/ viernes 17 de mayo de 2024

Hojas de Papel | Tardes de cine… con palomitas

La películaEl Padrino Ime gustó mucho. Me atrajo a ese mundo -o mejor decir, inframundo- de las mafias, del crimen, de la lucha entre seres humanos con intereses distintos y dispersos; una actividad criminal en la que hay paso para la ternura y hasta para el amor pero que se vuelven turbulentos y de tragedia. Así lo quiso expresar su director Francis Ford Coppola, cuyo origen italiano contribuyó a entender el espíritu de los italianos de esta obra de Mario Puzo.

Pero además de la historia meticulosamente detallada, habría que ver la dirección de arte; la iluminación sin tacha; la ambientación; el vestuario; la música; los cortes de cámara; los planos específicos; las escenas cuidadosamente controladas con pequeños detalles ‘que te dan a entender muchas cosas sin tener que decírtelas directamente’ y, sobre todo, la actuación de sus grandes actores, empezando por Marlon Brando, como Vito Corleone, El Padrino.

Muchas personas ven una película y se quedan en si la historia les gustó o no. Pero descuidan los grandes elementos que hacen que el cine sea una de las artes contemporáneas. No ven en las películas -además-, el cuidado en la edición o en el montaje, en los detalles de cámara, o si un paisaje está bien recreado o si la música… la enormidad que es la música de cine… Tantos y tantísimos detalles que hay que ver en una película: en una buena película.

En todo caso el cine es arte. Y es diversión. Y es entretenimiento. Y es memoria sin olvido cuando la película que vimos permanece en nuestra memoria, o quizá en nuestro corazón. Eso es el cine que lo mismo nos hace reír, como llorar, emocionarnos, reflexionar, entender y extender la vida de uno hasta espacios que parecen interminables, como el camino de Dorotea enEl mago de Oz”.

Parece que fue ayer cuando este que oaxaqueño es, acudía con madre para ir a ver películas mexicanas en cines de la capital del país.

Las salas preferidas, por entonces, eran el Politeama, el Maya, el Coloso, el Titán, el Gloria, el Tacubaya, el Ermita, el Hipódromo… y por supuesto de ves en cuándo los de a “cuatro pesos” que era una película de estreno, en el cine Orfeón o en el Olimpia o en el Variedades; en el Paseo no porque eran en inglés, como en el Teresa… y tantos más que recorrimos cada domingo por la tarde, que eran las “tardes de cine… y de palomitas y de taquitos”.

Y para a ver sesiones de tres películas-tres, acudíamos la familia entera, madre y pollitos, con bolsas de pan color beige en las que portábamos un buen de tortas de frijoles refritos, de jamón, de pollo deshebrado o quizá de queso de puerco, con sus rebanadas de jitomate, cebollita, chilitos verdes en rajas y un hambre feroz. Nada mejor en el mundo del cinéfilo que ver en aquellas pantallas las películas más interesantes mientras se devora aquel manjar hecho para la ocasión.


Por entonces ni quién soñara que un día se presagiaría la desaparición de las salas de cine, que eran enormes, con miles de seres humanos con la vista puesta en unas pantallas enormes en las que se plasmaba el arte del cine como si fuera una ventana...

Por entonces no se había descubierto la veta millonaria de las dulcerías de cine como fuente de ganancias aún mayores que la exhibición de las películas… A lo más que se llegaba era a comprar una bolsa de palomitas o bien a la espera del hombre aquel que recorría la sala, a obscuras, con una lamparita de mano, mientras la película estaba en su apogeo. Él llegaba con la letanía inolvidable de “chicles, chocolates, muéganos, pepitaaaas”.

Nosotros dábamos cuenta de nuestras tortugas inolvidables mientras El látigo negro”, todo de negro, con un paño negro que le cubría el rostro y montado en un corcel negro como la noche, recorría la obscura campiña mexicana para hacer justicia, poner en orden a los malvados -nada de abrazos y besos—y sí llevarlos ante el alguacil vestido de gris, para que pagaran por sus fechorías: y ¿por qué predominaba el negro y blanco y gris… ¡Ah es que las películas eran en blanco y negro! Sería por eso.

