/ jueves 9 de mayo de 2019

IMCO | Calidad de inversión, clave para productividad

La productividad es una palabra que estaba de moda en la Administración anterior. Al inicio de ese Gobierno, Luis Videgaray, extitular de Hacienda, hizo repetidas menciones del concepto, y mostró una serie de gráficas que exponían cómo la productividad en México aumentaba de manera insuficiente. A esa tasa de crecimiento, era imposible que la economía creciera.

Por ejemplo, entre 2010 y 2017, la productividad (medida como la relación entre la formación bruta de capital fijo y el PIB) decreció casi un 3%.

La productividad es un concepto resbaloso y difícil de explicar sin usar ecuaciones. El concepto simple es producir más utilizando menos recursos. Menos trabajo, menos capital, menos energía, menos materiales, menos tiempo.

La solución que se dio a este problema en el sexenio pasado se concentró particularmente en mejorar la productividad de los trabajadores, mediante todo tipo de medidas orientadas a la capacitación. Se pensó que el estancamiento de la productividad se debe en específico a los bajos niveles educativos y de capacidades para el trabajo de los mexicanos.

Sin embargo, un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) de 2013 reveló que la productividad del trabajo creció más que la de otros factores durante el periodo 1950-2011. De hecho, si la productividad del capital hubiera crecido a la misma tasa que la productividad del trabajo, el PIB per cápita hubiera sido un 40% más grande de lo que fue. En un año cualquiera (2015, es el último dato que está en la página del Inegi) el PIB per cápita hubiera sido de 163 mil 200 pesos por habitante, no de 116 mil 757.

No solamente es importante mejorar la calidad de la educación y capacitación de los trabajadores para elevar la productividad. También es importante elevar la calidad de la inversión.

Si la mayoría de las inversiones que se hacen en México no producen una tasa de rentabilidad privada y social mínima, es preferible no invertir. Si gastamos en cosas que no hacen que la economía crezca más, podríamos haber usado los recursos de otra forma.

Invertir en un tren que nadie va a poder pagar, en una refinería que perderá más dinero mientras más gasolina produzca o en un aeropuerto que no puede ser terminado, no son buenas inversiones. México está lleno de malas inversiones e invertir bien, a pesar de todo lo que nos digan, no es difícil como la física nuclear.

Si las reglas funcionaran mejor, si hubiera trámites más fáciles, si no hubiera tantas oportunidades para la corrupción, el país podría tener más inversiones, crecer más y tener una sociedad más justa y equitativa.

En este trimestre no crecimos. Alfonso Romo dice que el trimestre nos dio una cachetadita. ¿Qué falló, qué hizo falta? La confianza necesaria para que hubiera mínimos de inversión. Solamente eso. Si el Gobierno de México quiere que haya crecimiento, entonces necesitamos inversiones en cantidad mínima y de buena calidad.

El Gobierno, más que conferencias presidenciales cada mañana, tiene que hacer que el país sea más atractivo para los inversionistas, y menos atractivo para estafadores, delincuentes, agentes políticos y facinerosos. Tiene que aceptar que hay inversiones que no maduran en un sexenio, y a las que no se les puede sacar raja política, pero que igual tienen que hacerse, y para que se logren, hay que hacer que quienes tienen los recursos para llevarlas a cabo, confíen en que las reglas no van a cambiar de un día para otro, o que los proyectos no van a poder terminarse.

Santiago Levy presentó ayer 8 de mayo, en el Senado de la República, su libro “Esfuerzos mal recompensados”, donde explica la relación entre la productividad y la informalidad en México. No tiene desperdicio. Lectura obligada para quien quiere entender estos fenómenos.

*Manuel J. Molano es director general del @IMCO.

@MJMolano*

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La productividad es una palabra que estaba de moda en la Administración anterior. Al inicio de ese Gobierno, Luis Videgaray, extitular de Hacienda, hizo repetidas menciones del concepto, y mostró una serie de gráficas que exponían cómo la productividad en México aumentaba de manera insuficiente. A esa tasa de crecimiento, era imposible que la economía creciera.

Por ejemplo, entre 2010 y 2017, la productividad (medida como la relación entre la formación bruta de capital fijo y el PIB) decreció casi un 3%.

La productividad es un concepto resbaloso y difícil de explicar sin usar ecuaciones. El concepto simple es producir más utilizando menos recursos. Menos trabajo, menos capital, menos energía, menos materiales, menos tiempo.

La solución que se dio a este problema en el sexenio pasado se concentró particularmente en mejorar la productividad de los trabajadores, mediante todo tipo de medidas orientadas a la capacitación. Se pensó que el estancamiento de la productividad se debe en específico a los bajos niveles educativos y de capacidades para el trabajo de los mexicanos.

Sin embargo, un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) de 2013 reveló que la productividad del trabajo creció más que la de otros factores durante el periodo 1950-2011. De hecho, si la productividad del capital hubiera crecido a la misma tasa que la productividad del trabajo, el PIB per cápita hubiera sido un 40% más grande de lo que fue. En un año cualquiera (2015, es el último dato que está en la página del Inegi) el PIB per cápita hubiera sido de 163 mil 200 pesos por habitante, no de 116 mil 757.

No solamente es importante mejorar la calidad de la educación y capacitación de los trabajadores para elevar la productividad. También es importante elevar la calidad de la inversión.

Si la mayoría de las inversiones que se hacen en México no producen una tasa de rentabilidad privada y social mínima, es preferible no invertir. Si gastamos en cosas que no hacen que la economía crezca más, podríamos haber usado los recursos de otra forma.

Invertir en un tren que nadie va a poder pagar, en una refinería que perderá más dinero mientras más gasolina produzca o en un aeropuerto que no puede ser terminado, no son buenas inversiones. México está lleno de malas inversiones e invertir bien, a pesar de todo lo que nos digan, no es difícil como la física nuclear.

Si las reglas funcionaran mejor, si hubiera trámites más fáciles, si no hubiera tantas oportunidades para la corrupción, el país podría tener más inversiones, crecer más y tener una sociedad más justa y equitativa.

En este trimestre no crecimos. Alfonso Romo dice que el trimestre nos dio una cachetadita. ¿Qué falló, qué hizo falta? La confianza necesaria para que hubiera mínimos de inversión. Solamente eso. Si el Gobierno de México quiere que haya crecimiento, entonces necesitamos inversiones en cantidad mínima y de buena calidad.

El Gobierno, más que conferencias presidenciales cada mañana, tiene que hacer que el país sea más atractivo para los inversionistas, y menos atractivo para estafadores, delincuentes, agentes políticos y facinerosos. Tiene que aceptar que hay inversiones que no maduran en un sexenio, y a las que no se les puede sacar raja política, pero que igual tienen que hacerse, y para que se logren, hay que hacer que quienes tienen los recursos para llevarlas a cabo, confíen en que las reglas no van a cambiar de un día para otro, o que los proyectos no van a poder terminarse.

Santiago Levy presentó ayer 8 de mayo, en el Senado de la República, su libro “Esfuerzos mal recompensados”, donde explica la relación entre la productividad y la informalidad en México. No tiene desperdicio. Lectura obligada para quien quiere entender estos fenómenos.

*Manuel J. Molano es director general del @IMCO.

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