/ sábado 6 de julio de 2019

José Emilio Pacheco

Hace una semana se conmemoraron los 80 años que hubiera cumplido un ilustre mexicano; José Emilio Pacheco.

Es para mí un gusto y un privilegio escribir y recordar a quien ha sido objeto ya de los mayores honores literarios como poeta y prosista mexicano. Hablar de José Emilio Pacheco es terminar nunca. Pacheco fue y es inmenso, y cuesta trabajo recorrerlo. Cuando uno está asimilando el cuarto o quinto verso, el poeta ya terminó el milenio. No podría, aunque quisiera, incorporar en una colaboración la milésima parte de su vida literaria.

Mi recuerdo más antiguo de José Emilio Pacheco Berny se remonta al segundo y tercer año de secundaria en 1953 y 1954 en el Colegio México. Muchacho grandote y callado ya pergeñaba los que serían sus primeros poemas y textos en prosa. De aquellos años parten los recuerdos que posteriormente vertería en su famosa novela Las Batallas en el Desierto publicada en 1981 y en la cual narra episodios de la que era nuestra vida escolar.

Como su contemporáneo y compañero de salón me percato de la grande capacidad de Pacheco para asimilar y sintetizar la vida de la escuela y sus alrededores; es tan vasta y dilatada la cantidad de anécdotas que contiene esta pequeña novela que fue llevada a la pantalla grande en 1986 con el título de “Mariana, Mariana”, dirigida por Alberto Isaac. La adaptación cinematográfica fue de Vicente Leñero, y actuaron Elizabeth Aguilar, Pedro Armendáriz Jr., Saby Kamalich, entre otros. Ganó 8 premios Ariel de la Academia Mexicana de Cine.

Una de las partes centrales de la novela es la atracción que nace en un compañero nuestro por la mamá de otro alumno de la generación; este último fue el hijo de un famoso superintendente de distrito de Pemex en Poza Rica, en la época de los cincuentas. A ese respecto, recuerdo, como ocurre en todas las campañas presidenciales, el reclamo del candidato López Mateos en 1958 gritando: “¡No habrá mas Merinos ni más ladrones!”

Toda la obra está salpicada de recuerdos y momentos de los primeros años de la juventud, recuerdos y momentos que, gracias al poeta, no se perderán en la memoria de los tiempos. José Emilio menciona al compañero “japonés” quien es Jorge Sekiguchi; al “hijo del jabonero”, Héctor Blas Grisi, ya desaparecido. Vale decir que el papá de Grisi tenía su negocio a dos cuadras de la escuela y nosotros veíamos desde la calle los cientos de panes de jabón sobre grandes mesas; hoy es una gran industria gracias a Héctor Blas. Solo a dos o tres compañeros sí los refiere Pacheco por su apellido: Arturo Ayala Gastélum, también fallecido, Alfonso Castellanos, y creo que a Ignacio Orendáin.

José Emilio nació el 30 de junio de 1939 y falleció el 26 de enero de 2014. Nos ha hecho falta por más de cinco años.

En sus años de vida llenó incontables páginas con su imaginación y su entusiasmo. Fue un predestinado de las letras y de las humanidades para obtener los máximos honores.

Carlos Monsiváis dice del poeta que “en su obra domina la pasión por la metáfora, la concentración en unas cuantas líneas de un relato casi siempre pesaroso, el gusto por los relatos inesperados, el despliegue del poder de síntesis, el ejercicio múltiple de la metáfora, el juego de analogías como espejos de la devastación, la alabanza jubilosa del paisaje. En poesía, ajusta sus dones melancólicos, su pesimismo que es resistencia al autoengaño, su fijación del sitio de la crueldad en el mundo, su poderío aforístico”.

La mayoría de sus títulos poéticos están recogidos en el libro “Tarde o temprano” (Poemas 1958 - 2000), que reúne sus primeros seis libros de poemas: Los elementos de la noche, “El reposo del fuego”, “No me preguntes cómo pasa el tiempo”, “Irás y no volverás”, “Islas a la deriva”, “Desde entonces”, ”Los trabajos del mar”, “Miro la tierra”, “Ciudad de la memoria” y un volumen de versiones poéticas: “Aproximaciones”. Sus principales novelas son: “Morirás lejos” y “Las batallas en el desierto”. Tiene tres libros de cuentos: “La sangre de Medusa”, “El viento distante” y “El principio del placer”.

José Emilio recibió, entre otros galardones, el Premio Cervantes (2010); el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009); el García Lorca (2005); el Pablo Neruda y el Alfonso Reyes (2004); el Octavio Paz y el Ramón López Velarde (2003); el José Donoso (2001); el José Asunción Silva (1996); y el Xavier Villaurrutia (1973).

En 1956 cuando salíamos de la preparatoria en el CUM, buscando el rumbo universitario, los profesores solicitaban a un alumno de cada salón que preparara un texto como corolario del año escolar, y que se publicaría en la Memoria Anual. José Emilio escribió el suyo, y yo el de mi salón de clases. Hoy, con mucho orgullo sé que en la Memoria del CUM de aquel año me encuentro al lado de uno de los escritores más grandes que ha tenido México.

Puedo decir que José Emilio Pacheco fue un grande de México, y los grandes hombres no tienen biografía, tienen historia.