O como cuando veíamos excelsitudes de la vida nacional en películas como “Nosotros los pobres”, “Ustedes los ricos”, “Pepe el toro y ya puestos en el llanto, el moqueo y el lagrimeo veíamos Un rincón cerca del cielo? … ¿Por qué nos hacían sufrir con aquellas películas y por qué íbamos a verlas para sufrir? Misterios de la vida real.

Por entonces ni quién soñara que un día se presagiaría la desaparición de las salas de cine, que eran enormes, con miles de seres humanos con la vista puesta en unas pantallas enormes en las que se plasmaba el arte del cine como si fuera una ventana por la que podíamos observar, sin ser vistos, lo que ocurría en la vida, en la situación, en el caso aquel que nos relataban.

Y estábamos ahí, como hipnotizados, con la vista fija, con la atención puesta y con las ganas de ir al baño pero aguantando porque no debíamos perder el hilo de la trama tan emocionante como la vida misma… o más que la vida misma: ¡Aguanta, cuerpo, aguanta!

Por entonces tampoco nos poníamos a reflexionar sobre quién dirigió esta película o por qué; y cómo hizo para hacer esta película, sus costos, sus gastos, su inversión, sus actores, su escenografía, su arte cinematográfico, su guion, su historia original, su guion técnico y todos aquellos detalles ya relatados aquí. No: era simple y sencillamente “ver la película” …

Pero el cine es magia. Es una forma de locura. Es la manera como nos entendemos en otros y en distintas circunstancias. Es la vida puesta en arte y en historia y en testimonio de vida, de una generación, de un tiempo, de un fragmento de lo que somos y fuimos: todo en esos rollos milagrosos en los que se resguardan actuaciones, ideas, sueños y vida: en miles de ellos, por siempre.

Tantas películas hay en el mundo que sería imposible verlas todas

Como aquella hermosa película, tan emotiva y tan biográfica como es “Esperanzade Sergio Olhovich. Una remembranza de la llegada de su padre ruso a tierras mexicanas…

Y en especial aquellos rusos que en la película están una noche solitaria y cargada de nostalgia para ellos, sentados en un jardín del puerto de Veracruz, cantando su vieja tonada nostálgica de la tierra dejada atrás y, en su ensueño, comienza a caer nieve en el lugar, en un puerto en donde nunca jamás ha nevado, pero sí, en el cine todo es posible y nieva porque es tiempo de invierno y de tristeza, aunque no sea invierno.

Tantas películas hay en el mundo que sería imposible verlas todas. A lo más es ser selectivos y ver las que mejor nos cuadran. Las que nos hablan al oído; las que nos dicen como en murmullo: “me ves aquí, pero eres tú, tu corazón y tu alma los que están hechos cine” …

Quienes saben de cine hablan de películas llevadas al summum del arte. Películas que se resguardan como joyas de la inteligencia y la creatividad humana: El ciudadano Kane”, de Orson Welles (1941); “El Padrino” de Francis Ford Coppola (1972); “Lo que el viento se llevó” de Víctor Fleming (1939); “Lawrence de Arabia”, de David Lean (1962); “El Mago de Oz”, también de Víctor Fleming (1939) … y tantas más a la altura del arte, y tantas más a la altura de mi propio gusto como “Julia” de Fred Zinemann (1977); “Cabaret” de Bob Fosse (1972) … Y tantas, tantísimas más…

Como también nuestras películas inolvidables como Una familia de tantas” de Alejandro Galindo; o “Distinto amanecer” de Julio Bracho; o “Los olvidados” de Luis Buñuel; o “Enamorada” de Emilio Fernández… O también ¿y por qué no? “El santo contra las mujeres vampiro”; “El Huracán Ramírez”; “Cilantro y perejil”; “Mirreyes contra Godínez”; “La ley de Herodes” … Y tantos recuerdos más que son ayer y hoy, que hoy como ayer vemos con emoción, con gusto, con azoro y con las palomitas de maíz estrujadas y crujientes.

Nada de que las salas de cine habrían de desaparecer, como se presagió en la hermosísima “Cinema Paradisode Giuseppe Tornatore, con el derrumbe del cine de aquel pueblo siciliano, con el que se quería mostrar la hecatombe que esperaba a esas salas en todo el mundo.

