/ sábado 11 de enero de 2020

Irán: la obvia provocación y la defensa del país

La única manera de ganar la guerra es evitarla solía decir el comandante Fidel Castro. Y la mejor manera de evitarla es no caer en las provocaciones del enemigo. La base militar estadounidense de Guantánamo ha sido una provocación yanqui a la revolución cubana a lo largo de los últimos sesenta años. Pero el gobierno revolucionario no ha caído en la tentación de recuperar ese territorio cubano por la fuerza, es decir, no ha caído en la provocación, conducta que conduciría a la guerra.

El asesinato del comandante iraní Qasem Soleimani ha sido sin duda una provocación. Caer en ella conduciría a Irán a la guerra con Estados Unidos. Y esto le daría a Washington la anhelada oportunidad para destruir a la revolución islámica, propósito inconseguido desde 1979.

Por eso, y estando claro que aquel asesinato fue una provocación, toca a la dirigencia revolucionaria evitar la guerra. Preservar la revolución es la cuestión fundamental. Y frente a ello la eventual reelección de Trump es asunto intrascendente. Porque finalmente el mayor enemigo de Irán no es el magnate, sino el imperialismo, cuya esperanza de vida es inmensamente superior a la del trastornado mandatario yanqui.

También por eso, y a la par de evadir la provocación, la dirigencia revolucionaria irania tiene frente a sí la ineludible tarea de reforzar la defensa del país. Tareas ambas a las que, en su respectivo caso, han dedicado sus mejores y mayores esfuerzos los líderes norcoreanos, cubanos y venezolanos.

En el caso concreto de Irán, pieza importante de la defensa del país es la consecución del arma atómica, como lo demuestra claramente el caso norcoreano. La pequeña nación comunista se ha vuelto prácticamente invulnerable a una agresión, incluso nuclear, de Estados Unidos.

Pero como también lo demuestran los casos de Venezuela, Nicaragua y el propio Irán, la pieza clave de la defensa es mantener el apoyo del pueblo. Recientemente estas tres naciones han sido víctimas de diversos intentos de fabricarles una revolución de colores.

Hace apenas unas semanas Irán logró desactivar un intento, mediante el uso de las redes sociales, de “revolución con sello yanqui”. La defensa funcionó y en cosa de horas la amenaza fue conjurada.

Es cierto que el amago de agresión militar es el peligro mayor. Pero ésta no puede darse si gobierno y pueblo de la eventual víctima se encuentran unidos en los propósitos concurrentes de defender al país y evitar caer en las provocaciones, obvias o no, del enemigo.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

mentorferrer@gmail.com


La única manera de ganar la guerra es evitarla solía decir el comandante Fidel Castro. Y la mejor manera de evitarla es no caer en las provocaciones del enemigo. La base militar estadounidense de Guantánamo ha sido una provocación yanqui a la revolución cubana a lo largo de los últimos sesenta años. Pero el gobierno revolucionario no ha caído en la tentación de recuperar ese territorio cubano por la fuerza, es decir, no ha caído en la provocación, conducta que conduciría a la guerra.

El asesinato del comandante iraní Qasem Soleimani ha sido sin duda una provocación. Caer en ella conduciría a Irán a la guerra con Estados Unidos. Y esto le daría a Washington la anhelada oportunidad para destruir a la revolución islámica, propósito inconseguido desde 1979.

Por eso, y estando claro que aquel asesinato fue una provocación, toca a la dirigencia revolucionaria evitar la guerra. Preservar la revolución es la cuestión fundamental. Y frente a ello la eventual reelección de Trump es asunto intrascendente. Porque finalmente el mayor enemigo de Irán no es el magnate, sino el imperialismo, cuya esperanza de vida es inmensamente superior a la del trastornado mandatario yanqui.

También por eso, y a la par de evadir la provocación, la dirigencia revolucionaria irania tiene frente a sí la ineludible tarea de reforzar la defensa del país. Tareas ambas a las que, en su respectivo caso, han dedicado sus mejores y mayores esfuerzos los líderes norcoreanos, cubanos y venezolanos.

En el caso concreto de Irán, pieza importante de la defensa del país es la consecución del arma atómica, como lo demuestra claramente el caso norcoreano. La pequeña nación comunista se ha vuelto prácticamente invulnerable a una agresión, incluso nuclear, de Estados Unidos.

Pero como también lo demuestran los casos de Venezuela, Nicaragua y el propio Irán, la pieza clave de la defensa es mantener el apoyo del pueblo. Recientemente estas tres naciones han sido víctimas de diversos intentos de fabricarles una revolución de colores.

Hace apenas unas semanas Irán logró desactivar un intento, mediante el uso de las redes sociales, de “revolución con sello yanqui”. La defensa funcionó y en cosa de horas la amenaza fue conjurada.

Es cierto que el amago de agresión militar es el peligro mayor. Pero ésta no puede darse si gobierno y pueblo de la eventual víctima se encuentran unidos en los propósitos concurrentes de defender al país y evitar caer en las provocaciones, obvias o no, del enemigo.

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