/ viernes 19 de enero de 2024

Hojas de papel | ¡Abrázame! ¿No ves que tengo frío?

O como dice Joaquín Sabina en una de sus rolas más conocidas: “La vida no es un block cuadriculado”… eso es. La vida no es todo orden, todo esquemático, todo el Manual de Carreño; todo siguiendo una línea y llenando cuadritos de lo vivido y vacíos por lo no hecho...

Sí es un ir y venir a lo largo del tiempo; es un encuentro y desencuentro constante: es el ser y la nada, diría Jean Paul Sartre; es reír de felicidad a raudales y de pronto sumergirse en la tristeza más profunda y más dolorosa; es bailar feliz como un príncipe un día y otro día, quizá, como perrito bailarín cuando las cosas no son lo que uno pensó…

… Es caminar abriendo puertas para encontrar lo más deseado, lo más querido, lo más necesitado. Algunas de esas puertas se abren, otras de plano están selladas, ahí es inútil todo esfuerzo y es mejor alejarse…: Pero es la vida y, al final, lo que uno más quiere es la felicidad, así de simple.

Y cada uno habla de la vida según le va en la feria y su jugada; en la rueda de la fortuna que ‘gira-gira’; en los dardos y el circulito movible. Y cuando se tiene esa felicidad anhelada uno brinca de gusto, de contento, de alegría, de satisfacción, de miradas al infinito entre suspiro y suspiro con ese hálito de satisfacción porque al fin se tiene lo que se quiere, para siempre…

En todo caso, el ser humano necesita ser apapachado y apapachar. Necesita que le digan: te quiero-te necesito-me haces falta-me encanta verte-me da gusto que estés aquí-si no estás se siente feo-feo-feo-. Y entonces se necesita recibir muestras de amor-afecto-solidaridad; de ser y estar.

Lo mismo que cuando uno aprecia a otra persona-la quiere-la necesita-le urge mostrarle afecto-cordialidad-amor-cariño-solidaridad-amistad… Y entonces está ahí la muestra inevitable…

Es que, para todo eso, los seres humanos encontraron un remedio infalible. Un remedio que no cuesta nada y que sí da mucho. Es un abrazo. ¡Sí, señor! Así, simple y sencillamente un abrazo. ¿A poco usted no ha sentido a todo dar cuando le dan un abrazo? ¿O cuando usted da un abrazo con todas las ganas del mundo?

Bueno, pues todo este rollo mareador viene porque el 21 de enero de cada año es el Día Mundial del Abrazo. ¿Quién lo inventó? Por ahí alguien en Estados Unidos que descubrió que necesitaba que lo apapacharan y necesitaba apapachar y por tanto decidió que debería haber un día en el que todos los seres humanos se dieran un abrazo. ¿Lo sabía usted? Yo no. Apenas me enteré…

Esto del “Día Mundial del Abrazo” suena simpático y es bueno. Dar abrazos es saludable. Muy saludable para todos. De hecho, no existe una mejor manera de expresar cariño y afecto que a través de un abrazo. Porque los abrazos no sólo nos hacen sentir bien, sino que su efecto va más allá de un sentimiento cálido: es saludable para el cuerpo y para el alma.

Los abrazos disminuyen los niveles de estrés y ansiedad: Cuando una persona ha tenido un día difícil, un abrazo le puede ayudar a relajarse y sentirse segura. Con tan solo un abrazo se puede cambiar el día entero.

Además: Según los sabios en abrazología, los abrazos bajan el ritmo cardiaco y la presión; mejoran el ciclo de sueño; mejora la autoestima; reduce el dolor –si se está enfermo-; mejora la relación entre humanos.

¿Qué es un abrazo? Los antiguos mexicanos, los de prehispania, le llamaban apapacho, porque es, decían, “una caricia con el alma". En un apapacho se juntan dos corazones como muestra de entrega y recepción de afecto.

La Real Academia de la Lengua lo dice así: “abrazo, 1. m. Acción y efecto de abrazar (‖ estrechar entre los brazos). Sin.: estrujón. 2. m. Acción y efecto de abrazar (‖ ceñir con los brazos).

‘El abrazo –dicen los libros- es una muestra de amor o un saludo, que se lleva a cabo con los brazos alrededor de la persona a la que se brinda el gesto, apretando o constriñendo con fuerza y duración variables’.

