/ miércoles 26 de enero de 2022

Influencia magonista en heroínas de la revolución

El pasado 22 de enero iniciamos el año cívico 2022: el Gobierno de México y el de la Ciudad lo hemos decretado como el año de ese gran precursor de la Revolución Mexicana, Ricardo Flores Magón, oaxaqueño universal que falleciera en 1922 preso en la penitenciaría de Leavenworth, Kansas, en los Estados Unidos, donde llegó tras ser arrestado por su fidelidad a los ideales anarcosindicalistas.

En este contexto se inscribió la develación simultánea de las estatuas de la Dra. Matilde Montoya, y de Sara Madero, Carmen Serdán y Juana Belén Gutiérrez, cuyas efigies se integraron a las 6 colocadas en el Paseo de las Heroínas del Paseo de la Reforma, con el que la Jefa de Gobierno de nuestra Ciudad, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo se ha propuesto restaurar la injusta ausencia de las mujeres en las grandes transformaciones de la historia nacional y en la avenida más relevante de la Metrópoli.

En este conjunto de 4 mujeres meritorias y distinguidas, por su irrefutable aporte a la integración de las mexicanas a la Universidad de México se destaca la Dra. Matilde Montoya Lafragua, quien luchó contra el machismo atávico que le impedía presentar el examen de admisión al considerar que las mujeres solo podían aspirar al grado de parteras y enfermeras, pues su capacidad y constitución física resultaban obstáculos insalvables para cursar otras carreras y en ese contexto el obtener su título de Médico Cirujano constituyó una profunda transformación del patriarcado porfirista.

En el caso de las otras tres mujeres, cuyas estatuas a partir de ese día ocupan su lugar en este Paseo, sus historias están íntimamente vinculadas con el proceso revolucionario; tal es el caso de Sara Pérez Romero, cuya presencia la ubica como una apóstol verdadera de la democracia junto a su marido Francisco I. Madero, organizando clubes antirreeleccionistas en el territorio nacional, al haber mostrado la entereza y decisión de auto recluirse en San Luis Potosí cuando el líder fue arrestado, o por haber acudido sola, tal y como el tirano Huerta se lo exigió, a recoger a la penitenciaría de Lecumberri el cadáver de Don Francisco, sepultarlo en soledad y rechazar los acogimientos que varios países le ofrecieron.

Sobre la duranguense Juana Belén Gutiérrez Chávez hay mucho que reconocer: una mujer forjada por la vida, autodidacta, ávida lectora que llega al comunismo de la mano de Bakunin y Kroptkin, esposa de un minero al que enseña a leer, colaboradora de icónicas publicaciones como el Hijo del Ahuizote o Vésper; encarcelada infinidad de veces por sus luchas a favor de los mineros, de los pobres y estudiantes; fundadora del Club Liberal Benito Juárez, desterrada tras su detención con los Flores Magón a Laredo, Texas, fundadora de Las Hijas del Anáhuac, exigente demandante del voto femenino, coronela zapatista portadora de fusil y cananas, sindicalista temprana (1919), fundadora del grupo La República Femenina y servidora pública de excepción.

Y el simple nombre de la poblana Carmen Serdán Alatriste nos remite directamente al inicio de la lucha armada aquel 18 de noviembre de 1910; protagonista fundamental del artero ataque que las fuerzas militares de Díaz desplegaron en contra de su casa familiar al ser delatados como maderistas armados.

El ejemplo de estas cuatro mujeres, revolucionarias en el más amplio sentido de la palabra, animó la conciencia emancipadora y comunitaria que hoy orienta la cuarta transformación de la República, cuyos nobles objetivos se nutren de los principios que enarbolaron en su momento estas heroínas de la Patria en pos de consolidar nuestras libertades democráticas y de construir un país justo y honesto en el cual todos sus hijos e hijas vivamos en armonía, seguridad y felicidad. Por eso asumimos este ejercicio memorístico en el sentido profundo que le dio el escritor del Siglo de Oro Vicente Espinel a la vigencia de la memoria como un instrumento de observación que requiere más de la mente que de los sentidos.