Premio Nacional de Periodismo 2018

Fundador de Notimex

pacofonn@yahoo.com.mx


Hace una semana se conmemoraron los 80 años que hubiera cumplido un ilustre mexicano; José Emilio Pacheco.

Es para mí un gusto y un privilegio escribir y recordar a quien ha sido objeto ya de los mayores honores literarios como poeta y prosista mexicano. Hablar de José Emilio Pacheco es terminar nunca. Pacheco fue y es inmenso, y cuesta trabajo recorrerlo. Cuando uno está asimilando el cuarto o quinto verso, el poeta ya terminó el milenio. No podría, aunque quisiera, incorporar en una colaboración la milésima parte de su vida literaria.

Mi recuerdo más antiguo de José Emilio Pacheco Berny se remonta al segundo y tercer año de secundaria en 1953 y 1954 en el Colegio México. Muchacho grandote y callado ya pergeñaba los que serían sus primeros poemas y textos en prosa. De aquellos años parten los recuerdos que posteriormente vertería en su famosa novela Las Batallas en el Desierto publicada en 1981 y en la cual narra episodios de la que era nuestra vida escolar.

Como su contemporáneo y compañero de salón me percato de la grande capacidad de Pacheco para asimilar y sintetizar la vida de la escuela y sus alrededores; es tan vasta y dilatada la cantidad de anécdotas que contiene esta pequeña novela que fue llevada a la pantalla grande en 1986 con el título de “Mariana, Mariana”, dirigida por Alberto Isaac. La adaptación cinematográfica fue de Vicente Leñero, y actuaron Elizabeth Aguilar, Pedro Armendáriz Jr., Saby Kamalich, entre otros. Ganó 8 premios Ariel de la Academia Mexicana de Cine.

Una de las partes centrales de la novela es la atracción que nace en un compañero nuestro por la mamá de otro alumno de la generación; este último fue el hijo de un famoso superintendente de distrito de Pemex en Poza Rica, en la época de los cincuentas. A ese respecto, recuerdo, como ocurre en todas las campañas presidenciales, el reclamo del candidato López Mateos en 1958 gritando: “¡No habrá mas Merinos ni más ladrones!”

Toda la obra está salpicada de recuerdos y momentos de los primeros años de la juventud, recuerdos y momentos que, gracias al poeta, no se perderán en la memoria de los tiempos. José Emilio menciona al compañero “japonés” quien es Jorge Sekiguchi; al “hijo del jabonero”, Héctor Blas Grisi, ya desaparecido. Vale decir que el papá de Grisi tenía su negocio a dos cuadras de la escuela y nosotros veíamos desde la calle los cientos de panes de jabón sobre grandes mesas; hoy es una gran industria gracias a Héctor Blas. Solo a dos o tres compañeros sí los refiere Pacheco por su apellido: Arturo Ayala Gastélum, también fallecido, Alfonso Castellanos, y creo que a Ignacio Orendáin.

José Emilio nació el 30 de junio de 1939 y falleció el 26 de enero de 2014. Nos ha hecho falta por más de cinco años.

En sus años de vida llenó incontables páginas con su imaginación y su entusiasmo. Fue un predestinado de las letras y de las humanidades para obtener los máximos honores.

Carlos Monsiváis dice del poeta que “en su obra domina la pasión por la metáfora, la concentración en unas cuantas líneas de un relato casi siempre pesaroso, el gusto por los relatos inesperados, el despliegue del poder de síntesis, el ejercicio múltiple de la metáfora, el juego de analogías como espejos de la devastación, la alabanza jubilosa del paisaje. En poesía, ajusta sus dones melancólicos, su pesimismo que es resistencia al autoengaño, su fijación del sitio de la crueldad en el mundo, su poderío aforístico”.

La mayoría de sus títulos poéticos están recogidos en el libro “Tarde o temprano” (Poemas 1958 - 2000), que reúne sus primeros seis libros de poemas: Los elementos de la noche, “El reposo del fuego”, “No me preguntes cómo pasa el tiempo”, “Irás y no volverás”, “Islas a la deriva”, “Desde entonces”, ”Los trabajos del mar”, “Miro la tierra”, “Ciudad de la memoria” y un volumen de versiones poéticas: “Aproximaciones”. Sus principales novelas son: “Morirás lejos” y “Las batallas en el desierto”. Tiene tres libros de cuentos: “La sangre de Medusa”, “El viento distante” y “El principio del placer”.

José Emilio recibió, entre otros galardones, el Premio Cervantes (2010); el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009); el García Lorca (2005); el Pablo Neruda y el Alfonso Reyes (2004); el Octavio Paz y el Ramón López Velarde (2003); el José Donoso (2001); el José Asunción Silva (1996); y el Xavier Villaurrutia (1973).

En 1956 cuando salíamos de la preparatoria en el CUM, buscando el rumbo universitario, los profesores solicitaban a un alumno de cada salón que preparara un texto como corolario del año escolar, y que se publicaría en la Memoria Anual. José Emilio escribió el suyo, y yo el de mi salón de clases. Hoy, con mucho orgullo sé que en la Memoria del CUM de aquel año me encuentro al lado de uno de los escritores más grandes que ha tenido México.

Puedo decir que José Emilio Pacheco fue un grande de México, y los grandes hombres no tienen biografía, tienen historia.

Premio Nacional de Periodismo 2018

Fundador de Notimex

pacofonn@yahoo.com.mx


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