/ lunes 30 de marzo de 2020

La crisis económica que se viene

En todo el mundo se debate si la crisis económica que se viene por efecto del Covid-19 tendrá una forma de V, es decir, de caída abrupta y rebote rápido, o U, con una recuperación más retardada. Lo que nadie quiere es una L: recesión sin recuperación a la vista. Por eso hay que proteger y ayudar a las familias más desprotegidas, por supuesto, pero también a la economía, en general: la que hacemos y de la que vivimos todos, los pobres y los más pudientes, las empresas y el gobierno.

µEn ese sentido, es clara la receta que están siguiendo en los hechos, más allá del debate ético o político, lo mismo Estados Unidos que China y los países de Europa. Corre por dos pistas paralelas: 1) no cejar en el propósito de parar la crisis de salud, con todas las medidas que sean necesarias de acuerdo con los especialistas; 2) mientras tanto, preparar un plan de emergencia económica que esté a la altura de las circunstancias: paquetes de medidas fiscales con créditos, apoyos directos, diferimientos fiscales o de deuda, así como una política monetaria extraordinaria, para responder a condiciones extraordinarias como las que enfrentamos.

Por eso, la FED no sólo ha salido a los mercados a comprar bonos del tesoro, sino activos financieros como títulos de fondos de inversión cotizados en las bolsas de valores. Por eso republicanos y demócratas aprobaron un paquete fiscal emergente de 2.2 billones de dólares, mientras en la Unión Europea se habla de un nuevo Plan Marshall y China se dispone a desplegar estímulos y subsidios por alrededor del 5 por ciento de su PIB.

¿Y México? Se ha dicho que no habrá un plan extraordinario, pero urge actuar con realismo y responsabilidad. Aquí no podemos equivocarnos: viene una recesión, eso es seguro. Pero sí podemos mitigar el golpe y, sobre todo, hacer que la afectación sea temporal y no duradera o permanente, como ocurre cuando se cierran empresas, se pierden empleos y cae la recaudación tributaria. Aquí proponemos 10 medidas.

1. Urge generar confianza en lo que debe estar antes que todo: la vida y la salud de los mexicanos. Existe confusión en la población, que compara lo que se hace en otros países y el caso atípico de nuestro país. Precautoriamente, la sociedad se adelantó a la respuesta oficial. Esto quizá ayuda, pero necesitamos estar alineados.

2. Echar a andar un Consejo de Emergencia Económico, tal como se instaló el de Salubridad General. Sería muy útil para la coordinación y sinergias público-privadas, siempre que se le diera capacidad de decisión y no se quede en lo discursivo. Vale la pena crear comités equivalentes a nivel estatal y regional.

3. Hay que hacerse a la idea de que tendremos que abandonar temporalmente el objetivo de superávit primario del 1 por ciento del PIB, y valorar la pertinencia de recurrir a endeudamiento para ejercerlo en inversión pública y proyectos de salud, educación y otros de primer orden. Como ha dicho el economista Kenneth Rogoff, el sentido de tener un equilibrio fiscal es, en gran medida, poder hacer frente a situaciones como ésta.

4. Cancelar o bajar la intensidad de inversión en proyectos no estratégicos del Gobierno Federal, incluidos los emblemáticos, como el Tren Maya, el Aeropuerto de Santa Lucía y especialmente la refinería de Dos Bocas, que no se justifica tomando en cuenta la precariedad financiera de Pemex y menos ahora que baja el precio de la gasolina importada.

5. Hay que asegurar liquidez del sistema bancario, ante posibles corridas.

6. Considerar, desde ahora, medidas fiscales para diferir obligaciones de cumplimiento tributario, dar estímulos fiscales a la inversión y a la creación de empleo formal y disminuir impuestos a grupos de bajos ingresos y a Pymes. Una medida de impacto sería la suspensión temporal de pagos provisionales de ISR (propio y retenido por sueldos), particularmente en sectores más golpeados o expuestos, como el turismo, logística y transportes. Debería hacerse lo mismo con las acciones de fiscalización más invasivas.

7. Diseñar programas de apoyo con la banca privada y de desarrollo, para asegurar créditos que otorguen liquidez, capital de trabajo y recursos para reestructuras.

8. Acelerar pagos de proveedores del gobierno y devoluciones de impuestos.

9. Urge un golpe de timón en el sector energético, con una estrategia realista y responsable de reestructuración de Pemex y para construir sinergias con el sector privado. Será de poco impacto cualquier plan de inversiones que no incluya una reconsideración de lo que las ha detenido hasta ahora, como la cancelación de subastas eléctricas y rondas petroleras o los cambios arbitrarios en normativas, precios y regulaciones.

10. Urge un cambio de la narrativa pública, a una que sea amistosa y promotora de la inversión en todos los sectores. Que reduzca la incertidumbre que hoy existe debido a acciones y actitudes que expanden la discrecionalidad en materia de políticas públicas, regulación y decisiones de gobierno.

Empresario

¿Y México? Se ha dicho que no habrá un plan extraordinario, pero urge actuar con realismo y responsabilidad. Aquí no podemos equivocarnos: viene una recesión, eso es seguro. Pero sí podemos mitigar el golpe y, sobre todo, hacer que la afectación sea temporal y no duradera o permanente, como ocurre cuando se cierran empresas, se pierden empleos y cae la recaudación tributaria.