El pasado 22 de enero iniciamos el año cívico 2022: el Gobierno de México y el de la Ciudad lo hemos decretado como el año de ese gran precursor de la Revolución Mexicana, Ricardo Flores Magón, oaxaqueño universal que falleciera en 1922 preso en la penitenciaría de Leavenworth, Kansas, en los Estados Unidos, donde llegó tras ser arrestado por su fidelidad a los ideales anarcosindicalistas.

En este contexto se inscribió la develación simultánea de las estatuas de la Dra. Matilde Montoya, y de Sara Madero, Carmen Serdán y Juana Belén Gutiérrez, cuyas efigies se integraron a las 6 colocadas en el Paseo de las Heroínas del Paseo de la Reforma, con el que la Jefa de Gobierno de nuestra Ciudad, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo se ha propuesto restaurar la injusta ausencia de las mujeres en las grandes transformaciones de la historia nacional y en la avenida más relevante de la Metrópoli.

En este conjunto de 4 mujeres meritorias y distinguidas, por su irrefutable aporte a la integración de las mexicanas a la Universidad de México se destaca la Dra. Matilde Montoya Lafragua, quien luchó contra el machismo atávico que le impedía presentar el examen de admisión al considerar que las mujeres solo podían aspirar al grado de parteras y enfermeras, pues su capacidad y constitución física resultaban obstáculos insalvables para cursar otras carreras y en ese contexto el obtener su título de Médico Cirujano constituyó una profunda transformación del patriarcado porfirista.

En el caso de las otras tres mujeres, cuyas estatuas a partir de ese día ocupan su lugar en este Paseo, sus historias están íntimamente vinculadas con el proceso revolucionario; tal es el caso de Sara Pérez Romero, cuya presencia la ubica como una apóstol verdadera de la democracia junto a su marido Francisco I. Madero, organizando clubes antirreeleccionistas en el territorio nacional, al haber mostrado la entereza y decisión de auto recluirse en San Luis Potosí cuando el líder fue arrestado, o por haber acudido sola, tal y como el tirano Huerta se lo exigió, a recoger a la penitenciaría de Lecumberri el cadáver de Don Francisco, sepultarlo en soledad y rechazar los acogimientos que varios países le ofrecieron.

Sobre la duranguense Juana Belén Gutiérrez Chávez hay mucho que reconocer: una mujer forjada por la vida, autodidacta, ávida lectora que llega al comunismo de la mano de Bakunin y Kroptkin, esposa de un minero al que enseña a leer, colaboradora de icónicas publicaciones como el Hijo del Ahuizote o Vésper; encarcelada infinidad de veces por sus luchas a favor de los mineros, de los pobres y estudiantes; fundadora del Club Liberal Benito Juárez, desterrada tras su detención con los Flores Magón a Laredo, Texas, fundadora de Las Hijas del Anáhuac, exigente demandante del voto femenino, coronela zapatista portadora de fusil y cananas, sindicalista temprana (1919), fundadora del grupo La República Femenina y servidora pública de excepción.

Y el simple nombre de la poblana Carmen Serdán Alatriste nos remite directamente al inicio de la lucha armada aquel 18 de noviembre de 1910; protagonista fundamental del artero ataque que las fuerzas militares de Díaz desplegaron en contra de su casa familiar al ser delatados como maderistas armados.

El ejemplo de estas cuatro mujeres, revolucionarias en el más amplio sentido de la palabra, animó la conciencia emancipadora y comunitaria que hoy orienta la cuarta transformación de la República, cuyos nobles objetivos se nutren de los principios que enarbolaron en su momento estas heroínas de la Patria en pos de consolidar nuestras libertades democráticas y de construir un país justo y honesto en el cual todos sus hijos e hijas vivamos en armonía, seguridad y felicidad. Por eso asumimos este ejercicio memorístico en el sentido profundo que le dio el escritor del Siglo de Oro Vicente Espinel a la vigencia de la memoria como un instrumento de observación que requiere más de la mente que de los sentidos.