/ sábado 14 de septiembre de 2019

La fórmula dual del obradorismo

El mejor freno -reza el aforismo clásico- es dejar de acelerar. La frase es clara y perfectamente aplicable al tema de las deudas. Si una persona, una empresa o un país tienen deudas y desean salir de ellas, el primer paso para lograrlo es no adquirir nuevos débitos. Frenar dejando de acelerar.

Pero si esa persona, empresa o país han contraído una deuda, la razón se encuentra en que sus propios recursos resultan insuficientes para cubrir la totalidad de sus gastos. Por ello, dejar de pedir prestado implica necesariamente una reducción en los gastos, un programa de austeridad.

Y una disminución en los gastos es también la condición para empezar a pagar los débitos contraídos, es decir, para comenzar un proceso de desendeudamiento, un proceso de liberación de gravámenes.

Un proceso de reducción de gastos implica obligadamente identificar aquellas erogaciones que no son precisamente gastos y que pueden ser catalogados como fugas, como pérdidas inexplicables. En este rubro se encuentran los hurtos, los desvíos, los robos, las comisiones ilegítimas, la falsa facturación, las aviadurías, las sinecuras y la mala administración dolosa o por ignorancia o ineptitud.

Todo esto es precisamente lo que desde hace nueve meses está haciendo el gobierno de López Obrador. Y la empresa Petróleos Mexicanos (Pemex) es un muy buen ejemplo. Como también buen ejemplo es el sector salud. Austeridad y combate a la corrupción es la fórmula obradorista. Fórmula dual, porque sin lo uno no puede darse lo otro.

Lo que está haciendo López Obrador es lo mismo que haría cualquier jefe de familia responsable. Y lo que harían el dueño o los dueños de una empresa. Y si bien el presidente cuenta con la aprobación y el respaldo de 70 de cada 100 mexicanos, es innegable la existencia de una poderosa oposición a estas necesarias medidas de austeridad y de combate a la corrupción.

¿Cómo explicar esta beligerante oposición? Indudablemente en primer término está la afectación de intereses económicos. Cómo no se van a oponer a la austeridad y al combate a la corrupción personajes y grupos que han hecho del dispendio y del robo de los bienes públicos la base de su existencia.

Igualmente nutre a esa oposición la ideología reaccionaria y el conservadurismo político. Y también, desde luego, la añoranza de priistas y panistas por los buenos tiempos del apoderamiento ilegal de la riqueza de la riqueza de la nación, de la riqueza de todos.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

mentorferrer@gmail.com


El mejor freno -reza el aforismo clásico- es dejar de acelerar. La frase es clara y perfectamente aplicable al tema de las deudas. Si una persona, una empresa o un país tienen deudas y desean salir de ellas, el primer paso para lograrlo es no adquirir nuevos débitos. Frenar dejando de acelerar.

Pero si esa persona, empresa o país han contraído una deuda, la razón se encuentra en que sus propios recursos resultan insuficientes para cubrir la totalidad de sus gastos. Por ello, dejar de pedir prestado implica necesariamente una reducción en los gastos, un programa de austeridad.

Y una disminución en los gastos es también la condición para empezar a pagar los débitos contraídos, es decir, para comenzar un proceso de desendeudamiento, un proceso de liberación de gravámenes.

Un proceso de reducción de gastos implica obligadamente identificar aquellas erogaciones que no son precisamente gastos y que pueden ser catalogados como fugas, como pérdidas inexplicables. En este rubro se encuentran los hurtos, los desvíos, los robos, las comisiones ilegítimas, la falsa facturación, las aviadurías, las sinecuras y la mala administración dolosa o por ignorancia o ineptitud.

Todo esto es precisamente lo que desde hace nueve meses está haciendo el gobierno de López Obrador. Y la empresa Petróleos Mexicanos (Pemex) es un muy buen ejemplo. Como también buen ejemplo es el sector salud. Austeridad y combate a la corrupción es la fórmula obradorista. Fórmula dual, porque sin lo uno no puede darse lo otro.

Lo que está haciendo López Obrador es lo mismo que haría cualquier jefe de familia responsable. Y lo que harían el dueño o los dueños de una empresa. Y si bien el presidente cuenta con la aprobación y el respaldo de 70 de cada 100 mexicanos, es innegable la existencia de una poderosa oposición a estas necesarias medidas de austeridad y de combate a la corrupción.

¿Cómo explicar esta beligerante oposición? Indudablemente en primer término está la afectación de intereses económicos. Cómo no se van a oponer a la austeridad y al combate a la corrupción personajes y grupos que han hecho del dispendio y del robo de los bienes públicos la base de su existencia.

Igualmente nutre a esa oposición la ideología reaccionaria y el conservadurismo político. Y también, desde luego, la añoranza de priistas y panistas por los buenos tiempos del apoderamiento ilegal de la riqueza de la riqueza de la nación, de la riqueza de todos.

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