/ jueves 9 de junio de 2022

La derrota de AMLO 

“Más que la verdad, el demagogo dice lo que el público quiere oír”.

José Ramón Ayllón


El inquilino de Palacio Nacional creyó que podría erigirse como el líder de la región, sin embargo se ha quedado esencialmente solo. Los datos indican que a la Cumbre de las Américas asistirán los presidentes de los países más significativos de América Latina. Su desplante “solitario”, arguyendo que deberían asistir todos los países, sin exclusiones, no tuvo el efecto esperado.

Dos naciones simétricas a la economía mexicana concurren a dicha reunión. Su amigo, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, no lo siguió en su aventura, y el presidente de Brasil, el derechista Bolsonaro, por supuesto que tampoco iba a apoyarlo. Los presidentes de izquierdas de Perú, Chile y Bolivia tampoco se engancharon en el emplazamiento del tabasqueño.

Por lo que, López Obrador quedó como el “representante” de tres países gobernados por dictadores. Nadie significativo lo siguió. Sus cálculos fallaron. Supuso que la Casa Blanca cedería. Se equivocó rotundamente. La jugada se le revirtió y la interlocución con Biden será endeble y poco confiable. No es un líder regional. Simplemente quedó como una expresión vernácula y aldeana. Eso sí, reconocido por los tres autócratas. No más.

Quedó claro que AMLO no representa una opción para agrupar a los países latinoamericanos. Su discurso no da para más. Carece de una agenda que cuestione la hegemonía estadounidense y los unifique. Su nacionalismo de pacotilla es anémico estructuralmente. Pasa por un beligerante antineoliberal, mas su política económica en México defiende los mismos intereses cupulares. El catecismo neoliberal es cumplido puntualmente.

¿Qué puede ofrecer López Obrador a los países de la región para construir un frente común, más allá de discursos vacuos y demagógicos? Nada. Un ejemplo claro del doble discurso presidencial es su trato a los migrantes. Sigue siendo el muro guardián del vecino del norte. En conclusión, AMLO fracasó en su chantaje a Biden. Perdió en este primer round. ¿Qué ganó en términos de correlación de fuerzas regionales? Nada sustancial. Pero, quedó claro, que su fuerte es emitir ocurrencias, desde el púlpito en las misas de siete a ciudadanos ingenuos y alimentar a sus fanáticos.

Otro aspecto de su postura retadora, es la contradicción discursiva, en donde el presidente llama a la unidad y la concordia entre los gobiernos de la región, pero, por otro lado, en México atiza la hoguera de la polarización y las descalificaciones contra quienes emiten críticas a su gestión. Aquí no hay paz ni tolerancia. Todos los días son propicios para denostar a quienes no están presentes. Esa es su dinámica.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter:@pedro_penaloz

“Más que la verdad, el demagogo dice lo que el público quiere oír”.

José Ramón Ayllón


El inquilino de Palacio Nacional creyó que podría erigirse como el líder de la región, sin embargo se ha quedado esencialmente solo. Los datos indican que a la Cumbre de las Américas asistirán los presidentes de los países más significativos de América Latina. Su desplante “solitario”, arguyendo que deberían asistir todos los países, sin exclusiones, no tuvo el efecto esperado.

Dos naciones simétricas a la economía mexicana concurren a dicha reunión. Su amigo, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, no lo siguió en su aventura, y el presidente de Brasil, el derechista Bolsonaro, por supuesto que tampoco iba a apoyarlo. Los presidentes de izquierdas de Perú, Chile y Bolivia tampoco se engancharon en el emplazamiento del tabasqueño.

Por lo que, López Obrador quedó como el “representante” de tres países gobernados por dictadores. Nadie significativo lo siguió. Sus cálculos fallaron. Supuso que la Casa Blanca cedería. Se equivocó rotundamente. La jugada se le revirtió y la interlocución con Biden será endeble y poco confiable. No es un líder regional. Simplemente quedó como una expresión vernácula y aldeana. Eso sí, reconocido por los tres autócratas. No más.

Quedó claro que AMLO no representa una opción para agrupar a los países latinoamericanos. Su discurso no da para más. Carece de una agenda que cuestione la hegemonía estadounidense y los unifique. Su nacionalismo de pacotilla es anémico estructuralmente. Pasa por un beligerante antineoliberal, mas su política económica en México defiende los mismos intereses cupulares. El catecismo neoliberal es cumplido puntualmente.

¿Qué puede ofrecer López Obrador a los países de la región para construir un frente común, más allá de discursos vacuos y demagógicos? Nada. Un ejemplo claro del doble discurso presidencial es su trato a los migrantes. Sigue siendo el muro guardián del vecino del norte. En conclusión, AMLO fracasó en su chantaje a Biden. Perdió en este primer round. ¿Qué ganó en términos de correlación de fuerzas regionales? Nada sustancial. Pero, quedó claro, que su fuerte es emitir ocurrencias, desde el púlpito en las misas de siete a ciudadanos ingenuos y alimentar a sus fanáticos.

Otro aspecto de su postura retadora, es la contradicción discursiva, en donde el presidente llama a la unidad y la concordia entre los gobiernos de la región, pero, por otro lado, en México atiza la hoguera de la polarización y las descalificaciones contra quienes emiten críticas a su gestión. Aquí no hay paz ni tolerancia. Todos los días son propicios para denostar a quienes no están presentes. Esa es su dinámica.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter:@pedro_penaloz

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