/ sábado 1 de febrero de 2020

La agenda de Sicilia y sus mil acompañantes

Indudablemente Javier Sicilia es una figura mediática y un personaje polémico. Su extendida presencia en los medios de comunicación da fe de su talante polémico. Para unos es un adalid de la paz, la democracia y la justicia. Para otros es una persona falsa, protagónica y engreída. En los medios algunos lo apoyan y ensalzan y otros lo censuran y descalifican. Hay opiniones para todos los gustos y preferencias partidarias.

Pero más allá de las opiniones de cada cual, es evidente la falta de sintonía política e ideológica entre Sicilia y la sociedad que dice o busca representar. Y las pruebas son públicas y están a la vista. Su último llamado a la sociedad para demandar paz, justicia y democracia apenas rebasó las mil personas.

Y eso que tal llamado contó con un descomunal respaldo de los medios de comunicación hegemónicos de indiscutible filiación de derecha. Era casi imposible contar con una mejor caja de resonancia. Se trató de una convocatoria destinada a ser vista y oída por millones y millones de personas. Y en contrapartida el resultado no pudo ser más magro, más escuálido, más raquítico.

¿Cómo explicar este hecho objetivo, material, palmario? ¿Será que la gente, la sociedad, el pueblo no quiere paz, democracia y justicia? ¿O será que los destinatarios del llamado de Sicilia comprendieron que bajo el disfraz de esas bellas palabras se escondía un llamado a la movilización de protesta, censura y descalificación del gobierno de López Obrador y de este mismo?

¿Será igualmente que la gente sabe o intuyó o sospechó que ese llamado a marchar estaba siendo tripulado por panistas, priistas y otros representantes del viejo régimen hoy desplazado del poder? ¿O será, asimismo, que la raza no ve con buenos ojos a ciertos aliados, amigos, correligionarios o simples compañeros de viaje de Javier Sicilia, entre los que destacan los patriarcas del impresentable clan LeBarón?

¿O será, también, que la gente, el pueblo, la raza no gusta de participar en actos políticos cuyos líderes llaman a la intervención policiaca, política y hasta militar de Estados Unidos en los asuntos de México, cual es el caso precisamente del clan LeBarón?

Las explicaciones para el rotundo fracaso de la marcha convocada por Sicilia pueden ser las anteriores o muchas otras. Pero lo palpable es que la agenda política de Sicilia y los LeBarón no se compagina con la agenda de la sociedad mexicana, mayoritariamente obradorista. ¿Lo entenderá Sicilia? Quién sabe.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

mentorferrer@gmail.com


Indudablemente Javier Sicilia es una figura mediática y un personaje polémico. Su extendida presencia en los medios de comunicación da fe de su talante polémico. Para unos es un adalid de la paz, la democracia y la justicia. Para otros es una persona falsa, protagónica y engreída. En los medios algunos lo apoyan y ensalzan y otros lo censuran y descalifican. Hay opiniones para todos los gustos y preferencias partidarias.

Pero más allá de las opiniones de cada cual, es evidente la falta de sintonía política e ideológica entre Sicilia y la sociedad que dice o busca representar. Y las pruebas son públicas y están a la vista. Su último llamado a la sociedad para demandar paz, justicia y democracia apenas rebasó las mil personas.

Y eso que tal llamado contó con un descomunal respaldo de los medios de comunicación hegemónicos de indiscutible filiación de derecha. Era casi imposible contar con una mejor caja de resonancia. Se trató de una convocatoria destinada a ser vista y oída por millones y millones de personas. Y en contrapartida el resultado no pudo ser más magro, más escuálido, más raquítico.

¿Cómo explicar este hecho objetivo, material, palmario? ¿Será que la gente, la sociedad, el pueblo no quiere paz, democracia y justicia? ¿O será que los destinatarios del llamado de Sicilia comprendieron que bajo el disfraz de esas bellas palabras se escondía un llamado a la movilización de protesta, censura y descalificación del gobierno de López Obrador y de este mismo?

¿Será igualmente que la gente sabe o intuyó o sospechó que ese llamado a marchar estaba siendo tripulado por panistas, priistas y otros representantes del viejo régimen hoy desplazado del poder? ¿O será, asimismo, que la raza no ve con buenos ojos a ciertos aliados, amigos, correligionarios o simples compañeros de viaje de Javier Sicilia, entre los que destacan los patriarcas del impresentable clan LeBarón?

¿O será, también, que la gente, el pueblo, la raza no gusta de participar en actos políticos cuyos líderes llaman a la intervención policiaca, política y hasta militar de Estados Unidos en los asuntos de México, cual es el caso precisamente del clan LeBarón?

Las explicaciones para el rotundo fracaso de la marcha convocada por Sicilia pueden ser las anteriores o muchas otras. Pero lo palpable es que la agenda política de Sicilia y los LeBarón no se compagina con la agenda de la sociedad mexicana, mayoritariamente obradorista. ¿Lo entenderá Sicilia? Quién sabe.

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