/ sábado 31 de octubre de 2020

La celebración del Día de Muertos

La muerte es el destino inexorable de toda vida humana y es natural que nos asuste y angustie su realidad, sobre todo cuando vemos de cerca el peligro de morir o cuando afecta a nuestros seres queridos.

La celebración del Día de Muertos tiene el propósito de acercar a niños y adultos con la idea de la muerte, para que la vayan aceptando como parte inevitable de la vida humana, conocer cómo algunas culturas antiguas también hacían ritos sobre la muerte; y fortalecer su carácter desde el punto de vista religioso.

En culturas antiguas como en China y en Egipto, el culto a los muertos era un símbolo de unidad familiar. Les rendían reverencia construyendo templos y pirámides. En China, por ejemplo, en los aniversarios, se quemaba incienso, se encendían candelas y se colocaban ofrendas de alimentos sobre un altar. Eran los días en los que se recordaban las grandes deudas que se tenían con los antepasados.

Los antiguos egipcios creían que el individuo tenía dos espíritus. Cuando fallecía, uno de los espíritus iba al más allá, y el otro quedaba vagando en el espacio, por lo que tenía necesidad de comer. Consideraban que este espíritu vivía en el cuerpo que ellos cuidadosamente habían embalsamado, y de esta manera el espíritu seguía existiendo. Este espíritu era el que recibía las ofrendas.

Este sentimiento de la representación del destino se debe entender en el sentido de que los aztecas se concebían como soldados del sol, cuyos ritos contribuían a fortalecer al Sol-Tonatiuh en su combate divino contra las estrellas, símbolos del mal y de la noche o de la oscuridad. Los aztecas ofrecían sacrificios a sus dioses y, en justa retribución, estos derramaban sobre la humanidad la luz o el día y la lluvia para hacer crecer la vida.

En nuestro país, el culto a la muerte es uno de los elementos básicos de la religión de los antiguos mexicanos. Creían que la muerte y la vida constituían una unidad. Para los pueblos prehispánicos la muerte no era el fin de la existencia, sino un camino de transición hacia algo mejor.

Esto salta a la vista en los símbolos que encontramos en su arquitectura, escultura y cerámicas, así como en los cantos poéticos donde se evidencian el dolor y la angustia que provoca el paso a la muerte, al Mictlán, lugar de los muertos o descarnados que esperan como destino más benigno los paraísos del Tlalocan

En México, las ceremonias del día de muertos cobran relevancia los primeros días del mes de noviembre. Desde octubre se realizan los preparativos necesarios. Durante los meses de septiembre y octubre, artesanos de diversas comunidades inician su trabajo, entre ellos los alfareros de Chililico, en el estado de Hidalgo, los de Amozoc, el barrio de la luz y Metzontla en el estado de Puebla, Atzompa, en Oaxaca y Santa Fe de la Laguna en Michoacán.

En estos lugares, los artesanos manufacturan la famosa cerámica funeraria ornamental usada en la ofrenda como: candelabros, calaveras, ollas y recipientes pequeños. Los panaderos trabajan días antes para preparar panes de figuras antropomorfas pintadas con azúcar de color rosa, roscas de la vida, pan cruzado, huesos de manteca, cajitas de harina de arroz, el tradicional pan de muerto y el exquisito pan hecho de maíz, azúcar, canela y requesón.

Los floricultores siembran en los meses de mayo y junio la siempreviva, la cresta de gallo, el oloroso nardo, el gladiolo o la popular flor de 400 pétalos y la ya tradicional flor de cempasúchil.

Los dulceros elaboran las famosas calaveritas de azúcar con el nombre impreso de personas, violines, cruces botellitas de azúcar rellenas de miel o agua, los ataúdes y los dulces de calabaza y camote. Se elaboran las veladoras, ya sea de vaso o de papel.

Dos días antes del primero de noviembre, las mujeres elaboran los platillos que se pondrán en la ofrenda. En la mayor parte del país, los platos principales son: el mole, el dulce de calabaza, los tejocotes en almíbar, los atoles de sabores y los ricos tamales de manteca o ceniza envueltas en hojas de plátano o de maíz.

En México, se cree que en estos días los difuntos regresan del más allá para visitar a sus parientes. Por ello los vivos deben esperarlos alegres, con música y con todo aquello que les gustaba en la vida. Después del día dos de noviembre, se invita a los parientes y a los amigos “a levantar a los muertos”, es decir almorzarse la comida de las ofrendas.

Significado de los objetos representativos del día de muertos:

-Las calaveritas de azúcar: representan la muerte.

-El pan de muerto: reemplaza al difunto, la bola del centro es el cráneo y las tiritas de masa son sus huesitos.

-La calabaza: sirve para alejar a los malos espíritus.

-La foto del difunto: a quien se le ofrece la ofrenda.

-El papel picado: inicia el trabajo en la vida.

-Las flores de cempasúchil: simbolizan las alas de los muertos.

-El incienso o copal: se coloca para albar a dios y agradar a los difuntos.