En todo caso, cuando uno abraza a quien se quiere, todo se convierte en pirotecnia, luces en el infinito y en el cielo se juntan el sol, la luna, las estrellas, los asteroides…

Por supuesto hay distintas formas de abrazo. No todas son para gritar y brincar de felicidad, no, para nada. Los ha de distinta forma, con distinto sentido, con diferente intensidad y objetivo.

Los hay esos que se dan por puro compromiso, si es que se les puede llamar abrazo; los hay por protocolo, como cuando uno dice unas palabritas en un foro y termina y todos nos aplauden aunque no nos hayan escuchado o entendido; o cuando se recibe un premio o un regalo y se acostumbra dar un abrazo, así como de paso.

O incluso hay abrazos que son advertencia, como cuando te abrazan y te quieren tronar el esqueleto para mostrar fuerza, autoridad y “mira con quien estás hablando”. Como en la película de Pedro Infante y Jorge Negrete (“Dos tipos de cuidado”) en la que se abrazan pero rechinan los huesos del puro apretón-corajudo que parece interminable.

Pero sobre todo están los grandes abrazos; los que se dan por cariño, por afecto, por amor-pasión o por amor fraterno. Son de esos abrazos que se reciben y se dan para entregar el alma, para entregar el aliento, para entregar las ganas de que nos entiendan y las ganas de entender.

El abrazo de una pareja de novios enamorados hasta la garra es incomparable, o el de la esposa y el esposo que se quieren: son los abrazos ternura y amor, pasión, locura y felicidad que dura ese instante y siempre.

Los hay también de amor fraterno. Los que se dan a quien se quiere: hermano, hermana, primos muy queridos, seres amados a quienes se valora y se quiere y se procura. Son abrazos que se dan con ganas de a de veras. Son el abrazo completo…

… Son el abrazo del “Aquí estoy-aquí estás: uno solo en las buenas y en las malas, en las duras o en las maduras, en tirar cohetes y juntos recoger las varas…” San Juan de la Cruz lo dijo así en 1581: “Dejadas aparte y olvidadas todas las tentaciones, turbaciones, penas, solicitud y cuidados, transformada [el alma] en este alto abrazo.”

David Grossman escribe: “Nos abrazamos. Nos abrazamos por sentir al otro, por reconocerle su lugar, para saludar a alguien que hace mucho tiempo que no vemos, o para despedir a aquel amor que girará la esquina y desaparecerá para siempre.

“Abrimos nuestros brazos por muchos motivos. Por dar paso a una nueva vida, porque aquello que tenemos no se pierda nunca, para dar la bienvenida a alguien que se convertirá en alguien importante… El abrazo es un cuento, pero en realidad podríamos llamarlo una pequeña novela…”

Y por supuesto el abrazo supremo: el de la madre. Cuando uno nace el primer contacto que se tiene con la humanidad y con el amor y protección, es el abrazo de la madre, es en su regazo. Ella nos ve como el pequeño ser humano más hermoso de la tierra –aunque seamos horrorosos- y al que habrá de dedicar su vida y su cuidado y su cariño y su amor, que es, como dicen Los Churumbeles de España: el “Cariño verdad” en un abrazo.

Nacemos con un abrazo y morimos con un abrazo. Eso es. Nos abraza la vida al nacer, nos abraza la madre; y nos abraza la vida cuando nos dice adiós. Eso es también.

En el arte hay miles-millones de muestras de los grandes abrazos. En las películas hay abrazos que son actuación pero que se convierten en arte cuando están en obras de arte, como por ejemplo los de Vivien Leigh y Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”… otros en “Doctor Zhivago”… tantos…

En la pintura hay abrazos que son eternos: “El abrazo del amor del Universo” de Frida Kahlo obra en el que a modo de “La Piedad” de Miguel Ángel, ella abraza en su regazo a Diego a modo de dolor y de protección y cuidado; “El abrazo” de Gustav Klimt, todo pasión, todo amor insuperable…

“El abrazo” de Egon Schiele, locura y entrega, previo al acto sexual; “Abrazo” de Pablo Picasso que es uno y cien abrazos en un pintor que entendía al abrazo como forma absoluta de entrega y alivio…; o “Los amantes” de Magritte que cubiertos sus rostros por un paño se abrazan y se buscan… En fin. En prácticamente todas las artes el abrazo es muestra de entrega y recepción: amor-amistad-solidaridad-cordialidad-necesidad…

Y… por cierto ¿Cuándo fue la última vez que dio usted un abrazo, de los de a de veras? Ojalá no se le haya olvidado.

