/ viernes 8 de diciembre de 2023

Hojas de Papel | Granados Chapa: "La vida que es camino"

Estaba ahí, al frente, firme, siempre gallardo, barbado, siempre impecable en su traje obscuro, camisa blanca-blanquísima, corbata a tono, sobria, con sus lentes de aro grueso a los que de tiempo en tiempo acomodaba, quizá porque caían o porque era un tic nervioso…

De pronto, en silencio, veía cómo los estudiantes llegábamos a clase y nos acomodábamos en los pupitres. Éramos tantos por entonces. Unos, sus alumnos en lista oficial universitaria, otros porque querían asistir a su materia aunque sólo fuera como oyentes.

Pero sí éramos muchos y el ruido al acomodarnos tanto. Él, mientras tanto, esperaba paciente, en aquella plataforma de madera en la que se ubica el profesor para darle mayor énfasis a su presencia y para que todos, desde cualquier ángulo pudiéramos verlo sin complicaciones.

De pronto todo fue silencio y comenzó: “Quiero decirles que me da mucho gusto estar aquí, con ustedes, jóvenes –ellas y ellos—que aspiran a ser periodistas; que quieren prepararse para saber cómo ser periodistas con todas las de la ley, del trabajo-oficio-vocación, como ustedes quieran llamarle…

“Deben saber que han escogido ustedes una de las carreras más hermosas del mundo; una profesión y oficio que es de puertas abiertas, que es al aire libre, que es conciencia y responsabilidad, que es el sueño de muchos por llegar al fondo de lo que pasa y de lo que ocurre…

“Están ustedes por comenzar un camino del que no podrán escapar porque una vez que dan el primer paso ya no hay forma de detenerse, de contenerse y ni siquiera de desviarse a riesgo de que los lobos del camino hagan de ustedes su presa…

La vida es camino, jóvenes estudiantes de periodismo, y es con el movimiento constante, la curiosidad que le es intrínseca al periodista, y la osadía, lo que los hará caminar sobre seguro… Granados Chapa

“A partir de ahora su vida ya no será la misma que antes. A partir de este momento ustedes ya no son seres normales como cualquiera que ustedes conocen; ya no verán la vida de la manera simple y sencilla como parece ser, le buscarán razones de ser y comenzará la interminable pregunta de ¿por qué?

“Esto es así porque los periodistas tenemos en la mente y en la punta de la lengua esta pregunta que es al mismo tiempo ingenua como también certera y terrible: ¿Por qué? ¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué lo de más allá?

“A todo le buscarán el ¿por qué? el ¿cómo? el ¿cuándo? el ¿dónde? el ¿quién? Eso será su vida. La película ya no será la ingenua historia que ven; los libros; lo que dice tal o cual persona o personaje; la razón de ser de cada una de las cosas que están ahí, para ustedes, para ser motivo de información que es lo que trasciende; los hechos de los hombres y mujeres; sus aciertos como sus debilidades o bajezas… Todo está ahí, en la mesa de disecciones para que ustedes las vean, las palpen, las analicen, las traduzcan en palabras o imágenes y las lleven a sus lectores, al público para que todos sepan…

Una regla que habrá que establecer desde este momento, jóvenes periodistas que serán: Nunca decir nada que no se pueda probar y nunca decir algo que no pudieran ustedes repetir en la cara misma del aludido o aludida…Granados Chapa

Arrobados, escuchábamos como si se oyera el nacimiento de una conciencia y de una responsabilidad, de una ética del periodismo y de un alto riesgo eterno: el de la verdad.

Él era el gran maestro que fue para todos nosotros. Se llamaba Miguel Ángel Granados Chapa y ya era un periodista prestigiado que ocupaba puestos de mando y de alto nivel periodístico en aquel “Excélsior” de 1976, el año mismo en el que el gobierno de Luis Echeverría habría de golpear para sacudirse la crítica y la observación justa y democrática de los periodistas que comandaba por entonces Julio Scherer García.

El maestro Granados Chapa, como le decíamos, nunca nos inoculó odios o malos reflejos con relación a lo ocurrido aquel 8 de julio del 76 y que ya he relatado en otro texto, aquí mismo, enHojas de papel volando: “Los muchachos locos del 76 aquel”.