-Las veladoras encendidas: corresponden a las almas desaparecidas.

el agua: significa el renacer a una nueva vida.


pacofonn@yahoo.com.mx

La muerte es el destino inexorable de toda vida humana y es natural que nos asuste y angustie su realidad, sobre todo cuando vemos de cerca el peligro de morir o cuando afecta a nuestros seres queridos.

La celebración del Día de Muertos tiene el propósito de acercar a niños y adultos con la idea de la muerte, para que la vayan aceptando como parte inevitable de la vida humana, conocer cómo algunas culturas antiguas también hacían ritos sobre la muerte; y fortalecer su carácter desde el punto de vista religioso.

En culturas antiguas como en China y en Egipto, el culto a los muertos era un símbolo de unidad familiar. Les rendían reverencia construyendo templos y pirámides. En China, por ejemplo, en los aniversarios, se quemaba incienso, se encendían candelas y se colocaban ofrendas de alimentos sobre un altar. Eran los días en los que se recordaban las grandes deudas que se tenían con los antepasados.

Los antiguos egipcios creían que el individuo tenía dos espíritus. Cuando fallecía, uno de los espíritus iba al más allá, y el otro quedaba vagando en el espacio, por lo que tenía necesidad de comer. Consideraban que este espíritu vivía en el cuerpo que ellos cuidadosamente habían embalsamado, y de esta manera el espíritu seguía existiendo. Este espíritu era el que recibía las ofrendas.

Este sentimiento de la representación del destino se debe entender en el sentido de que los aztecas se concebían como soldados del sol, cuyos ritos contribuían a fortalecer al Sol-Tonatiuh en su combate divino contra las estrellas, símbolos del mal y de la noche o de la oscuridad. Los aztecas ofrecían sacrificios a sus dioses y, en justa retribución, estos derramaban sobre la humanidad la luz o el día y la lluvia para hacer crecer la vida.

En nuestro país, el culto a la muerte es uno de los elementos básicos de la religión de los antiguos mexicanos. Creían que la muerte y la vida constituían una unidad. Para los pueblos prehispánicos la muerte no era el fin de la existencia, sino un camino de transición hacia algo mejor.

Esto salta a la vista en los símbolos que encontramos en su arquitectura, escultura y cerámicas, así como en los cantos poéticos donde se evidencian el dolor y la angustia que provoca el paso a la muerte, al Mictlán, lugar de los muertos o descarnados que esperan como destino más benigno los paraísos del Tlalocan

En México, las ceremonias del día de muertos cobran relevancia los primeros días del mes de noviembre. Desde octubre se realizan los preparativos necesarios. Durante los meses de septiembre y octubre, artesanos de diversas comunidades inician su trabajo, entre ellos los alfareros de Chililico, en el estado de Hidalgo, los de Amozoc, el barrio de la luz y Metzontla en el estado de Puebla, Atzompa, en Oaxaca y Santa Fe de la Laguna en Michoacán.

En estos lugares, los artesanos manufacturan la famosa cerámica funeraria ornamental usada en la ofrenda como: candelabros, calaveras, ollas y recipientes pequeños. Los panaderos trabajan días antes para preparar panes de figuras antropomorfas pintadas con azúcar de color rosa, roscas de la vida, pan cruzado, huesos de manteca, cajitas de harina de arroz, el tradicional pan de muerto y el exquisito pan hecho de maíz, azúcar, canela y requesón.

Los floricultores siembran en los meses de mayo y junio la siempreviva, la cresta de gallo, el oloroso nardo, el gladiolo o la popular flor de 400 pétalos y la ya tradicional flor de cempasúchil.

Los dulceros elaboran las famosas calaveritas de azúcar con el nombre impreso de personas, violines, cruces botellitas de azúcar rellenas de miel o agua, los ataúdes y los dulces de calabaza y camote. Se elaboran las veladoras, ya sea de vaso o de papel.

Dos días antes del primero de noviembre, las mujeres elaboran los platillos que se pondrán en la ofrenda. En la mayor parte del país, los platos principales son: el mole, el dulce de calabaza, los tejocotes en almíbar, los atoles de sabores y los ricos tamales de manteca o ceniza envueltas en hojas de plátano o de maíz.

En México, se cree que en estos días los difuntos regresan del más allá para visitar a sus parientes. Por ello los vivos deben esperarlos alegres, con música y con todo aquello que les gustaba en la vida. Después del día dos de noviembre, se invita a los parientes y a los amigos “a levantar a los muertos”, es decir almorzarse la comida de las ofrendas.

Significado de los objetos representativos del día de muertos:

-Las calaveritas de azúcar: representan la muerte.

-El pan de muerto: reemplaza al difunto, la bola del centro es el cráneo y las tiritas de masa son sus huesitos.

-La calabaza: sirve para alejar a los malos espíritus.

-La foto del difunto: a quien se le ofrece la ofrenda.

-El papel picado: inicia el trabajo en la vida.

-Las flores de cempasúchil: simbolizan las alas de los muertos.

-El incienso o copal: se coloca para albar a dios y agradar a los difuntos.

-Las veladoras encendidas: corresponden a las almas desaparecidas.

el agua: significa el renacer a una nueva vida.


pacofonn@yahoo.com.mx