/ jueves 9 de agosto de 2018

"Justicia para los animales"

VER

En un vuelo reciente al interior del país, vi a una niña como de nueve años que ingresaba al avión portando una playera con la figura de unos animales, con esta leyenda: Justicia para los animales. ¡Tiene razón! Son criaturas de Dios y hemos de cuidarlas, evitando su extinción o su maltrato. Sin embargo, cuántas personas que defienden a los animales, están a favor del aborto, que es el asesinato de un ser humano, indefenso e inocente.

Estando en la diócesis que presidí recién, un apreciado profesor y su esposa me invitaban a sumarme a su campaña contra las corridas de toros, por el sufrimiento que se les causa. Nunca me han gustado esos espectáculos, tanto por los riesgos que corren los toreros, como por los malos tratos a esos animales.

Un partido político en nuestra patria ha luchado por evitar que los circos usen animales, con la buena intención de evitar los daños que se les provocan; sin embargo, propone la pena de muerte para secuestradores y violadores. ¡Cuánta incongruencia! Les importa más la vida de los animales, que la de las personas. Nuestra Iglesia ha actualizado el Catecismo, condenando como inmoral e inaceptable la pena de muerte.

PENSAR

El Papa Francisco, en su Encíclica Laudato si, hace referencia al No. 2418 del Catecismo de la Iglesia Católica, que dice: “Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos”.

Y más adelante afirma: “No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada” (Laudato si, 91).

En Evangelii gaudium dice: “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre” (213).

“Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana” (214).


ACTUAR

Apreciemos mucho a los animales y luchemos por su digna pervivencia; pero, con mayor razón, defendamos la vida de los no nacidos y acompañemos a las mujeres que ven el aborto como solución a sus problemas, para ayudarles a enfrentar su angustia, sin destruir otra vida.


VER

En un vuelo reciente al interior del país, vi a una niña como de nueve años que ingresaba al avión portando una playera con la figura de unos animales, con esta leyenda: Justicia para los animales. ¡Tiene razón! Son criaturas de Dios y hemos de cuidarlas, evitando su extinción o su maltrato. Sin embargo, cuántas personas que defienden a los animales, están a favor del aborto, que es el asesinato de un ser humano, indefenso e inocente.

Estando en la diócesis que presidí recién, un apreciado profesor y su esposa me invitaban a sumarme a su campaña contra las corridas de toros, por el sufrimiento que se les causa. Nunca me han gustado esos espectáculos, tanto por los riesgos que corren los toreros, como por los malos tratos a esos animales.

Un partido político en nuestra patria ha luchado por evitar que los circos usen animales, con la buena intención de evitar los daños que se les provocan; sin embargo, propone la pena de muerte para secuestradores y violadores. ¡Cuánta incongruencia! Les importa más la vida de los animales, que la de las personas. Nuestra Iglesia ha actualizado el Catecismo, condenando como inmoral e inaceptable la pena de muerte.

PENSAR

El Papa Francisco, en su Encíclica Laudato si, hace referencia al No. 2418 del Catecismo de la Iglesia Católica, que dice: “Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos”.

Y más adelante afirma: “No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada” (Laudato si, 91).

En Evangelii gaudium dice: “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre” (213).

“Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana” (214).


ACTUAR

Apreciemos mucho a los animales y luchemos por su digna pervivencia; pero, con mayor razón, defendamos la vida de los no nacidos y acompañemos a las mujeres que ven el aborto como solución a sus problemas, para ayudarles a enfrentar su angustia, sin destruir otra vida.