Sí, nos hizo reflexionar sobre los valores de la libertad, la libertad de expresión, los derechos constituidos para la defensa de esa libertad de prensa, de pensamiento y de expresión, así como también de la fuerza del periodismo profesional-ético-justo-plural y democrático. Eso nos enseñó en los días aciagos para el periodismo mexicano que se vivían en aquel momento.

Por entonces, y a poco más de media carrera me acerqué a él. Lo veía como el ejemplo de lo que yo quería ser en el periodismo –no creo haberlo conseguido, pero la lucha se hace--. Le llevaba mis trabajos a su oficina como Coordinador de la carrera de periodismo en la UNAM.

Siempre ocupado con tanto quehacer y tanto que atender, tenía tiempo para leer mis mamotretos de entonces: reportajes, notas informativas, entrevistas… y por su propio consejo, aun no me atrevía con la crónica, que es la cereza del pastel en los géneros periodísticos.

Y poco a poco me fui ganando su confianza en eso de querer ser periodista en serio… Nos hicimos amigos: él siempre mi maestro.

Fue él quien me llevó de la mano para comenzar a hacer el periodismo. En Radio Educación, cuando él era su director. Me llevó como “su auxiliar” y ahí descubrí lo que era cajeta de Celaya eso del periodismo. Pisé por primera vez una redacción: la de aquella estación de radio que era ejemplo de bien hacer radio, de emoción y de pasión de todos los que estaban ahí y de quienes fui y soy amigo aun…: Gracias a él, en el inicio de un largo camino que recorrimos juntos.

Gracias al hombre que había nacido en el estado de Hidalgo en 1941 en una familia muy sencilla, y cuya madre había sido maestra de escuela y quien daba clases en su propia casa para actualizar niños.

Él estudió allá mismo y soñaba con ser periodista. Se encerraba en cuarto obscuro para declamar las noticias del día… Él mismo quien un día, después de tanto, llegó a la Universidad Nacional Autónoma de México en un momento que –me platicaba- aquello era como un sueño hecho realidad…

“La primera vez que vi Ciudad Universitaria fue para mí un momento definitivo en mi vida; ahí estaba la universidad que había soñado, en la que quería estudiar, a la que llegué con mucho trabajo y esfuerzos familiares y personales; era ese monumento a mis ganas de aprender y de saber más…No daba crédito que así fuera …”.

Llegó a inscribirse en la escuela de Ciencias Políticas y Sociales y al mismo tiempo que decidió estudiar la carrera de Leyes… Hizo ambas carreras. Años después haría estudios de historia, materia que le apasionaba, en un nivel de posgrado.

Pero mientras son peras o son perones yo ya trabajaba con él. Y al mismo tiempo concluía la carrera por las tardes. Fue un tiempo muy feliz aquel. Era el comienzo de lo que han sido poco más de cuarenta y cinco años en los que la enseñanza de mi maestro Granados Chapa está presente en cada una de las cosas que he intentado hacer en periodismo. Y lo dicho, nos hicimos amigos…

De tiempo en tiempo había fiestas de cuates, reuniones de colegas y otras tareas, en casas distintas. Y casi siempre en esas reuniones se hablaba de todo, pero sobre todo de periodismo y de lo que pasaba y lo que ocurría en el medio político y público…

Había unos buenos tacos de lo que fuera y siempre un buen vinito para el desempance. Cantábamos a coro canciones de entonces y canciones de antes. Él mismo cantaba sus dos canciones preferidas: “Como espuma, que inerte lleva el caudaloso río”… y “…No quiero arrepentirme después, de lo que pudo haber sido y no fue…”…

Mucho más transcurrió a lo largo de tantos años de amistad, de respeto, de admiración interminable. Tanto que desgranaré poco a poco, de tiempo en tiempo, por aquí mismo.

Él ya no está aquí. Pero sí está. En lo que hicimos de nuestra vida profesional cada uno de aquellos miles de sus alumnos que le recordamos con cariño, con admiración, respeto y un poco de gracia.

Y, lo principal: ya nunca fuimos los de entonces; y siempre hemos intentado escribir o decir o expresar sólo lo que podemos probar y que podríamos decir a la cara del aludido. Eso es. Mucho más falta por decir del maestro Granados Chapa: tanto y bien.

Mientras tanto este sea un esbozo de mi enorme gratitud por quien me dijo: “La vida es el camino”. Y aquí andamos, maestro, caminando, pasos, caminando.

