/ domingo 15 de noviembre de 2020

¿Hacia dónde va el Politécnico?

La educación en México siempre ha representado un reto, primero de cobertura, después de calidad y hoy, en plena pandemia, de impartición, sin que la suma de retos haya significado que garantizáramos a cabalidad cada uno de ellos.

“Es la educación la que genera mejores condiciones de justicia; educar evita la necesidad de castigar”. Ése es el pensamiento de Justo Sierra, constructor de los cimientos de la Universidad Nacional de México (hoy UNAM) y principal ejecutor de una política educativa encaminada a los estudios superiores. Él construyó los cimientos de la Universidad Nacional que tenemos hoy en día.

Hoy, es necesario ampliar esos cimientos como resultado de la evolución tecnológica y del surgimiento de nuevas necesidades en el sector productivo, lo cual no implica en forma alguna hacer de lado la preparación humanista de nuestra juventud, sino fomentar el estudio de nuevas ingenierías y de ciencias aplicadas a resolver los problemas que enfrenta la sociedad del siglo XXI.

Y es que de acuerdo con los ideales del oaxaqueño y rector de la Universidad Nacional, José Vasconcelos, las instituciones de educación superior tienen la misión de impartir enseñanza y preparar a una generación de técnicos y humanistas que trabajen y colaboren con la sociedad. Al ser nombrado rector de la Universidad Nacional dijo: “Yo no vengo a trabajar por la Universidad sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo.”

Ese fue su propósito como rector y el nuestro como herederos de ese pensamiento de avanzada.

La vinculación que debe existir entre las instituciones de educación superior y el sector productivo es fundamental como parte de la planeación educativa. Y ello lo ha alcanzado la UNAM, pero particularmente el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Desde su creación en 1936, bajo el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas del Río, el IPN abrió el saber, la técnica, el conocimiento a los jóvenes de diversos puntos de la geografía nacional.

Se puede definir a la educación técnica como el proceso de aprendizaje escolar que privilegia la práctica, el saber hacer, fundamentando las experiencias obtenidas en talleres y laboratorios sobre la base de conocimientos teóricos-científicos. Es decir, en el proceso de enseñanza aprendizaje se fusiona la teoría y la práctica a fin de dotar a los alumnos de conocimiento, habilidades y valores útiles en su incorporación a una actividad productiva (Jesús Ávila Golinzaga).

El Politécnico ha hecho invaluables aportaciones a la nación gracias al trabajo de su comunidad que, al egresar muy bien capacitada de sus aulas y laboratorios, ha sido la responsable de colaborar en la generación de riqueza y de desarrollo en la sociedad. Y en esta pandemia no ha cejado en esa labor, pues ha sido la responsable de innovar en la educación en línea.

Hoy, esta máxima casa de estudios técnicos se encuentra inmersa en la renovación de su director, tras años de altibajos en su trayectoria y estancamiento en muchos sentidos. Es necesario que al frente de esta institución educativa sea nombrado un profesional que no solo cuente con las cartas credenciales académicas, sino que también sea apoyado por el alumnado y sea un factor de unidad y concordia para llevar al Politécnico al siguiente peldaño de crecimiento.

Politécnico maduro de cepa pura, con formación técnica de excelencia, que no forme parte de los grupos que en los recientes 20 años han desviado el rumbo del IPN, creador de instituciones educativas y que tenga proyecto para el presente, pero también para futuro, son las aptitudes esenciales que se espera del nuevo director,


@jlcamachov

La educación en México siempre ha representado un reto, primero de cobertura, después de calidad y hoy, en plena pandemia, de impartición, sin que la suma de retos haya significado que garantizáramos a cabalidad cada uno de ellos.

“Es la educación la que genera mejores condiciones de justicia; educar evita la necesidad de castigar”. Ése es el pensamiento de Justo Sierra, constructor de los cimientos de la Universidad Nacional de México (hoy UNAM) y principal ejecutor de una política educativa encaminada a los estudios superiores. Él construyó los cimientos de la Universidad Nacional que tenemos hoy en día.

Hoy, es necesario ampliar esos cimientos como resultado de la evolución tecnológica y del surgimiento de nuevas necesidades en el sector productivo, lo cual no implica en forma alguna hacer de lado la preparación humanista de nuestra juventud, sino fomentar el estudio de nuevas ingenierías y de ciencias aplicadas a resolver los problemas que enfrenta la sociedad del siglo XXI.

Y es que de acuerdo con los ideales del oaxaqueño y rector de la Universidad Nacional, José Vasconcelos, las instituciones de educación superior tienen la misión de impartir enseñanza y preparar a una generación de técnicos y humanistas que trabajen y colaboren con la sociedad. Al ser nombrado rector de la Universidad Nacional dijo: “Yo no vengo a trabajar por la Universidad sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo.”

Ese fue su propósito como rector y el nuestro como herederos de ese pensamiento de avanzada.

La vinculación que debe existir entre las instituciones de educación superior y el sector productivo es fundamental como parte de la planeación educativa. Y ello lo ha alcanzado la UNAM, pero particularmente el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Desde su creación en 1936, bajo el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas del Río, el IPN abrió el saber, la técnica, el conocimiento a los jóvenes de diversos puntos de la geografía nacional.

Se puede definir a la educación técnica como el proceso de aprendizaje escolar que privilegia la práctica, el saber hacer, fundamentando las experiencias obtenidas en talleres y laboratorios sobre la base de conocimientos teóricos-científicos. Es decir, en el proceso de enseñanza aprendizaje se fusiona la teoría y la práctica a fin de dotar a los alumnos de conocimiento, habilidades y valores útiles en su incorporación a una actividad productiva (Jesús Ávila Golinzaga).

El Politécnico ha hecho invaluables aportaciones a la nación gracias al trabajo de su comunidad que, al egresar muy bien capacitada de sus aulas y laboratorios, ha sido la responsable de colaborar en la generación de riqueza y de desarrollo en la sociedad. Y en esta pandemia no ha cejado en esa labor, pues ha sido la responsable de innovar en la educación en línea.

Hoy, esta máxima casa de estudios técnicos se encuentra inmersa en la renovación de su director, tras años de altibajos en su trayectoria y estancamiento en muchos sentidos. Es necesario que al frente de esta institución educativa sea nombrado un profesional que no solo cuente con las cartas credenciales académicas, sino que también sea apoyado por el alumnado y sea un factor de unidad y concordia para llevar al Politécnico al siguiente peldaño de crecimiento.

Politécnico maduro de cepa pura, con formación técnica de excelencia, que no forme parte de los grupos que en los recientes 20 años han desviado el rumbo del IPN, creador de instituciones educativas y que tenga proyecto para el presente, pero también para futuro, son las aptitudes esenciales que se espera del nuevo director,


@jlcamachov