/ sábado 30 de septiembre de 2023

La apuesta de las redes sociodigitales: menos responsabilidad, más ganancia

En México, de acuerdo con el estudio Digital 2023, elaborado por las empresas We Are Social y Meltwater, 73.4% de la población (cerca de 94 millones de personas) tienen acceso al uso de redes sociodigitales. De esta cifra, Facebook es la más utilizada (92.9%), seguida por WhatsApp (92.2%), Facebook Messenger (80.3%), Instagram (79.4%), TikTok (73.6%), y “X”, antes Twitter (53.7%). Con base en este mismo estudio, las principales razones para utilizar estas redes son mantener contacto con amigos y familiares (60%), leer noticias (45.5%), usar el tiempo libre (42.2%), encontrar contenidos (41.5%) y productos para comprar (32.7%). La segunda, tercera y cuarta razones tienen que ver directamente con el consumo de contenidos informativos y de entretenimiento que, de una u otra forma, podrían llegar a moldear las formas en que entendemos de ciertos temas y conocemos determinados aspectos de la realidad. Así, las redes sociodigitales se han convertido en fuentes de información y conocimiento no sólo en México, sino en muchas partes del mundo.

Por esa razón, las decisiones que toman las grandes corporaciones de tecnología dueñas de las plataformas y redes sociodigitales acerca de sus estructuras y sus formas de operación pueden llegar a afectar la manera en que millones de personas conocemos e interactuamos con el mundo que nos rodea, para bien y para mal. En este sentido, de manera reciente, algunas de las principales corporaciones han estado introduciendo modificaciones con la finalidad de hacerlas más rentables. El problema es que algunas de las consecuencias pueden resultar muy problemáticas para nuestra vida pública, sobre todo en contextos electorales ya de por sí propensos a la desinformación y a la polarización.

Desde este verano, “X” (antes Twitter) ha comenzado a acelerar cambios en su forma de operar con el fin de poder monetizar de forma efectiva. En las últimas semanas, ha decidido comenzar a pagar a quienes generen contenidos que no sólo sean más populares, sino que tengan mayor interacción. Aunque sólo se comenzará a pagar a aquellos usuarios que cuenten con Twitter Blue (es decir, que paguen su cuota mensual de suscripción), que tengan, al menos, 500 seguidores, y que hayan acumulado 15 millones de impresiones en un lapso de 3 meses. En principio, podríamos pensar que se busca incrementar el diálogo entre usuarios, pero la realidad es que la decisión obedece simplemente al deseo de monetizar la red a través de hacer que la gente pase más tiempo en ella y que, gracias a la propia lógica de funcionamiento de los algoritmos, favorece que los contenidos más polémicos sean los que terminen generando mayor interacción. De este modo, “X” está apostando abiertamente por una estrategia en donde, con tal de mayores ganancias, poco o nada importan las consecuencias negativas de rebajar los intercambios con contenidos que puedan derivar en mayor polarización y división.

Pero su intención de hacer rentable a cualquier costo esta red no para ahí. “X” también ha anunciado que volverá a aceptar los anuncios y la propaganda proveniente de las campañas políticas, algo que los anteriores dueños de la red prohibieron en 2019 a nivel global. En un espacio como “X”, con tan pocas reglas y cada vez menos interés en cumplir con criterios mínimos de calidad en la moderación de contenidos, el problema no será volver a ver anuncios de las campañas políticas (las cuales, a pesar de todo pueden cumplir cierto objetivo informativo), sino la posibilidad de ver inundada esta red de todo tipo de contenidos políticos (falsos, impostores, manipulados, etc.) distribuidos a gran velocidad mediante sistemas de generación por inteligencia artificial.

Por desgracia, el ejemplo de “X” ha hecho que Meta se haya echado para atrás en su compromiso de buscar limitar las campañas políticas en Facebook para los siguientes procesos electorales, y así poder competir mejor en un mercado donde la única ley es la de la utilidad. Tampoco entonces es casual que Facebook haya restablecido las cuentas a usuarios a quienes se había quitado por haber sido grandes propagadores de falsedades, como Donald Trump o Robert Kennedy Jr., ni que haya decidido dar por terminado tanto su Proyecto Facebook Journalism (que promovía la información precisa y veraz en línea), como su equipo de “Innovación Responsable”, encargado de estudiar los riesgos potenciales de los productos creados por la compañía.

Está claro que la lógica detrás de las decisiones tomadas por “X” y Meta no es primordialmente fomentar el debate de ideas y el intercambio de argumentos y puntos de vista (si ello sucede, ¡qué bien!), sino dar rienda suelta a intercambios que, entre más polémicos, mejor, con tal de mantener enganchados a los usuarios, aún bajo el riesgo de incrementar las divisiones y la polarización. Hay mucha literatura que muestra que mayores niveles de polarización conducen a menores grados de confianza en las instituciones y entre grupos.

Sin embargo, ante estos cambios, las soluciones no están necesariamente en establecer prohibiciones y limitaciones en contenidos que, en el campo de las campañas políticas, por ejemplo, podrían resultar arriesgadas y contraproducentes para la libertad de expresión. El camino más bien está en pensar cómo, desde las universidades, los medios de comunicación y la sociedad civil, podemos proponer y dotar de mejores herramientas a los públicos para tengan la posibilidad de identificar contenidos engañosos, divisivos, y potencialmente dañinos para la convivencia democrática. Frente a las apuestas por la ganancia por parte de algunas redes sociodigitales, apostemos entonces por proveer a la sociedad con mejores elementos para decidir sobre lo que consume.