Estaba ahí, al frente, firme, siempre gallardo, barbado, siempre impecable en su traje obscuro, camisa blanca-blanquísima, corbata a tono, sobria, con sus lentes de aro grueso a los que de tiempo en tiempo acomodaba, quizá porque caían o porque era un tic nervioso…

De pronto, en silencio, veía cómo los estudiantes llegábamos a clase y nos acomodábamos en los pupitres. Éramos tantos por entonces. Unos, sus alumnos en lista oficial universitaria, otros porque querían asistir a su materia aunque sólo fuera como oyentes.

Pero sí éramos muchos y el ruido al acomodarnos tanto. Él, mientras tanto, esperaba paciente, en aquella plataforma de madera en la que se ubica el profesor para darle mayor énfasis a su presencia y para que todos, desde cualquier ángulo pudiéramos verlo sin complicaciones.

De pronto todo fue silencio y comenzó: “Quiero decirles que me da mucho gusto estar aquí, con ustedes, jóvenes –ellas y ellos—que aspiran a ser periodistas; que quieren prepararse para saber cómo ser periodistas con todas las de la ley, del trabajo-oficio-vocación, como ustedes quieran llamarle…

“Deben saber que han escogido ustedes una de las carreras más hermosas del mundo; una profesión y oficio que es de puertas abiertas, que es al aire libre, que es conciencia y responsabilidad, que es el sueño de muchos por llegar al fondo de lo que pasa y de lo que ocurre…

“Están ustedes por comenzar un camino del que no podrán escapar porque una vez que dan el primer paso ya no hay forma de detenerse, de contenerse y ni siquiera de desviarse a riesgo de que los lobos del camino hagan de ustedes su presa…

La vida es camino, jóvenes estudiantes de periodismo, y es con el movimiento constante, la curiosidad que le es intrínseca al periodista, y la osadía, lo que los hará caminar sobre seguro… Granados Chapa

“A partir de ahora su vida ya no será la misma que antes. A partir de este momento ustedes ya no son seres normales como cualquiera que ustedes conocen; ya no verán la vida de la manera simple y sencilla como parece ser, le buscarán razones de ser y comenzará la interminable pregunta de ¿por qué?

“Esto es así porque los periodistas tenemos en la mente y en la punta de la lengua esta pregunta que es al mismo tiempo ingenua como también certera y terrible: ¿Por qué? ¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué lo de más allá?

“A todo le buscarán el ¿por qué? el ¿cómo? el ¿cuándo? el ¿dónde? el ¿quién? Eso será su vida. La película ya no será la ingenua historia que ven; los libros; lo que dice tal o cual persona o personaje; la razón de ser de cada una de las cosas que están ahí, para ustedes, para ser motivo de información que es lo que trasciende; los hechos de los hombres y mujeres; sus aciertos como sus debilidades o bajezas… Todo está ahí, en la mesa de disecciones para que ustedes las vean, las palpen, las analicen, las traduzcan en palabras o imágenes y las lleven a sus lectores, al público para que todos sepan…

Una regla que habrá que establecer desde este momento, jóvenes periodistas que serán: Nunca decir nada que no se pueda probar y nunca decir algo que no pudieran ustedes repetir en la cara misma del aludido o aludida…Granados Chapa

Arrobados, escuchábamos como si se oyera el nacimiento de una conciencia y de una responsabilidad, de una ética del periodismo y de un alto riesgo eterno: el de la verdad.

Él era el gran maestro que fue para todos nosotros. Se llamaba Miguel Ángel Granados Chapa y ya era un periodista prestigiado que ocupaba puestos de mando y de alto nivel periodístico en aquel “Excélsior” de 1976, el año mismo en el que el gobierno de Luis Echeverría habría de golpear para sacudirse la crítica y la observación justa y democrática de los periodistas que comandaba por entonces Julio Scherer García.

El maestro Granados Chapa, como le decíamos, nunca nos inoculó odios o malos reflejos con relación a lo ocurrido aquel 8 de julio del 76 y que ya he relatado en otro texto, aquí mismo, enHojas de papel volando: “Los muchachos locos del 76 aquel”.