Si. Si se transformaron en pequeños recintos para ver cine. Más cómodos quizá, pero también más en encierro, más encapsulados todos, pero ahí al frente, el enorme portento del cine, el arte que es vida y que es el espejo de nuestras vidas, de nuestros sueño, ilusiones, frustraciones, tristezas, dolores, esperanzas y ensoñación… y es eso: el cine es ensoñación y es recurso para la felicidad, después de todo. Y a la salida unos taquitos, para el desempance cinematográfico…

"¡Qué bueno que vinieron, si no, no sé qué hubiera hecho con tanta comida!"; "Si ya sabes cómo soy, pa'que me dejas sola"…

La películaEl Padrino Ime gustó mucho. Me atrajo a ese mundo -o mejor decir, inframundo- de las mafias, del crimen, de la lucha entre seres humanos con intereses distintos y dispersos; una actividad criminal en la que hay paso para la ternura y hasta para el amor pero que se vuelven turbulentos y de tragedia. Así lo quiso expresar su director Francis Ford Coppola, cuyo origen italiano contribuyó a entender el espíritu de los italianos de esta obra de Mario Puzo.

Pero además de la historia meticulosamente detallada, habría que ver la dirección de arte; la iluminación sin tacha; la ambientación; el vestuario; la música; los cortes de cámara; los planos específicos; las escenas cuidadosamente controladas con pequeños detalles ‘que te dan a entender muchas cosas sin tener que decírtelas directamente’ y, sobre todo, la actuación de sus grandes actores, empezando por Marlon Brando, como Vito Corleone, El Padrino.

Muchas personas ven una película y se quedan en si la historia les gustó o no. Pero descuidan los grandes elementos que hacen que el cine sea una de las artes contemporáneas. No ven en las películas -además-, el cuidado en la edición o en el montaje, en los detalles de cámara, o si un paisaje está bien recreado o si la música… la enormidad que es la música de cine… Tantos y tantísimos detalles que hay que ver en una película: en una buena película.

En todo caso el cine es arte. Y es diversión. Y es entretenimiento. Y es memoria sin olvido cuando la película que vimos permanece en nuestra memoria, o quizá en nuestro corazón. Eso es el cine que lo mismo nos hace reír, como llorar, emocionarnos, reflexionar, entender y extender la vida de uno hasta espacios que parecen interminables, como el camino de Dorotea enEl mago de Oz”.

Parece que fue ayer cuando este que oaxaqueño es, acudía con madre para ir a ver películas mexicanas en cines de la capital del país.

Las salas preferidas, por entonces, eran el Politeama, el Maya, el Coloso, el Titán, el Gloria, el Tacubaya, el Ermita, el Hipódromo… y por supuesto de ves en cuándo los de a “cuatro pesos” que era una película de estreno, en el cine Orfeón o en el Olimpia o en el Variedades; en el Paseo no porque eran en inglés, como en el Teresa… y tantos más que recorrimos cada domingo por la tarde, que eran las “tardes de cine… y de palomitas y de taquitos”.

Y para a ver sesiones de tres películas-tres, acudíamos la familia entera, madre y pollitos, con bolsas de pan color beige en las que portábamos un buen de tortas de frijoles refritos, de jamón, de pollo deshebrado o quizá de queso de puerco, con sus rebanadas de jitomate, cebollita, chilitos verdes en rajas y un hambre feroz. Nada mejor en el mundo del cinéfilo que ver en aquellas pantallas las películas más interesantes mientras se devora aquel manjar hecho para la ocasión.


Por entonces ni quién soñara que un día se presagiaría la desaparición de las salas de cine, que eran enormes, con miles de seres humanos con la vista puesta en unas pantallas enormes en las que se plasmaba el arte del cine como si fuera una ventana...

Por entonces no se había descubierto la veta millonaria de las dulcerías de cine como fuente de ganancias aún mayores que la exhibición de las películas… A lo más que se llegaba era a comprar una bolsa de palomitas o bien a la espera del hombre aquel que recorría la sala, a obscuras, con una lamparita de mano, mientras la película estaba en su apogeo. Él llegaba con la letanía inolvidable de “chicles, chocolates, muéganos, pepitaaaas”.

