/ jueves 21 de marzo de 2019

Hablemos del EU rural

¿Cuál es el problema con el Estados Unidos rural? Los principales centros urbanos siempre han sido imanes para el crecimiento económico. Ofrecen enormes mercados, la disposición inmediata de proveedores especializados, grandes grupos de empleados con habilidades especializadas y el intercambio invisible de información que resulta del contacto personal. Como lo describió el economista victoriano Alfred Marshall: “Los misterios del oficio dejan de serlo, pero están, por así decirlo, en el aire”.

Sin embargo, la fuerza gravitacional de las grandes ciudades solía contrarrestarse con la necesidad de que hubiera agricultura y ganadería donde se encontraban las tierras fértiles. En 1950, la agricultura estadounidense empleaba directamente a más de seis millones de personas; estos agricultores sustentaban una red de pequeños poblados y proporcionaban servicios locales y algunos de estos pequeños poblados servían como las semillas en torno a las cuales crecían industrias especializadas.

La agricultura tampoco era la única actividad que le daba a la gente una razón para vivir lejos de las áreas metropolitanas importantes. Por ejemplo, estaba el casi medio millón de mineros de carbón.

No obstante, desde entonces, aunque la población estadounidense se ha duplicado, el número de agricultores ha caído dos tercios. Además, de manera generalizada, la opinión pública estadounidense en relación con los inmigrantes es cada vez más positiva, pero entre los estadounidenses de las áreas rurales, la mayoría de los cuales rara vez se encuentran con inmigrantes en sus vidas cotidianas, hay una opinión mayormente más negativa.

No sorprende que el Estados Unidos rural también sea, en gran medida, el único lugar donde Donald Trump sigue siendo popular. A pesar del daño que sus guerras comerciales han hecho a la economía agrícola, su aprobación neta es inmensamente mayor en las áreas rurales que en el resto del país.

Entonces, ¿qué se puede hacer para ayudar al Estados Unidos rural? Podemos y deberíamos asegurarnos de que todos los estadounidenses tengan buenos servicios médicos, acceso a educación de calidad y así sucesivamente sin importar dónde vivan. Podemos tratar de fomentar el desarrollo económico en las regiones rezagadas con inversión pública, subsidios al empleo y, posiblemente, garantías de empleo.

De manera realista, no podemos esperar que la asistencia produzca un cambio político radical. A pesar de toda esa asistencia, en 2017, más de una cuarta parte de los hombres de Alemania del Este votaron por el partido nacionalista blanco de extrema derecha, Alternativa para Alemania.

Estoy seguro de que a algunos lectores rurales les molestará todo lo que acabo de decir, ya que lo interpretan como la típica condescendencia proveniente de las grandes ciudades. No obstante, esa no es ni mi intención ni el fin de este texto. Se trata nada más de intentar ser objetivo. No podemos ayudar al Estados Unidos rural sin entender que la función que solía desempeñar en nuestra nación está siendo debilitada por fuerzas económicas poderosas que nadie sabe cómo detener.

¿Cuál es el problema con el Estados Unidos rural? Los principales centros urbanos siempre han sido imanes para el crecimiento económico. Ofrecen enormes mercados, la disposición inmediata de proveedores especializados, grandes grupos de empleados con habilidades especializadas y el intercambio invisible de información que resulta del contacto personal. Como lo describió el economista victoriano Alfred Marshall: “Los misterios del oficio dejan de serlo, pero están, por así decirlo, en el aire”.

Sin embargo, la fuerza gravitacional de las grandes ciudades solía contrarrestarse con la necesidad de que hubiera agricultura y ganadería donde se encontraban las tierras fértiles. En 1950, la agricultura estadounidense empleaba directamente a más de seis millones de personas; estos agricultores sustentaban una red de pequeños poblados y proporcionaban servicios locales y algunos de estos pequeños poblados servían como las semillas en torno a las cuales crecían industrias especializadas.

La agricultura tampoco era la única actividad que le daba a la gente una razón para vivir lejos de las áreas metropolitanas importantes. Por ejemplo, estaba el casi medio millón de mineros de carbón.

No obstante, desde entonces, aunque la población estadounidense se ha duplicado, el número de agricultores ha caído dos tercios. Además, de manera generalizada, la opinión pública estadounidense en relación con los inmigrantes es cada vez más positiva, pero entre los estadounidenses de las áreas rurales, la mayoría de los cuales rara vez se encuentran con inmigrantes en sus vidas cotidianas, hay una opinión mayormente más negativa.

No sorprende que el Estados Unidos rural también sea, en gran medida, el único lugar donde Donald Trump sigue siendo popular. A pesar del daño que sus guerras comerciales han hecho a la economía agrícola, su aprobación neta es inmensamente mayor en las áreas rurales que en el resto del país.

Entonces, ¿qué se puede hacer para ayudar al Estados Unidos rural? Podemos y deberíamos asegurarnos de que todos los estadounidenses tengan buenos servicios médicos, acceso a educación de calidad y así sucesivamente sin importar dónde vivan. Podemos tratar de fomentar el desarrollo económico en las regiones rezagadas con inversión pública, subsidios al empleo y, posiblemente, garantías de empleo.

De manera realista, no podemos esperar que la asistencia produzca un cambio político radical. A pesar de toda esa asistencia, en 2017, más de una cuarta parte de los hombres de Alemania del Este votaron por el partido nacionalista blanco de extrema derecha, Alternativa para Alemania.

Estoy seguro de que a algunos lectores rurales les molestará todo lo que acabo de decir, ya que lo interpretan como la típica condescendencia proveniente de las grandes ciudades. No obstante, esa no es ni mi intención ni el fin de este texto. Se trata nada más de intentar ser objetivo. No podemos ayudar al Estados Unidos rural sin entender que la función que solía desempeñar en nuestra nación está siendo debilitada por fuerzas económicas poderosas que nadie sabe cómo detener.

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