O como dice Joaquín Sabina en una de sus rolas más conocidas: “La vida no es un block cuadriculado”… eso es. La vida no es todo orden, todo esquemático, todo el Manual de Carreño; todo siguiendo una línea y llenando cuadritos de lo vivido y vacíos por lo no hecho...

Sí es un ir y venir a lo largo del tiempo; es un encuentro y desencuentro constante: es el ser y la nada, diría Jean Paul Sartre; es reír de felicidad a raudales y de pronto sumergirse en la tristeza más profunda y más dolorosa; es bailar feliz como un príncipe un día y otro día, quizá, como perrito bailarín cuando las cosas no son lo que uno pensó…

… Es caminar abriendo puertas para encontrar lo más deseado, lo más querido, lo más necesitado. Algunas de esas puertas se abren, otras de plano están selladas, ahí es inútil todo esfuerzo y es mejor alejarse…: Pero es la vida y, al final, lo que uno más quiere es la felicidad, así de simple.

Y cada uno habla de la vida según le va en la feria y su jugada; en la rueda de la fortuna que ‘gira-gira’; en los dardos y el circulito movible. Y cuando se tiene esa felicidad anhelada uno brinca de gusto, de contento, de alegría, de satisfacción, de miradas al infinito entre suspiro y suspiro con ese hálito de satisfacción porque al fin se tiene lo que se quiere, para siempre…

En todo caso, el ser humano necesita ser apapachado y apapachar. Necesita que le digan: te quiero-te necesito-me haces falta-me encanta verte-me da gusto que estés aquí-si no estás se siente feo-feo-feo-. Y entonces se necesita recibir muestras de amor-afecto-solidaridad; de ser y estar.

Lo mismo que cuando uno aprecia a otra persona-la quiere-la necesita-le urge mostrarle afecto-cordialidad-amor-cariño-solidaridad-amistad… Y entonces está ahí la muestra inevitable…

Es que, para todo eso, los seres humanos encontraron un remedio infalible. Un remedio que no cuesta nada y que sí da mucho. Es un abrazo. ¡Sí, señor! Así, simple y sencillamente un abrazo. ¿A poco usted no ha sentido a todo dar cuando le dan un abrazo? ¿O cuando usted da un abrazo con todas las ganas del mundo?

Bueno, pues todo este rollo mareador viene porque el 21 de enero de cada año es el Día Mundial del Abrazo. ¿Quién lo inventó? Por ahí alguien en Estados Unidos que descubrió que necesitaba que lo apapacharan y necesitaba apapachar y por tanto decidió que debería haber un día en el que todos los seres humanos se dieran un abrazo. ¿Lo sabía usted? Yo no. Apenas me enteré…

Esto del “Día Mundial del Abrazo” suena simpático y es bueno. Dar abrazos es saludable. Muy saludable para todos. De hecho, no existe una mejor manera de expresar cariño y afecto que a través de un abrazo. Porque los abrazos no sólo nos hacen sentir bien, sino que su efecto va más allá de un sentimiento cálido: es saludable para el cuerpo y para el alma.

Los abrazos disminuyen los niveles de estrés y ansiedad: Cuando una persona ha tenido un día difícil, un abrazo le puede ayudar a relajarse y sentirse segura. Con tan solo un abrazo se puede cambiar el día entero.

Además: Según los sabios en abrazología, los abrazos bajan el ritmo cardiaco y la presión; mejoran el ciclo de sueño; mejora la autoestima; reduce el dolor –si se está enfermo-; mejora la relación entre humanos.

¿Qué es un abrazo? Los antiguos mexicanos, los de prehispania, le llamaban apapacho, porque es, decían, “una caricia con el alma". En un apapacho se juntan dos corazones como muestra de entrega y recepción de afecto.

La Real Academia de la Lengua lo dice así: “abrazo, 1. m. Acción y efecto de abrazar (‖ estrechar entre los brazos). Sin.: estrujón. 2. m. Acción y efecto de abrazar (‖ ceñir con los brazos).

‘El abrazo –dicen los libros- es una muestra de amor o un saludo, que se lleva a cabo con los brazos alrededor de la persona a la que se brinda el gesto, apretando o constriñendo con fuerza y duración variables’.

