/ jueves 17 de septiembre de 2020

Jugar con fuego

Tenemos lo que queremos, pues nos contentamos con lo que tenemos.

Miguel de Cervantes


La agenda pública está sujeta a los dictados del presidente López Obrador. Las misas de siete son la brújula política y el tribunal que dicta sentencias infalibles para sus contrincantes. No odia pero humilla. El propio inquilino de Palacio Nacional admitió que concurre a sus conferencias sin prepararse. Eso estaría bien, si su responsabilidad fuera “charlar”, pero no, su papel es otro muy distinto.


El tabasqueño no ha entendido cuál es su función institucional —no almidonada, que conste— y la trascendencia de sus dichos y acciones en un país ahogado por el presidencialismo. Sus lanzadas cotidianas sólo sirven para alimentar a sus hordas clientelares y sedientas de linchamientos mediáticos. AMLO ha decidido gobernar con el libreto de la demagogia y de la ocurrencia.


Repetir como letanía que, no obstante las duras cifras que nos ha impuesto la pandemia, el país está remontando sus efectos perniciosos, es pretender lanzar arena en los ojos a una población que perdió el empleo y en otros casos su ya bajo salario. Ya desde antes, la voz presidencial había desestimado el nulo crecimiento e incluso el decrecimiento de la economía nacional, hasta cuestionó la medición del PIB, pero no se atrevió a dar el paso a los indicadores del PNUD, que muestran la creciente desigualdad multidimensional, que va más allá de la medición por ingreso. Puros desplantes efectistas.


En el paquete económico para 2021 se reafirma la ficción en que vive el tabasqueño. Proyectar un crecimiento de 4.6% de la economía resulta un choque con la realidad y confronta a los análisis de todas las agencias internacionales. El presupuesto de Egresos se basa en cuatro ejes engañosos, a saber: seguridad, salud, clientelas sociales y sus proyectos estrella, cuyos montos no resuelven nada sustancial; sin olvidar la desaparición del Fortaseg, una pírrica ayuda, pero necesaria, a los municipios para enfrentar las violencias y apoyar la cohesión comunitaria; elimina el presupuesto de las escuelas de tiempo completo, una defensa a la soledad y al abandono familiar; se otorgan limosnas a los presupuestos de prevención y atención a las mujeres; y, ni siquiera se fortalece el presupuesto de las áreas anticorrupción, supuesta prioridad de éste gobierno, entre otras afrentas a los vulnerables y a los nuevos y viejos pobres. AMLO cree que puede exorcizar los problemas terrenales solamente con su “fortaleza moral” y con paquetes económicos voluntaristas. Eso es jugar con fuego ante un incendio que avanza, poco a poco, en la pradera nacional y quizá no habrá líquido que lo mitigue.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

Tenemos lo que queremos, pues nos contentamos con lo que tenemos.

Miguel de Cervantes


La agenda pública está sujeta a los dictados del presidente López Obrador. Las misas de siete son la brújula política y el tribunal que dicta sentencias infalibles para sus contrincantes. No odia pero humilla. El propio inquilino de Palacio Nacional admitió que concurre a sus conferencias sin prepararse. Eso estaría bien, si su responsabilidad fuera “charlar”, pero no, su papel es otro muy distinto.


El tabasqueño no ha entendido cuál es su función institucional —no almidonada, que conste— y la trascendencia de sus dichos y acciones en un país ahogado por el presidencialismo. Sus lanzadas cotidianas sólo sirven para alimentar a sus hordas clientelares y sedientas de linchamientos mediáticos. AMLO ha decidido gobernar con el libreto de la demagogia y de la ocurrencia.


Repetir como letanía que, no obstante las duras cifras que nos ha impuesto la pandemia, el país está remontando sus efectos perniciosos, es pretender lanzar arena en los ojos a una población que perdió el empleo y en otros casos su ya bajo salario. Ya desde antes, la voz presidencial había desestimado el nulo crecimiento e incluso el decrecimiento de la economía nacional, hasta cuestionó la medición del PIB, pero no se atrevió a dar el paso a los indicadores del PNUD, que muestran la creciente desigualdad multidimensional, que va más allá de la medición por ingreso. Puros desplantes efectistas.


En el paquete económico para 2021 se reafirma la ficción en que vive el tabasqueño. Proyectar un crecimiento de 4.6% de la economía resulta un choque con la realidad y confronta a los análisis de todas las agencias internacionales. El presupuesto de Egresos se basa en cuatro ejes engañosos, a saber: seguridad, salud, clientelas sociales y sus proyectos estrella, cuyos montos no resuelven nada sustancial; sin olvidar la desaparición del Fortaseg, una pírrica ayuda, pero necesaria, a los municipios para enfrentar las violencias y apoyar la cohesión comunitaria; elimina el presupuesto de las escuelas de tiempo completo, una defensa a la soledad y al abandono familiar; se otorgan limosnas a los presupuestos de prevención y atención a las mujeres; y, ni siquiera se fortalece el presupuesto de las áreas anticorrupción, supuesta prioridad de éste gobierno, entre otras afrentas a los vulnerables y a los nuevos y viejos pobres. AMLO cree que puede exorcizar los problemas terrenales solamente con su “fortaleza moral” y con paquetes económicos voluntaristas. Eso es jugar con fuego ante un incendio que avanza, poco a poco, en la pradera nacional y quizá no habrá líquido que lo mitigue.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

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