En todo el mundo se debate si la crisis económica que se viene por efecto del Covid-19 tendrá una forma de V, es decir, de caída abrupta y rebote rápido, o U, con una recuperación más retardada. Lo que nadie quiere es una L: recesión sin recuperación a la vista. Por eso hay que proteger y ayudar a las familias más desprotegidas, por supuesto, pero también a la economía, en general: la que hacemos y de la que vivimos todos, los pobres y los más pudientes, las empresas y el gobierno.

µEn ese sentido, es clara la receta que están siguiendo en los hechos, más allá del debate ético o político, lo mismo Estados Unidos que China y los países de Europa. Corre por dos pistas paralelas: 1) no cejar en el propósito de parar la crisis de salud, con todas las medidas que sean necesarias de acuerdo con los especialistas; 2) mientras tanto, preparar un plan de emergencia económica que esté a la altura de las circunstancias: paquetes de medidas fiscales con créditos, apoyos directos, diferimientos fiscales o de deuda, así como una política monetaria extraordinaria, para responder a condiciones extraordinarias como las que enfrentamos.

Por eso, la FED no sólo ha salido a los mercados a comprar bonos del tesoro, sino activos financieros como títulos de fondos de inversión cotizados en las bolsas de valores. Por eso republicanos y demócratas aprobaron un paquete fiscal emergente de 2.2 billones de dólares, mientras en la Unión Europea se habla de un nuevo Plan Marshall y China se dispone a desplegar estímulos y subsidios por alrededor del 5 por ciento de su PIB.

¿Y México? Se ha dicho que no habrá un plan extraordinario, pero urge actuar con realismo y responsabilidad. Aquí no podemos equivocarnos: viene una recesión, eso es seguro. Pero sí podemos mitigar el golpe y, sobre todo, hacer que la afectación sea temporal y no duradera o permanente, como ocurre cuando se cierran empresas, se pierden empleos y cae la recaudación tributaria. Aquí proponemos 10 medidas.

1. Urge generar confianza en lo que debe estar antes que todo: la vida y la salud de los mexicanos. Existe confusión en la población, que compara lo que se hace en otros países y el caso atípico de nuestro país. Precautoriamente, la sociedad se adelantó a la respuesta oficial. Esto quizá ayuda, pero necesitamos estar alineados.

2. Echar a andar un Consejo de Emergencia Económico, tal como se instaló el de Salubridad General. Sería muy útil para la coordinación y sinergias público-privadas, siempre que se le diera capacidad de decisión y no se quede en lo discursivo. Vale la pena crear comités equivalentes a nivel estatal y regional.

3. Hay que hacerse a la idea de que tendremos que abandonar temporalmente el objetivo de superávit primario del 1 por ciento del PIB, y valorar la pertinencia de recurrir a endeudamiento para ejercerlo en inversión pública y proyectos de salud, educación y otros de primer orden. Como ha dicho el economista Kenneth Rogoff, el sentido de tener un equilibrio fiscal es, en gran medida, poder hacer frente a situaciones como ésta.

4. Cancelar o bajar la intensidad de inversión en proyectos no estratégicos del Gobierno Federal, incluidos los emblemáticos, como el Tren Maya, el Aeropuerto de Santa Lucía y especialmente la refinería de Dos Bocas, que no se justifica tomando en cuenta la precariedad financiera de Pemex y menos ahora que baja el precio de la gasolina importada.

5. Hay que asegurar liquidez del sistema bancario, ante posibles corridas.

6. Considerar, desde ahora, medidas fiscales para diferir obligaciones de cumplimiento tributario, dar estímulos fiscales a la inversión y a la creación de empleo formal y disminuir impuestos a grupos de bajos ingresos y a Pymes. Una medida de impacto sería la suspensión temporal de pagos provisionales de ISR (propio y retenido por sueldos), particularmente en sectores más golpeados o expuestos, como el turismo, logística y transportes. Debería hacerse lo mismo con las acciones de fiscalización más invasivas.

7. Diseñar programas de apoyo con la banca privada y de desarrollo, para asegurar créditos que otorguen liquidez, capital de trabajo y recursos para reestructuras.

8. Acelerar pagos de proveedores del gobierno y devoluciones de impuestos.

9. Urge un golpe de timón en el sector energético, con una estrategia realista y responsable de reestructuración de Pemex y para construir sinergias con el sector privado. Será de poco impacto cualquier plan de inversiones que no incluya una reconsideración de lo que las ha detenido hasta ahora, como la cancelación de subastas eléctricas y rondas petroleras o los cambios arbitrarios en normativas, precios y regulaciones.

10. Urge un cambio de la narrativa pública, a una que sea amistosa y promotora de la inversión en todos los sectores. Que reduzca la incertidumbre que hoy existe debido a acciones y actitudes que expanden la discrecionalidad en materia de políticas públicas, regulación y decisiones de gobierno.

Empresario

¿Y México? Se ha dicho que no habrá un plan extraordinario, pero urge actuar con realismo y responsabilidad. Aquí no podemos equivocarnos: viene una recesión, eso es seguro. Pero sí podemos mitigar el golpe y, sobre todo, hacer que la afectación sea temporal y no duradera o permanente, como ocurre cuando se cierran empresas, se pierden empleos y cae la recaudación tributaria.