/ domingo 4 de marzo de 2018

La batalla del acero y el aluminio

Los aranceles a la exportación de acero y aluminio que México realiza a Estados Unidos no tienen justificación económica. En primera instancia porque Estados Unidos mantiene un superávit estructural con México en fundición de acero, productos manufacturados de hierro y acero y en aluminio y también de sus manufacturas.

De acuerdo a la información del Census Bureau de Estados Unidos, durante 2017 México exportó a Estados Unidos mil 972 millones de dólares de fundición de hierro y acero, 6.2% del total. El saldo comercial fue favorable para los norteamericanos por dos mil 766 millones de dólares.

En el mismo periodo, México exportó cuatro mil 532 millones de dólares de manufacturas de hierro y acero a Estados Unidos, 11.6% del total. La balanza comercial fue positiva para la potencia por 665 millones de dólares. En aluminio y sus manufacturas Estados Unidos tuvo un superávit con México de dos mil 810 millones de dólares. El desequilibrio comercial favorece a los norteamericanos.

En segundo término: la industria siderúrgica mexicana no recibe beneficios fiscales o de financiamiento.

La producción acero y aluminio se ha encarecido en México por el incremento en el precio de energéticos, altos costos de transporte, combustibles, insumos intermedios y maquinaria que se importan para fabricar.

La competencia desleal que las empresas enfrentan por parte de las importaciones provenientes de otros países es otro factor que las debilita.

Estados Unidos debe excluir a México de la imposición de aranceles que el presidente Donald Trump anunció. También es indispensable que el gobierno mexicano instrumente una sólida defensa de la industria siderúrgica.

Como ocurrió en los casos de competencia desleal que se presentaron durante la última década, las empresas nacionales tienen argumentos para mostrar que su producción y exportación no representa un riesgo para Estados Unidos.

Se debe ser claro: los aranceles que Estados Unidos desea imponer corresponden a una Guerra Comercial que libra con China, de la cual México debe deslindarse.

El mundo está pagando una factura por haber tomado una posición de tolerancia ante la competencia desleal y la sobreproducción global de hierro, acero y aluminio.

China pertenece a la OMC pero supedita las reglas de la organización a su Interés Nacional y estrategia de política económica. Al contrario de lo establecido en México en donde el marco de política económica se subordinó a los acuerdos internacionales.

Hoy Donald Trump anuncia medidas que van en un sentido similar al de China, solo que en lugar de elaborar un programa de inclusión desea hacerlo desde el papel dominante de su país, una confrontación que Trump racionaliza como una Guerra Comercial que es buena y fácil de ganar.

Los aranceles a la exportación de acero y aluminio que México realiza a Estados Unidos no tienen justificación económica. En primera instancia porque Estados Unidos mantiene un superávit estructural con México en fundición de acero, productos manufacturados de hierro y acero y en aluminio y también de sus manufacturas.

De acuerdo a la información del Census Bureau de Estados Unidos, durante 2017 México exportó a Estados Unidos mil 972 millones de dólares de fundición de hierro y acero, 6.2% del total. El saldo comercial fue favorable para los norteamericanos por dos mil 766 millones de dólares.

En el mismo periodo, México exportó cuatro mil 532 millones de dólares de manufacturas de hierro y acero a Estados Unidos, 11.6% del total. La balanza comercial fue positiva para la potencia por 665 millones de dólares. En aluminio y sus manufacturas Estados Unidos tuvo un superávit con México de dos mil 810 millones de dólares. El desequilibrio comercial favorece a los norteamericanos.

En segundo término: la industria siderúrgica mexicana no recibe beneficios fiscales o de financiamiento.

La producción acero y aluminio se ha encarecido en México por el incremento en el precio de energéticos, altos costos de transporte, combustibles, insumos intermedios y maquinaria que se importan para fabricar.

La competencia desleal que las empresas enfrentan por parte de las importaciones provenientes de otros países es otro factor que las debilita.

Estados Unidos debe excluir a México de la imposición de aranceles que el presidente Donald Trump anunció. También es indispensable que el gobierno mexicano instrumente una sólida defensa de la industria siderúrgica.

Como ocurrió en los casos de competencia desleal que se presentaron durante la última década, las empresas nacionales tienen argumentos para mostrar que su producción y exportación no representa un riesgo para Estados Unidos.

Se debe ser claro: los aranceles que Estados Unidos desea imponer corresponden a una Guerra Comercial que libra con China, de la cual México debe deslindarse.

El mundo está pagando una factura por haber tomado una posición de tolerancia ante la competencia desleal y la sobreproducción global de hierro, acero y aluminio.

China pertenece a la OMC pero supedita las reglas de la organización a su Interés Nacional y estrategia de política económica. Al contrario de lo establecido en México en donde el marco de política económica se subordinó a los acuerdos internacionales.

Hoy Donald Trump anuncia medidas que van en un sentido similar al de China, solo que en lugar de elaborar un programa de inclusión desea hacerlo desde el papel dominante de su país, una confrontación que Trump racionaliza como una Guerra Comercial que es buena y fácil de ganar.

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