acciones de Donald Trump. Con ello inició una guerra comercial no observada en las últimas décadas.

Durante 30 años, la OMC y los gobiernos de Europa, Estados Unidos y Japón fueron permisivos con sus trasnacionales al delinear un marco global que en teoría busca la igualdad comercial, pero que en la práctica favore las prácticas de un Capitalismo de Estado implementado en Asia del Este.

Las trasnacionales aprovecharon los bajos costos laborales, la permisividad ambiental, facilidades fiscales, mano de obra calificada y una infraestructura diseñada por los países del Pacífico Asiático para atraer inversión y tecnología de occidente.

Siguiendo el ejemplo de Japón comenzaron como maquilladores, pero rápidamente capturaron una mayor parte de las cadenas productivas de la manufactura. Al mismo tiempo crearon empresas trasnacionales propias que ya compiten con las de occidente.

Por ello Donald Trump enfrenta la oposición de sus propias empresas en la guerra comercial con China y en la renegociación del TLCAN.

El Este de Asia incrustó su Capitalismo de Estado en el ADN del “libre comercio” global porque los intereses y rentabilidad de las empresas trasnacionales de occidente depende de las ventajas que le da dicha región.

América del Norte se ha vuelto adicto a lo Hecho en Asia y por ello no ha logrado generar mayor integración a través del TLCAN: en la agenda del tratado solo se encontraba la parte comercial, nunca fue un acuerdo integral en materia económica y laboral.

México debe tener claro que el sistema de comercio internacional se modificará y que el TLCAN debe buscar nuevos caminos para elevar la productividad, innovación tecnológica, integración de cadenas productivas y competitividad en América del Norte.

Si todo termina en una agenda comercial será una victoria pírrica ante el avance de un Pacífico Asiático que basa su ventaja en una creciente plataforma productiva regional estrechamente integrada.

No hubo engaños, desde su precampaña lo advirtió, durante su campaña lo refrendó, lo firmó en su Contrato con el Votante Americano y lo comenzó a aplicar en la primera semana de su gobierno: Donald Trump desea modificar la arquitectura del comercio internacional.

Al presidente de Estados Unidos no le parece que el marco legal delineado por la Organización Mundial de Comercio (OMC) favorezca los intereses de su gobierno y por ello ni se preocupa en utilizarla como intermediario en su conflicto con China.

Prefiere la acción directa: imponer aranceles a un creciente número de productos chinos. Quiere actuar rápido y los mecanismos de la OMC no tienen la flexibilidad que requiere.

China respondió de igual manera aunque al inicio con menor intensidad al elevar aranceles a un grupo de productos que no son estratégicos en la relación con EU. No obstante, en una segunda etapa ha señalado que no dudará en responder frente a las acciones de Donald Trump. Con ello inició una guerra comercial no observada en las últimas décadas.

Durante 30 años, la OMC y los gobiernos de Europa, Estados Unidos y Japón fueron permisivos con sus trasnacionales al delinear un marco global que en teoría busca la igualdad comercial, pero que en la práctica favore las prácticas de un Capitalismo de Estado implementado en Asia del Este.

Las trasnacionales aprovecharon los bajos costos laborales, la permisividad ambiental, facilidades fiscales, mano de obra calificada y una infraestructura diseñada por los países del Pacífico Asiático para atraer inversión y tecnología de occidente.

Siguiendo el ejemplo de Japón comenzaron como maquilladores, pero rápidamente capturaron una mayor parte de las cadenas productivas de la manufactura. Al mismo tiempo crearon empresas trasnacionales propias que ya compiten con las de occidente.

Por ello Donald Trump enfrenta la oposición de sus propias empresas en la guerra comercial con China y en la renegociación del TLCAN.

El Este de Asia incrustó su Capitalismo de Estado en el ADN del “libre comercio” global porque los intereses y rentabilidad de las empresas trasnacionales de occidente depende de las ventajas que le da dicha región.

América del Norte se ha vuelto adicto a lo Hecho en Asia y por ello no ha logrado generar mayor integración a través del TLCAN: en la agenda del tratado solo se encontraba la parte comercial, nunca fue un acuerdo integral en materia económica y laboral.

México debe tener claro que el sistema de comercio internacional se modificará y que el TLCAN debe buscar nuevos caminos para elevar la productividad, innovación tecnológica, integración de cadenas productivas y competitividad en América del Norte.

Si todo termina en una agenda comercial será una victoria pírrica ante el avance de un Pacífico Asiático que basa su ventaja en una creciente plataforma productiva regional estrechamente integrada.

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