/ lunes 10 de septiembre de 2018

La crisis pre electoral en Brasil

Con el rechazo de un juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil a la apelación del encarcelado ex Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, parece haberse difuminado la últimacarta del Partido del Trabajo brasileño para que el ex mandatario volviera al poder mediante un triunfo en las próximas elecciones presidenciales de octubre. Mientras tanto, el segundo lugar en las encuestas, el ultra derechista Jair Bolsonaro, después de un atentado que incluso ha sido ya calificado como un montaje por algunos sectores, se ha mostrado decidido a enaltecer su tragedia, con tal de conseguir la Presidencia de un Brasil, que parece inmerso en una crisis pre electoral sin precedentes.

Hace apenas una semanas, el Comité Internacional de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas había determinado una recomendación a gobierno de Brasil, en la que se señalaba que debía permitirse al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, “ejercer sus derechos políticos como candidato a las elecciones presidenciales, incluso estando encarcelado”.

Sin embargo, la posición del Comité formado por expertos independientes, en la que se subrayó que el Estado brasileño debía “tomar todas las medidas necesarias” para que Lula da Silva pudiera tener “acceso apropiado a la prensa y a miembros de su partido político” como “candidato a las elecciones de 2018”, fue completamente ignorada por el magistrado Edson Fachin, quien determinó que Lula no puede presentarse al cargo en virtud de la ley "Ficha Limpia", que prohíbe que los candidatos compitan en elecciones si tienen condenas confirmadas en una apelación

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, decía que desde que el caso Lava Jato cobró relevancia, la oposición determinó que habría que terminar con el mito y figura de la izquierda, y eso cruzaba precisamente ir de frente contra Lula.

Y es que las cifras del gobierno de Da Silva hablan por sí mismas. En 2010, tras ocho años de gobierno, dejó el cargo con un índice de aprobación histórico del 87%, con un crecimiento del PIB sostenido mayor al 4%, sin un dólar de deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la reducción de la tasa de desempleo al 50%, y un liderazgo internacional incuestionable.

La justicia brasileña ha sido criticada pues las investigaciones de Lava Jato, si bien derivaron en la aprehensión de Lula, no han podido comprobar de manera concreta culpabilidad alguna del líder sudamericano.

Hoy la violencia política ha tocado al opositor más fuerte que tenía Lula de cara a los comicios. Jair Bolsonaro, quien el pasado marzo 28 de marzo, hacía mofa de que los autobuses de una caravana en la que viajaba Lula, por Quedas do Iguazú, en el estado de Paraná, fueran atacados a tiros, incluso celebrando el ataque.

Bolsonaro, de extrema derecha, quien además de no ser un hombre pacífico, promueve dentro de su plataforma política la libertad de portación de armas y prometió luchar por "el derecho de la Policía a tirar a matar para combatir la delincuencia”, es ahora quién se ha mostrado dispuesto a sacar jugada de su “tragedia”, para convertirse en el punto de las encuestas con 22 puntos, por lo que ante este escenario, es probable que sea el único candidato asegurado para una segundo vuelta electoral.

La violencia política, y la judicialización de la política que padece Brasil, deben poner a toda Latinoamérica atenta, pues en el caso de países como México, Colombia o Argentina, se han convertido en procesos que limitan la democracia, y la legitimidad de las decisiones ciudadanas, pero que también ponen en grave riesgo el destino de la región, y en latente peligro del arribo de gobiernos autoritarios.


Con el rechazo de un juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil a la apelación del encarcelado ex Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, parece haberse difuminado la últimacarta del Partido del Trabajo brasileño para que el ex mandatario volviera al poder mediante un triunfo en las próximas elecciones presidenciales de octubre. Mientras tanto, el segundo lugar en las encuestas, el ultra derechista Jair Bolsonaro, después de un atentado que incluso ha sido ya calificado como un montaje por algunos sectores, se ha mostrado decidido a enaltecer su tragedia, con tal de conseguir la Presidencia de un Brasil, que parece inmerso en una crisis pre electoral sin precedentes.

Hace apenas una semanas, el Comité Internacional de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas había determinado una recomendación a gobierno de Brasil, en la que se señalaba que debía permitirse al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, “ejercer sus derechos políticos como candidato a las elecciones presidenciales, incluso estando encarcelado”.

Sin embargo, la posición del Comité formado por expertos independientes, en la que se subrayó que el Estado brasileño debía “tomar todas las medidas necesarias” para que Lula da Silva pudiera tener “acceso apropiado a la prensa y a miembros de su partido político” como “candidato a las elecciones de 2018”, fue completamente ignorada por el magistrado Edson Fachin, quien determinó que Lula no puede presentarse al cargo en virtud de la ley "Ficha Limpia", que prohíbe que los candidatos compitan en elecciones si tienen condenas confirmadas en una apelación

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, decía que desde que el caso Lava Jato cobró relevancia, la oposición determinó que habría que terminar con el mito y figura de la izquierda, y eso cruzaba precisamente ir de frente contra Lula.

Y es que las cifras del gobierno de Da Silva hablan por sí mismas. En 2010, tras ocho años de gobierno, dejó el cargo con un índice de aprobación histórico del 87%, con un crecimiento del PIB sostenido mayor al 4%, sin un dólar de deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la reducción de la tasa de desempleo al 50%, y un liderazgo internacional incuestionable.

La justicia brasileña ha sido criticada pues las investigaciones de Lava Jato, si bien derivaron en la aprehensión de Lula, no han podido comprobar de manera concreta culpabilidad alguna del líder sudamericano.

Hoy la violencia política ha tocado al opositor más fuerte que tenía Lula de cara a los comicios. Jair Bolsonaro, quien el pasado marzo 28 de marzo, hacía mofa de que los autobuses de una caravana en la que viajaba Lula, por Quedas do Iguazú, en el estado de Paraná, fueran atacados a tiros, incluso celebrando el ataque.

Bolsonaro, de extrema derecha, quien además de no ser un hombre pacífico, promueve dentro de su plataforma política la libertad de portación de armas y prometió luchar por "el derecho de la Policía a tirar a matar para combatir la delincuencia”, es ahora quién se ha mostrado dispuesto a sacar jugada de su “tragedia”, para convertirse en el punto de las encuestas con 22 puntos, por lo que ante este escenario, es probable que sea el único candidato asegurado para una segundo vuelta electoral.

La violencia política, y la judicialización de la política que padece Brasil, deben poner a toda Latinoamérica atenta, pues en el caso de países como México, Colombia o Argentina, se han convertido en procesos que limitan la democracia, y la legitimidad de las decisiones ciudadanas, pero que también ponen en grave riesgo el destino de la región, y en latente peligro del arribo de gobiernos autoritarios.


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