Sí, nos hizo reflexionar sobre los valores de la libertad, la libertad de expresión, los derechos constituidos para la defensa de esa libertad de prensa, de pensamiento y de expresión, así como también de la fuerza del periodismo profesional-ético-justo-plural y democrático. Eso nos enseñó en los días aciagos para el periodismo mexicano que se vivían en aquel momento.

Por entonces, y a poco más de media carrera me acerqué a él. Lo veía como el ejemplo de lo que yo quería ser en el periodismo –no creo haberlo conseguido, pero la lucha se hace--. Le llevaba mis trabajos a su oficina como Coordinador de la carrera de periodismo en la UNAM.

Siempre ocupado con tanto quehacer y tanto que atender, tenía tiempo para leer mis mamotretos de entonces: reportajes, notas informativas, entrevistas… y por su propio consejo, aun no me atrevía con la crónica, que es la cereza del pastel en los géneros periodísticos.

Y poco a poco me fui ganando su confianza en eso de querer ser periodista en serio… Nos hicimos amigos: él siempre mi maestro.

Fue él quien me llevó de la mano para comenzar a hacer el periodismo. En Radio Educación, cuando él era su director. Me llevó como “su auxiliar” y ahí descubrí lo que era cajeta de Celaya eso del periodismo. Pisé por primera vez una redacción: la de aquella estación de radio que era ejemplo de bien hacer radio, de emoción y de pasión de todos los que estaban ahí y de quienes fui y soy amigo aun…: Gracias a él, en el inicio de un largo camino que recorrimos juntos.

Gracias al hombre que había nacido en el estado de Hidalgo en 1941 en una familia muy sencilla, y cuya madre había sido maestra de escuela y quien daba clases en su propia casa para actualizar niños.

Él estudió allá mismo y soñaba con ser periodista. Se encerraba en cuarto obscuro para declamar las noticias del día… Él mismo quien un día, después de tanto, llegó a la Universidad Nacional Autónoma de México en un momento que –me platicaba- aquello era como un sueño hecho realidad…

“La primera vez que vi Ciudad Universitaria fue para mí un momento definitivo en mi vida; ahí estaba la universidad que había soñado, en la que quería estudiar, a la que llegué con mucho trabajo y esfuerzos familiares y personales; era ese monumento a mis ganas de aprender y de saber más…No daba crédito que así fuera …”.

Llegó a inscribirse en la escuela de Ciencias Políticas y Sociales y al mismo tiempo que decidió estudiar la carrera de Leyes… Hizo ambas carreras. Años después haría estudios de historia, materia que le apasionaba, en un nivel de posgrado.

Pero mientras son peras o son perones yo ya trabajaba con él. Y al mismo tiempo concluía la carrera por las tardes. Fue un tiempo muy feliz aquel. Era el comienzo de lo que han sido poco más de cuarenta y cinco años en los que la enseñanza de mi maestro Granados Chapa está presente en cada una de las cosas que he intentado hacer en periodismo. Y lo dicho, nos hicimos amigos…

De tiempo en tiempo había fiestas de cuates, reuniones de colegas y otras tareas, en casas distintas. Y casi siempre en esas reuniones se hablaba de todo, pero sobre todo de periodismo y de lo que pasaba y lo que ocurría en el medio político y público…

Había unos buenos tacos de lo que fuera y siempre un buen vinito para el desempance. Cantábamos a coro canciones de entonces y canciones de antes. Él mismo cantaba sus dos canciones preferidas: “Como espuma, que inerte lleva el caudaloso río”… y “…No quiero arrepentirme después, de lo que pudo haber sido y no fue…”…

Mucho más transcurrió a lo largo de tantos años de amistad, de respeto, de admiración interminable. Tanto que desgranaré poco a poco, de tiempo en tiempo, por aquí mismo.

Él ya no está aquí. Pero sí está. En lo que hicimos de nuestra vida profesional cada uno de aquellos miles de sus alumnos que le recordamos con cariño, con admiración, respeto y un poco de gracia.

Y, lo principal: ya nunca fuimos los de entonces; y siempre hemos intentado escribir o decir o expresar sólo lo que podemos probar y que podríamos decir a la cara del aludido. Eso es. Mucho más falta por decir del maestro Granados Chapa: tanto y bien.

Mientras tanto este sea un esbozo de mi enorme gratitud por quien me dijo: “La vida es el camino”. Y aquí andamos, maestro, caminando, pasos, caminando.

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