Nosotros dábamos cuenta de nuestras tortugas inolvidables mientras El látigo negro”, todo de negro, con un paño negro que le cubría el rostro y montado en un corcel negro como la noche, recorría la obscura campiña mexicana para hacer justicia, poner en orden a los malvados -nada de abrazos y besos—y sí llevarlos ante el alguacil vestido de gris, para que pagaran por sus fechorías: y ¿por qué predominaba el negro y blanco y gris… ¡Ah es que las películas eran en blanco y negro! Sería por eso.

O como cuando veíamos excelsitudes de la vida nacional en películas como “Nosotros los pobres”, “Ustedes los ricos”, “Pepe el toro y ya puestos en el llanto, el moqueo y el lagrimeo veíamos Un rincón cerca del cielo? … ¿Por qué nos hacían sufrir con aquellas películas y por qué íbamos a verlas para sufrir? Misterios de la vida real.

Por entonces ni quién soñara que un día se presagiaría la desaparición de las salas de cine, que eran enormes, con miles de seres humanos con la vista puesta en unas pantallas enormes en las que se plasmaba el arte del cine como si fuera una ventana por la que podíamos observar, sin ser vistos, lo que ocurría en la vida, en la situación, en el caso aquel que nos relataban.

Y estábamos ahí, como hipnotizados, con la vista fija, con la atención puesta y con las ganas de ir al baño pero aguantando porque no debíamos perder el hilo de la trama tan emocionante como la vida misma… o más que la vida misma: ¡Aguanta, cuerpo, aguanta!

Por entonces tampoco nos poníamos a reflexionar sobre quién dirigió esta película o por qué; y cómo hizo para hacer esta película, sus costos, sus gastos, su inversión, sus actores, su escenografía, su arte cinematográfico, su guion, su historia original, su guion técnico y todos aquellos detalles ya relatados aquí. No: era simple y sencillamente “ver la película” …

Pero el cine es magia. Es una forma de locura. Es la manera como nos entendemos en otros y en distintas circunstancias. Es la vida puesta en arte y en historia y en testimonio de vida, de una generación, de un tiempo, de un fragmento de lo que somos y fuimos: todo en esos rollos milagrosos en los que se resguardan actuaciones, ideas, sueños y vida: en miles de ellos, por siempre.

Tantas películas hay en el mundo que sería imposible verlas todas

Como aquella hermosa película, tan emotiva y tan biográfica como es “Esperanzade Sergio Olhovich. Una remembranza de la llegada de su padre ruso a tierras mexicanas…

Y en especial aquellos rusos que en la película están una noche solitaria y cargada de nostalgia para ellos, sentados en un jardín del puerto de Veracruz, cantando su vieja tonada nostálgica de la tierra dejada atrás y, en su ensueño, comienza a caer nieve en el lugar, en un puerto en donde nunca jamás ha nevado, pero sí, en el cine todo es posible y nieva porque es tiempo de invierno y de tristeza, aunque no sea invierno.

Tantas películas hay en el mundo que sería imposible verlas todas. A lo más es ser selectivos y ver las que mejor nos cuadran. Las que nos hablan al oído; las que nos dicen como en murmullo: “me ves aquí, pero eres tú, tu corazón y tu alma los que están hechos cine” …

Quienes saben de cine hablan de películas llevadas al summum del arte. Películas que se resguardan como joyas de la inteligencia y la creatividad humana: El ciudadano Kane”, de Orson Welles (1941); “El Padrino” de Francis Ford Coppola (1972); “Lo que el viento se llevó” de Víctor Fleming (1939); “Lawrence de Arabia”, de David Lean (1962); “El Mago de Oz”, también de Víctor Fleming (1939) … y tantas más a la altura del arte, y tantas más a la altura de mi propio gusto como “Julia” de Fred Zinemann (1977); “Cabaret” de Bob Fosse (1972) … Y tantas, tantísimas más…

Como también nuestras películas inolvidables como Una familia de tantas” de Alejandro Galindo; o “Distinto amanecer” de Julio Bracho; o “Los olvidados” de Luis Buñuel; o “Enamorada” de Emilio Fernández… O también ¿y por qué no? “El santo contra las mujeres vampiro”; “El Huracán Ramírez”; “Cilantro y perejil”; “Mirreyes contra Godínez”; “La ley de Herodes” … Y tantos recuerdos más que son ayer y hoy, que hoy como ayer vemos con emoción, con gusto, con azoro y con las palomitas de maíz estrujadas y crujientes.

