/ miércoles 2 de agosto de 2023

Inversiones en riesgo por la inseguridad 

México se encuentra frente a una oportunidad histórica en materia de perspectivas de crecimiento en el corto plazo por la disputa comercial entre Estados Unidos y China. La relocalización de empresas extranjeras en nuestro país podría representar la llegada de capitales por hasta 80 mil millones de dólares en los próximos dos años, según cálculos de analistas. Sin embargo, este promisorio futuro puede verse comprometido por un tema que no ha podido ser resuelto, que es el de la inseguridad.

Se trata del principal pendiente que dejará esta administración, de una promesa incumplida por parte del presidente López Obrador y del primer reto que deberá atender quien resulte electo o electa como nuevo huésped de Palacio Nacional en junio de 2024. Es sabido que este fenómeno tiene múltiples variantes y en el caso de la atracción de inversiones, sin duda la seguridad carretera se impone como uno de los mayores lastres que seguimos arrastrando y que podría poner en riesgo el crecimiento económico.

El sector del autotransporte de carga forma parte de los motores del desarrollo. Anualmente, más de un millón 200 mil unidades movilizan cerca de 550 millones de toneladas de productos, lo que representa más del 80% de la carga doméstica. Es un mundo que muy pocas veces nos detenemos a analizar, pero que representa un sólido mercado que la autoridad no debería desdeñar.

El robo a los transportistas de carga tendría que ser una alerta para el gobierno federal, los estados y los municipios. Expertos en logística advierten que el año pasado se registraron 20 mil robos a camiones, es decir, un promedio de 54 agresiones diarias a este sector.

Si bien la Guardia Nacional se ha consolidado como el principal cuerpo de seguridad, los esfuerzos realizados no han sido suficientes para atajar la ola criminal que opera con plena impunidad en las carreteras. No hay día en el que no ocurra un robo con violencia, una violación a la ley o un asesinato en las autopistas.

El mundo se encuentra en un profundo proceso de transformación. En materia comercial, la pandemia de Covid-19 provocó una ruptura en las cadenas de distribución. Mientras que hasta hace poco las inversiones apostaban a la mano de obra barata sin importar las distancias, hoy la estrategia consiste en colocar los sitios de producción lo más cerca de los consumidores finales para evitar riesgos en la distribución. Este proceso de relocalización, conocido como nearshoring, podría representar el futuro económico de México por su pertenencia a uno de los bloques económicos más sólidos del planeta; el de América del Norte.

La preocupación de los potenciales inversionistas que buscan llegar a nuestro país o bien expandir su presencia dentro del territorio no es menor. Han sido muchas las expresiones que alertan sobre un posible freno a los proyectos por la incapacidad del gobierno de poner un alto a la criminalidad.

Han sido pocos los aspirantes presidenciales que han presentado propuestas concretas para atender este grave problema o quienes tengan la experiencia probada para enfrentar el reto. Desatender la lucha contra las bandas delincuenciales significaría perder nuevamente la oportunidad de consolidar nuestro crecimiento y permitir abiertamente que el crimen permanezca anquilosado en los ámbitos sociales y políticos del país.

sdelrio1934@gmail.com


México se encuentra frente a una oportunidad histórica en materia de perspectivas de crecimiento en el corto plazo por la disputa comercial entre Estados Unidos y China. La relocalización de empresas extranjeras en nuestro país podría representar la llegada de capitales por hasta 80 mil millones de dólares en los próximos dos años, según cálculos de analistas. Sin embargo, este promisorio futuro puede verse comprometido por un tema que no ha podido ser resuelto, que es el de la inseguridad.

Se trata del principal pendiente que dejará esta administración, de una promesa incumplida por parte del presidente López Obrador y del primer reto que deberá atender quien resulte electo o electa como nuevo huésped de Palacio Nacional en junio de 2024. Es sabido que este fenómeno tiene múltiples variantes y en el caso de la atracción de inversiones, sin duda la seguridad carretera se impone como uno de los mayores lastres que seguimos arrastrando y que podría poner en riesgo el crecimiento económico.

El sector del autotransporte de carga forma parte de los motores del desarrollo. Anualmente, más de un millón 200 mil unidades movilizan cerca de 550 millones de toneladas de productos, lo que representa más del 80% de la carga doméstica. Es un mundo que muy pocas veces nos detenemos a analizar, pero que representa un sólido mercado que la autoridad no debería desdeñar.

El robo a los transportistas de carga tendría que ser una alerta para el gobierno federal, los estados y los municipios. Expertos en logística advierten que el año pasado se registraron 20 mil robos a camiones, es decir, un promedio de 54 agresiones diarias a este sector.

Si bien la Guardia Nacional se ha consolidado como el principal cuerpo de seguridad, los esfuerzos realizados no han sido suficientes para atajar la ola criminal que opera con plena impunidad en las carreteras. No hay día en el que no ocurra un robo con violencia, una violación a la ley o un asesinato en las autopistas.

El mundo se encuentra en un profundo proceso de transformación. En materia comercial, la pandemia de Covid-19 provocó una ruptura en las cadenas de distribución. Mientras que hasta hace poco las inversiones apostaban a la mano de obra barata sin importar las distancias, hoy la estrategia consiste en colocar los sitios de producción lo más cerca de los consumidores finales para evitar riesgos en la distribución. Este proceso de relocalización, conocido como nearshoring, podría representar el futuro económico de México por su pertenencia a uno de los bloques económicos más sólidos del planeta; el de América del Norte.

La preocupación de los potenciales inversionistas que buscan llegar a nuestro país o bien expandir su presencia dentro del territorio no es menor. Han sido muchas las expresiones que alertan sobre un posible freno a los proyectos por la incapacidad del gobierno de poner un alto a la criminalidad.

Han sido pocos los aspirantes presidenciales que han presentado propuestas concretas para atender este grave problema o quienes tengan la experiencia probada para enfrentar el reto. Desatender la lucha contra las bandas delincuenciales significaría perder nuevamente la oportunidad de consolidar nuestro crecimiento y permitir abiertamente que el crimen permanezca anquilosado en los ámbitos sociales y políticos del país.

sdelrio1934@gmail.com