En México, de acuerdo con el estudio Digital 2023, elaborado por las empresas We Are Social y Meltwater, 73.4% de la población (cerca de 94 millones de personas) tienen acceso al uso de redes sociodigitales. De esta cifra, Facebook es la más utilizada (92.9%), seguida por WhatsApp (92.2%), Facebook Messenger (80.3%), Instagram (79.4%), TikTok (73.6%), y “X”, antes Twitter (53.7%). Con base en este mismo estudio, las principales razones para utilizar estas redes son mantener contacto con amigos y familiares (60%), leer noticias (45.5%), usar el tiempo libre (42.2%), encontrar contenidos (41.5%) y productos para comprar (32.7%). La segunda, tercera y cuarta razones tienen que ver directamente con el consumo de contenidos informativos y de entretenimiento que, de una u otra forma, podrían llegar a moldear las formas en que entendemos de ciertos temas y conocemos determinados aspectos de la realidad. Así, las redes sociodigitales se han convertido en fuentes de información y conocimiento no sólo en México, sino en muchas partes del mundo.

Por esa razón, las decisiones que toman las grandes corporaciones de tecnología dueñas de las plataformas y redes sociodigitales acerca de sus estructuras y sus formas de operación pueden llegar a afectar la manera en que millones de personas conocemos e interactuamos con el mundo que nos rodea, para bien y para mal. En este sentido, de manera reciente, algunas de las principales corporaciones han estado introduciendo modificaciones con la finalidad de hacerlas más rentables. El problema es que algunas de las consecuencias pueden resultar muy problemáticas para nuestra vida pública, sobre todo en contextos electorales ya de por sí propensos a la desinformación y a la polarización.

Desde este verano, “X” (antes Twitter) ha comenzado a acelerar cambios en su forma de operar con el fin de poder monetizar de forma efectiva. En las últimas semanas, ha decidido comenzar a pagar a quienes generen contenidos que no sólo sean más populares, sino que tengan mayor interacción. Aunque sólo se comenzará a pagar a aquellos usuarios que cuenten con Twitter Blue (es decir, que paguen su cuota mensual de suscripción), que tengan, al menos, 500 seguidores, y que hayan acumulado 15 millones de impresiones en un lapso de 3 meses. En principio, podríamos pensar que se busca incrementar el diálogo entre usuarios, pero la realidad es que la decisión obedece simplemente al deseo de monetizar la red a través de hacer que la gente pase más tiempo en ella y que, gracias a la propia lógica de funcionamiento de los algoritmos, favorece que los contenidos más polémicos sean los que terminen generando mayor interacción. De este modo, “X” está apostando abiertamente por una estrategia en donde, con tal de mayores ganancias, poco o nada importan las consecuencias negativas de rebajar los intercambios con contenidos que puedan derivar en mayor polarización y división.

Pero su intención de hacer rentable a cualquier costo esta red no para ahí. “X” también ha anunciado que volverá a aceptar los anuncios y la propaganda proveniente de las campañas políticas, algo que los anteriores dueños de la red prohibieron en 2019 a nivel global. En un espacio como “X”, con tan pocas reglas y cada vez menos interés en cumplir con criterios mínimos de calidad en la moderación de contenidos, el problema no será volver a ver anuncios de las campañas políticas (las cuales, a pesar de todo pueden cumplir cierto objetivo informativo), sino la posibilidad de ver inundada esta red de todo tipo de contenidos políticos (falsos, impostores, manipulados, etc.) distribuidos a gran velocidad mediante sistemas de generación por inteligencia artificial.

Por desgracia, el ejemplo de “X” ha hecho que Meta se haya echado para atrás en su compromiso de buscar limitar las campañas políticas en Facebook para los siguientes procesos electorales, y así poder competir mejor en un mercado donde la única ley es la de la utilidad. Tampoco entonces es casual que Facebook haya restablecido las cuentas a usuarios a quienes se había quitado por haber sido grandes propagadores de falsedades, como Donald Trump o Robert Kennedy Jr., ni que haya decidido dar por terminado tanto su Proyecto Facebook Journalism (que promovía la información precisa y veraz en línea), como su equipo de “Innovación Responsable”, encargado de estudiar los riesgos potenciales de los productos creados por la compañía.

Está claro que la lógica detrás de las decisiones tomadas por “X” y Meta no es primordialmente fomentar el debate de ideas y el intercambio de argumentos y puntos de vista (si ello sucede, ¡qué bien!), sino dar rienda suelta a intercambios que, entre más polémicos, mejor, con tal de mantener enganchados a los usuarios, aún bajo el riesgo de incrementar las divisiones y la polarización. Hay mucha literatura que muestra que mayores niveles de polarización conducen a menores grados de confianza en las instituciones y entre grupos.

Sin embargo, ante estos cambios, las soluciones no están necesariamente en establecer prohibiciones y limitaciones en contenidos que, en el campo de las campañas políticas, por ejemplo, podrían resultar arriesgadas y contraproducentes para la libertad de expresión. El camino más bien está en pensar cómo, desde las universidades, los medios de comunicación y la sociedad civil, podemos proponer y dotar de mejores herramientas a los públicos para tengan la posibilidad de identificar contenidos engañosos, divisivos, y potencialmente dañinos para la convivencia democrática. Frente a las apuestas por la ganancia por parte de algunas redes sociodigitales, apostemos entonces por proveer a la sociedad con mejores elementos para decidir sobre lo que consume.