Nada de que las salas de cine habrían de desaparecer, como se presagió en la hermosísima “Cinema Paradisode Giuseppe Tornatore, con el derrumbe del cine de aquel pueblo siciliano, con el que se quería mostrar la hecatombe que esperaba a esas salas en todo el mundo.

Si. Si se transformaron en pequeños recintos para ver cine. Más cómodos quizá, pero también más en encierro, más encapsulados todos, pero ahí al frente, el enorme portento del cine, el arte que es vida y que es el espejo de nuestras vidas, de nuestros sueño, ilusiones, frustraciones, tristezas, dolores, esperanzas y ensoñación… y es eso: el cine es ensoñación y es recurso para la felicidad, después de todo. Y a la salida unos taquitos, para el desempance cinematográfico…

"¡Qué bueno que vinieron, si no, no sé qué hubiera hecho con tanta comida!"; "Si ya sabes cómo soy, pa'que me dejas sola"…

ÚLTIMASCOLUMNAS
viernes 14 de junio de 2024

Hojas de papel | ‘En el nombre del Padre’

Nos hace ver nuestros errores y quien, en seguida, nos mira con ternura, nos guiña un ojo y nos dice: te quiero: Es el padre

Joel Hernández Santiago

viernes 07 de junio de 2024

Hojas de papel | Nuestra vida en un archivo

Los archivos son lugares en los que los seres humanos queremos mantener con orden, bien clasificados y bajo resguardo, las claves de lo que fuimos, hemos sido y la letra de lo que por entonces queríamos ser

Joel Hernández Santiago

viernes 31 de mayo de 2024

Hojas de papel | Junio te lleva y te trae

Muchos artistas han dedicado su obra a este mes en el que la luz nos hace ver las cosas más intensas y hondas y profundas, dijera Paco Malgesto

Joel Hernández Santiago

viernes 24 de mayo de 2024

Hojas de papel | Al estudiante con cariño

Ser estudiante es, por otro lado, una enorme responsabilidad. La es con uno mismo. Porque es para uno mismo que se estudia y se quiere diseñar el camino para el futuro éxito… o acaso fracaso

Joel Hernández Santiago

viernes 17 de mayo de 2024

Hojas de Papel | Tardes de cine… con palomitas

Nada mejor en el mundo del cinéfilo que ver en aquellas pantallas las películas más interesantes mientras se devora aquel manjar hecho para la ocasión

Joel Hernández Santiago

viernes 10 de mayo de 2024

Hojas de Papel | La mamá de los pollitos

Ser mamá es ser portadora de vida y será mujer-madre para toda la vida, cada minuto, cada segundo… la madre habrá de serlo antes y después, siempre

Joel Hernández Santiago

sábado 04 de mayo de 2024

Hojas de Papel | 5 de mayo: ‘Patria, antes que partido’

El conflicto internacional surgió como consecuencia de la grave crisis económica en que quedó el país, como consecuencia de la Guerra de Reforma de 1858 -1861, entre conservadores y liberales

Joel Hernández Santiago

viernes 26 de abril de 2024

Hojas de Papel | Los niños que siempre somos

El Día del Niño reíamos y nos abrazábamos como se abrazan los niños que son amigos para toda la vida

Joel Hernández Santiago

viernes 19 de abril de 2024

Hojas de Papel | ¡Bolo Padrino! ¡Bolo Madrina!

El padrino o la madrina son el mejor amigo de la familia. Ya del papá, y por extensión de la mamá, o a la inversa. En todo caso son alguien muy cercano y querido o querida

Joel Hernández Santiago

viernes 12 de abril de 2024

Hojas de papel | ¡Que se nos queman los bosques!

Son el pulmón del mundo, se dice, y también son el espacio en el que muchos encuentran una forma de vida, otros encuentran un refugio o acaso un escondite inexpugnable

Joel Hernández Santiago

Cargar Más