/ viernes 10 de agosto de 2018

La esperanza y los principios

Esta semana se le otorgó la constancia de mayoría al licenciado Andrés Manuel López Obrador. Este hecho es, sin duda, un hito histórico de gran significado e importante consecuencia.

Representa el triunfo de un movimiento que es heredero de los sentimientos de la nación, de la lucha de los liberales, la revolución mexicana, las huelgas de médicos y ferrocarrileros, y la lucha por la democratización nacional.

Con ese hecho concluyó una ruta larga de López Obrador en la que a cada paso mostró determinación y congruencia. En el año de 1988 fue candidato del Frente Democrático Nacional para contender por la candidatura de Tabasco, en la cual enfrentó un fraude cínico y evidente, lo que motivó el éxodo por la democracia que concluyó con una gran movilización en el Zócalo de la Ciudad de México. En 1995 mostró la evidencia del gran derroche de Roberto Madrazo en su campaña por la gubernatura, antecedente de gran relevancia para las posteriores reformas electorales.

En el 96, frente al abuso contra 40 mil campesinos y pescadores afectados por Pemex, encabezó la movilización en su defensa frente a la represión de los gobiernos estatal y federal. En el 2000, como jefe de Gobierno, no sólo enfrentó el desafuero que significó el uso faccioso de las instituciones para atacar a un rival político, también fue el inicio de la política social e infraestructura más exitosa de la historia reciente de México.

Este bagaje histórico es el cimiento de la esperanza en un futuro mejor para México, porque es el elemento diferenciador con otros gobiernos, es la brújula moral y de principios republicanos a los que renunciaron los presidentes de nuestra nación desde principios de los 70. La voracidad y el neoliberalismo fueron nocivos para la patria e hicieron caer en el olvido estos principios.

Toda esta leyenda nos lleva a una sola conclusión: su historia política es la evidencia de convicción republicana y determinación frente a la adversidad.

Hoy López Obrador vuelve a poner en la escena y en el debate nacional valores desconocidos para los presidentes del siglo mexicano, integridad, respeto a la división de poderes, austeridad, pero sobretodo detener la apropiación privada de bienes públicos.

Coordinador de PT-Morena en Senado


Esta semana se le otorgó la constancia de mayoría al licenciado Andrés Manuel López Obrador. Este hecho es, sin duda, un hito histórico de gran significado e importante consecuencia.

Representa el triunfo de un movimiento que es heredero de los sentimientos de la nación, de la lucha de los liberales, la revolución mexicana, las huelgas de médicos y ferrocarrileros, y la lucha por la democratización nacional.

Con ese hecho concluyó una ruta larga de López Obrador en la que a cada paso mostró determinación y congruencia. En el año de 1988 fue candidato del Frente Democrático Nacional para contender por la candidatura de Tabasco, en la cual enfrentó un fraude cínico y evidente, lo que motivó el éxodo por la democracia que concluyó con una gran movilización en el Zócalo de la Ciudad de México. En 1995 mostró la evidencia del gran derroche de Roberto Madrazo en su campaña por la gubernatura, antecedente de gran relevancia para las posteriores reformas electorales.

En el 96, frente al abuso contra 40 mil campesinos y pescadores afectados por Pemex, encabezó la movilización en su defensa frente a la represión de los gobiernos estatal y federal. En el 2000, como jefe de Gobierno, no sólo enfrentó el desafuero que significó el uso faccioso de las instituciones para atacar a un rival político, también fue el inicio de la política social e infraestructura más exitosa de la historia reciente de México.

Este bagaje histórico es el cimiento de la esperanza en un futuro mejor para México, porque es el elemento diferenciador con otros gobiernos, es la brújula moral y de principios republicanos a los que renunciaron los presidentes de nuestra nación desde principios de los 70. La voracidad y el neoliberalismo fueron nocivos para la patria e hicieron caer en el olvido estos principios.

Toda esta leyenda nos lleva a una sola conclusión: su historia política es la evidencia de convicción republicana y determinación frente a la adversidad.

Hoy López Obrador vuelve a poner en la escena y en el debate nacional valores desconocidos para los presidentes del siglo mexicano, integridad, respeto a la división de poderes, austeridad, pero sobretodo detener la apropiación privada de bienes públicos.

Coordinador de PT-Morena en Senado


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