En todo caso, cuando uno abraza a quien se quiere, todo se convierte en pirotecnia, luces en el infinito y en el cielo se juntan el sol, la luna, las estrellas, los asteroides…

Por supuesto hay distintas formas de abrazo. No todas son para gritar y brincar de felicidad, no, para nada. Los ha de distinta forma, con distinto sentido, con diferente intensidad y objetivo.

Los hay esos que se dan por puro compromiso, si es que se les puede llamar abrazo; los hay por protocolo, como cuando uno dice unas palabritas en un foro y termina y todos nos aplauden aunque no nos hayan escuchado o entendido; o cuando se recibe un premio o un regalo y se acostumbra dar un abrazo, así como de paso.

O incluso hay abrazos que son advertencia, como cuando te abrazan y te quieren tronar el esqueleto para mostrar fuerza, autoridad y “mira con quien estás hablando”. Como en la película de Pedro Infante y Jorge Negrete (“Dos tipos de cuidado”) en la que se abrazan pero rechinan los huesos del puro apretón-corajudo que parece interminable.

Pero sobre todo están los grandes abrazos; los que se dan por cariño, por afecto, por amor-pasión o por amor fraterno. Son de esos abrazos que se reciben y se dan para entregar el alma, para entregar el aliento, para entregar las ganas de que nos entiendan y las ganas de entender.

El abrazo de una pareja de novios enamorados hasta la garra es incomparable, o el de la esposa y el esposo que se quieren: son los abrazos ternura y amor, pasión, locura y felicidad que dura ese instante y siempre.

Los hay también de amor fraterno. Los que se dan a quien se quiere: hermano, hermana, primos muy queridos, seres amados a quienes se valora y se quiere y se procura. Son abrazos que se dan con ganas de a de veras. Son el abrazo completo…

… Son el abrazo del “Aquí estoy-aquí estás: uno solo en las buenas y en las malas, en las duras o en las maduras, en tirar cohetes y juntos recoger las varas…” San Juan de la Cruz lo dijo así en 1581: “Dejadas aparte y olvidadas todas las tentaciones, turbaciones, penas, solicitud y cuidados, transformada [el alma] en este alto abrazo.”

David Grossman escribe: “Nos abrazamos. Nos abrazamos por sentir al otro, por reconocerle su lugar, para saludar a alguien que hace mucho tiempo que no vemos, o para despedir a aquel amor que girará la esquina y desaparecerá para siempre.

“Abrimos nuestros brazos por muchos motivos. Por dar paso a una nueva vida, porque aquello que tenemos no se pierda nunca, para dar la bienvenida a alguien que se convertirá en alguien importante… El abrazo es un cuento, pero en realidad podríamos llamarlo una pequeña novela…”

Y por supuesto el abrazo supremo: el de la madre. Cuando uno nace el primer contacto que se tiene con la humanidad y con el amor y protección, es el abrazo de la madre, es en su regazo. Ella nos ve como el pequeño ser humano más hermoso de la tierra –aunque seamos horrorosos- y al que habrá de dedicar su vida y su cuidado y su cariño y su amor, que es, como dicen Los Churumbeles de España: el “Cariño verdad” en un abrazo.

Nacemos con un abrazo y morimos con un abrazo. Eso es. Nos abraza la vida al nacer, nos abraza la madre; y nos abraza la vida cuando nos dice adiós. Eso es también.

En el arte hay miles-millones de muestras de los grandes abrazos. En las películas hay abrazos que son actuación pero que se convierten en arte cuando están en obras de arte, como por ejemplo los de Vivien Leigh y Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”… otros en “Doctor Zhivago”… tantos…

En la pintura hay abrazos que son eternos: “El abrazo del amor del Universo” de Frida Kahlo obra en el que a modo de “La Piedad” de Miguel Ángel, ella abraza en su regazo a Diego a modo de dolor y de protección y cuidado; “El abrazo” de Gustav Klimt, todo pasión, todo amor insuperable…

“El abrazo” de Egon Schiele, locura y entrega, previo al acto sexual; “Abrazo” de Pablo Picasso que es uno y cien abrazos en un pintor que entendía al abrazo como forma absoluta de entrega y alivio…; o “Los amantes” de Magritte que cubiertos sus rostros por un paño se abrazan y se buscan… En fin. En prácticamente todas las artes el abrazo es muestra de entrega y recepción: amor-amistad-solidaridad-cordialidad-necesidad…

Y… por cierto ¿Cuándo fue la última vez que dio usted un abrazo, de los de a de veras? Ojalá no se le haya olvidado.

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